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Con qué regalo Mauricio D’Alessandro conquistó a su esposa, Mariana Gallego: “Un ejército de…”

El abogado recordó la ingeniosa idea que tuvo para tratar de ganarse el corazón de su mujer.
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Mauricio D’Alessandro se maneja con naturalidad pasmosa delante de las cámaras, un ámbito en el que se mueve como pez en el agua, al igual que en los tribunales. En ese contexto, el abogado se animó a narrar la anécdota de amor más tierna, sobre cómo conquistó a su esposa Mariana Gallego.

El famoso letrado se retrotajo en el tiempo para explicar en Es por ahí, el ciclo de América que conducen el Tucu López y Julieta Prandi, la idea creativa que se le ocurrió para llamar la atención de la que ahora es su mujer, en esos primeros tiempos de la relación.

Todo se configuró en torno al detalle del instante en que se conocieron, que se remite a un juicio que compartieron, aunque en banquillos enfrentados. Desde ese momento, Mauricio sintió una vibración especial, un poder intangible para procurar acercarse a Mariana.

Parece que un comportamiento habitual de Gallego se engloba en la hiperactividad, en esa tendencia a estar en constante movimiento, siempre con una tarea en la mano, una energía superadora para realizar diferentes actividades y sobre todo un deseo de estar activa.

Entonces, D’Alessandro le dijo en esa época: “Vos pareces el conejito de duracell, porque estás todo el día caminando. Y se rió”. Esa sonrisa le despertó el ingenio al letrado, que se le ocurrió que podría sumar puntos con la obtención de ese artículo de juguetería.

Por eso, Maurico se largó a contar: “Fui a la calle Libertad y conseguí un duracell, estaba medio viejito, empecé a buscar y el señor del local, tras explicarle mi necesidad, me trajo 12 conejitos duracell”. Un logro absoluto, al tratarse de un objeto muy específico.

En la continuidad de su relato, el abogado añadió: “Puse los 12 conejos en fila y los mandé hasta donde estaba sentada. Todos me respondieron, no hay nada más noble que un conejo”. Por su parte, Gallego abrió su corazón y reconoció: “Fue un ejército de conejos. Yo pensaba por dentro, me caso, me moría de amor”.