Mano a mano

Mauricio Dayub: "Hacía lo que otros actores rebotaban y me permitía ganar dinero para vivir"

El actor, director, escritor y empresario teatral Mauricio Dayub volvió a Mendoza con su exitosa obra El Equilibrista y en esta nota repasa cómo nació este éxito, además de contar sus comienzos, su vida personal y cómo logró vivir de la actuación.

Gabriel Sotelo
Gabriel Sotelo sábado, 19 de noviembre de 2022 · 07:00 hs
Mauricio Dayub: "Hacía lo que otros actores rebotaban y me permitía ganar dinero para vivir"
Mauricio Dayub Foto: Maximiliano Ríos/MDZ

Mauricio Dayub es uno de los artistas que puede contar historias desde distintos lugares. Desde haber vendido agendas en colectivos, hasta haber trabajado de pintor, como también hoy ser el protagonista de uno de los monólogos más premiados del país (El Equilibrista) o ser el director de una de las propuestas teatrales más exitosas del momento (Inmaduros). Mauricio Dayub, a sus 62 años, transitó casi todas las etapas laborales de un artista y hoy lo encuentra siendo actor, director, escritor y teniendo su propio teatro.

Mendoza volvió a recibirlo con su exitoso El Equilibrista, monólogo que agotó dos Teatro Mendoza en agosto y dos más en noviembre, de la mano de Grupo Tres Producciones. Mauricio Dayub recibió a MDZ en el Urbana Class Hotel y dialogó de todo repasando sus comienzos, sus otras profesiones, su familia y cómo llegó a crear esta obra de teatro.

- ¿Qué tiene El Equilibrista para que la gente quiera ir a verla más de una vez?

- Es misterioso, a veces pasa con los espectáculos y puntuamente este creo que divierte y a la vez emociona. Refleja la vida y la familia de cada uno de nosotros, muchos vuelven para volver a sentir lo que sintieron la primera que la vieron. Creo que puede tener que ver con la vida que estamos llevando que nos aleja un poco de cosas esenciales y El Equilibrista te las pone a flor de piel. A mí me pasa haciéndolo y creo que la gente también lo siente.

- ¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser actor?

- De muy chico tuve la vocación muy clara. A los 5 o 6 años, sin tener del todo claro qué era, sabía que quería dedicarme a esto. Vi una película que se llamaba Melody (1971) y me puse a transpirar en la platea porque me di cuenta que yo quería estar ahí y preguntaba por qué nadie me avisó que la iban a hacer. Después fui conociendo, profundizando y ampliando los rubros, pero siempre dentro de la actuación.

- Actor, productor, director, empresario teatral... ¿en cuál te sentís más cómodo?

- Todas esas las llevo adelante desde el actor. Cuando pienso qué escribir es mi ser actor, cuando pienso cómo voy a producir es por mi ser actor. Me gusta mucho escribir y producir, pero no con la cotidianidad con la que puedo actuar.

El Equilbrista, de Mauricio Dayub, ha recibido innumerable cantidad de premios.

- ¿Cómo fue la decisión de tener tu sala (Chacarerean Teatre)?

- Fue una apuesta que nunca pensé que iba a ser tan duradera. Es la sala que me permitió probar lo que luego iba a ir a parar al escenario. Se inaguró con el pretexto de distraer un poco a la crítica y al público de uno de mis éxitos que fue El Amateur. Era para estrenar una obra y luego pensé que lo iba a cerrar, pero quedó y fue creciendo el lugar, creció Palermo, creció todo.

- ¿Y cómo fue poner el lugar en Palermo, lejos de calle Corrientes?

- Fue extraño. Incluso el primer local que señé después no me lo quisieron alquilar porque "un teatro no va a funcionar en esta zona, no nos vas a pagar el alquiler". Entonces tuve que esperar y buscar hasta que aparezca otro galpón para montar el teatro.

"El primer local que señé después no me lo quisieron alquilar porque "un teatro no va a funcionar en esta zona, no nos vas a pagar el alquiler"

- ¿Te ves trabajando de otra cosa?

- He trabajado de muchas cosas para permitirme desarrollar este oficio. Laburé de vendedor en colectivos, pinté departamentos. Creo que podría hacer otra cosa, pero me tiraría mucho no dejar de hacer lo que me gusta, pero creo que sí podría dedicarme a otra cosa.

Mauricio Dayub, además de actor, es el director de la obra Inmaduros, protagonizada por Adrián Suar y Diego Peretti.

- Mientras pintabas departamentos o vendías agendas en los colectivos, ¿pensabas en vivir de lo que te gustaba?

- Yo soñaba poder vivir de lo que me gustaba, lo deseaba profundamente. Me conformaba con tener 30 o 40 espectadores en la platea. El boca en boca se fue armando por recomendación, esos pocos siempre a la salida, en el hall de los teatros, me deseaban éxitos y yo pensaba que ya lo tenía porque habían ido a pagar para verme a mí. Luego me di cuenta a qué se referían deseándome éxitos, porque no es lo mismo hacer una obra que hacer un éxito.

- ¿Cuándo te diste cuenta que estabas lográndolo?

- Me acuerdo un día caminando por la calle, me detuve, miré al cielo y dije "estamos a mano, no nos debemos nada, ya está". No recuerdo qué había pasado, pero fue un momento en que lo sentí. Debe haber sido poco tiempo después de El Amateur, que fue la obra con la que logré cambiar la mirada de los demás sobre mí. Yo en aquel momento hacía lo que otros actores rebotaban y me permitía ganar dinero para vivir.

Mauricio Dayub presentó cuatro veces El Equilibrista en Mendoza.

- ¿Qué queda del Mauricio niño que soñaba con ser lo que hoy es?

- Siempre hay como algo inalcanzable. Yo nací en Paraná y todo lo que me gustaba era en Buenos Aires, a 500km. Lo que tiene de hermoso este momento es descubrir que cuando te llega la oportunidad, los demás te eligen por virtudes que ya tenías cuando te rechazaban, pero que no podías poner en evidencia. A esas habilidades no hay que perderlas por el rechazo, yo me dediqué a eso, a disciplinar mi vocación para cuando me llegue la oportunidad.

- Sos el protagonista de un éxito, escribiste un éxito y dirigís un éxito. ¿Consideras que tu carrera es un éxito o qué te falta?

- Creo que siempre falta algo. Me falta que los que más me conocen encuentren en mí lo que encuentran los que menos me conocen. Es más fácil deslumbrar a los que menos te conocen que a aquellos que tenés cerca. Me gusta el desafío de deslumbrar a aquellos que me conocen mucho porque creo que ahí se cierra el verdadero bienestar.

 

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