Dan Breitman, a solas con MDZ: “La mirada del otro me condiciona”
Cuando Dan Breitman estaba en la secundaria, en todos lados sonaba el álbum Mi reflejo de Christina Aguilera. Un día, en un recreo, transformó un aula vacía del colegio en un escenario y se puso a bailar y cantar las canciones de la artista estadounidense. Cuando terminó su show, se dio vuelta y se encontró con un numeroso grupo de adolescentes burlándose de él. “Siempre me aparté para hacer lo mío y no fui con la manada porque no me sentía cómodo”, reconoce en diálogo con MDZ.
Desde que era muy chico, el reconocido actor (en 2014 ganó un Premio Martín Fierro por su trabajo en la telenovela Guapas) se sintió sapo de otro pozo. “Mis compañeros querían jugar al fútbol y yo quería cantar y bailar -cuenta-. Sufrí mucha discriminación, mucho bullying”. Y si bien hoy trata de no darle lugar al qué dirán, reconoce que la mirada ajena, muchas veces, lo limita.
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Cuando sale a la calle, y para distraerse de la rutina, Breitman se pone los auriculares y sueña que está en un videoclip. “Voy bailando, cantando e imaginándome que me toma la cámara subiendo a los edificios como si fueran las escaleras de los escenarios. La gente pasa y me mira raro. Quizás pasa un chico fumando porro, medio callejero y me da vergüenza. La mirada del otro me condiciona. Si no estoy en un estudio o en un lugar con colegas… me cuesta más, me da pudor”, señala.
- ¿Por qué te da pudor ir así por la calle? ¿Es por ser alguien conocido o por la desaprobación ajena?
- Por la mirada, me van a gritar “puto”. Un chabón amanerado que baila, no sé… a mi me da miedo que me griten alguna cosa o que alguno se me acerque y quiera aprovechar la situación para pegarme o pedirme plata. Hay mucha gente en la calle indigente que, a veces, está drogada y si te ve medio loquito aprovecha la situación para poder acercarse. Me ha pasado que estoy bailando y se me acerca alguno a pedirme que le comparta internet… Es que en algún punto compartimos la locura. La gente que anda mucho en la calle suele estar, en muchos casos, medio pirada.
- Si bien la mentalidad de la sociedad cambió, y está cambiando, ¿crees que aún existe mucha homofobia en la Argentina?
- Me parece que yo tengo más el prejuicio de lo que sucede en realidad. La gente se me acerca con mucho cariño. No lo sé, es más como cuando te pasa que te quemaste con fuego y tenés miedo de volver a jugar. Ya me pasó y quedaron marcados esos momentos en los que me jodían, ya conozco el terreno. No creo que pase por la homofobia, creo que estamos en un proceso de transformación, estamos cambiando. Tengo 40 años y no es lo mismo alguien que tiene 20 o 14. He conocido pibes que tienen 15, son gays, bailan y cantan y les chupa un huevo. Vengo de otra generación y no es lo mismo alguien que nació en los ‘90 o el 2000. Ahora es más inclusivo, está lleno de fiestas con gente del colectivo. Hoy ya el gay no tiene que ir solamente al lugar de los gays. Quizás el más antiguo quiere ir al ghetto y encontrarse con otros semejantes. Me parece que ya no hay tanta discriminación como en mi época. A veces escucho gente que la pasa muy mal o, por ejemplo, un pibe que se mató en Estados Unidos porque le hacían bullying. Algo pasa, pero no es lo que yo vivía… eso de pegarme o abusarme, tocarme, joderme o dejarme muy de lado.
- De chico siempre quisiste estar en la tele. ¿Querías actuar o buscabas la fama?
- Es una combinación de cosas. Buscaba actuar, expresarme, que me vean y por consecuencia, ser un nene famoso. La fama para mí está bien vista. Quería que la gente me conozca. La palabra fama me remite a Gran Hermano. Quería fama bien, que me conozcan por mi laburo, no por el solo hecho de estar en pantalla. En algún momento audicioné para Operación Triunfo, pero no era mi camino, no era mi lugar. Me dí cuenta que tenía condiciones para actuar y no solamente para cantar o bailar. Tuve que hacer un camino más introspectivo para el conocimiento de mi propio actor, de darme cuenta que podía hacer reír, eso fue todo un encuentro para mi. En mis clases de clown encontré algunas cosas que yo ni sabía que tenía.
- Te rebotaron en muchos castings, pero eso no impidió que llegaras a donde querías estar. ¿Cómo hiciste?
- Soy una persona persistente. Siempre tuve claro que el camino era por el ámbito artístico. Eso generaba en mi casa algún tipo de duda como si iba a poder mantenerme. Me decían que me fijara algo más “serio”, como una carrera universitaria. Tuve que luchar contra eso durante un tiempo, pero la verdad que nunca pasé momentos donde no tuve trabajo. Siempre volví al centro donde me daba cuenta que mi camino tenía que ver con la expresión.
- ¿Cómo es hoy tu relación con tus padres?
- Tengo una buena relación, se dieron cuenta que la cosa iba por ahí, que podía hacer mi vida y mantenerme de una manera consecutiva, por decirlo de alguna manera. Tuve la suerte de tener siempre trabajo y eso estuvo bueno. Me llevo bien con ellos. Yo desde los 15 o los 16 salía, me montaba y me iba a bailar a América. Mis viejos nunca me dijeron que no, pero si les parecía algo raro. Me la pasaba en lo de mis amigas, donde había gente gay y en mi casa siempre fueron muy conservadores. Vengo de una familia judía conservadora en el sentido de que mis viejos son dos laburantes, ninguno hizo una vida alocada, nunca hubo droga en casa. Y si bien hubo cosas artísticas, siempre hubo mucho orden. A las diez de la noche se apagaba la luz y a las siete se arrancaba el día. Durante muchos años viví así. El orden era prioritario y era una rutina que yo detestaba. Con los años la fui rompiendo. Aunque después, cuando agarro un laburo y tengo que hacer todos los días lo mismo, lo hago. Hay algo de la rutina que no me gusta.
- ¿Cómo te llevás con la zona de confort?
- Me duermo. Cuando estoy muy activo, hago cosas, me equivoco y puedo resolver, eso me da mucha satisfacción. Cuando veo que estoy en casa y hago lo mismo, me aburro. Cuando tengo que resolver cosas, como de vestuario, una reunión con un músico, viajar, hacer un show, programar un evento, armar una coreografía, escribir algo nuevo… eso me da adrenalina, me da vértigo. Voy en búsqueda del vértigo, que me pique el c*lo. Ese nervio lindo, de que algo va a pasar, ese no saber.
- En tu show hablás de lugares en los que te sentiste incómodo. ¿En dónde aún hoy te pasa eso?
- No hay muchos lugares. Soy un poco fóbico, claustrofóbico. Si me haces entrar a un shopping me siento incómodo, pero ni siquiera por ser conocido sino porque en los lugares en los que hay mucha gente me siento incómodo. No porque me vayan a joder, pero me gusta más la cosa ermitaña, estar solo. Todo es relativo. Me gusta estar cerca del mar, voy mucho a Mar del Plata. Cuando hay lugares de mucha gente, me agota… no me gusta.
Para agendar
Yo quería un musical… y qué
Hoy, 20:15, última función en Paseo La Plaza (Av. Corrientes 1660, Buenos Aires). Entradas en Plateanet.
Desde el 3 de junio y todos los sábados, a las 22:30, en Timbre 4 (México 3554, Buenos Aires). Entradas en Alternativa teatral.