Luis Machuca: el mendocino que Pepe Cibrián adoptó como hijo artístico

Luis Machuca: el mendocino que Pepe Cibrián adoptó como hijo artístico

Hace más de tres años que vive junto al reconocido director en su casa de Pilar. Por primera vez, y a horas del estreno de ‘Infierno blanco’, un nuevo musical, cuenta la historia que lo une al artista y sus sueños.

Pablo Gordon

Pablo Gordon

Era mayo de 2018 y Pepe Cibrián Campoy llegaba a Mendoza para dar un seminario de teatro musical, uno más entre los tantos que ha brindado en su larga carrera. Lo que nunca esperó, era encontrar en una de las clases a Luis Machuca, su “hijo del corazón”, como lo ha nombrado en reiteradas notas televisivas. Ninguno de los dos sabía el camino que les esperaba juntos.

Sobre Pepe, Luis describe: “Es un gran mentor y lo siento como un padre de corazón por el lugar que él ocupa. Es una persona que me brindó todo, me abrió las puertas de su casa y me da un espacio para que yo pueda crecer. Me aconseja, me dice cuando me equivoco y yo también le digo las cosas de frente”.

Quienes conocen a Machuca dicen que es un pibe sencillo, tranquilo, carismático, con mucho talento y ganas de aprender. Algo que, ante los ojos del reconocido director, no pasó desapercibido. En aquel entonces, Luis estudiaba en la universidad y tomaba clases de canto, danza y teatro. Estaba dando sus primeros pasos cuando recibió una inesperada propuesta: Cibrián lo invitó a vivir con él y auspiciarle su formación artística en Buenos Aires. Era ahora o nunca, era saltar en pos de un sueño y dejar el pasado atrás o quedarse en la zona de confort y preguntarse siempre qué hubiera sido.

Pepe Cibrián junto a Lautaro Israel Calzona y 
Luis Machuca, protagonistas de Infierno blanco / Foto: Nacho Lunadei

- ¿Qué fue lo primero que pasó por tu cabeza cuando te propone irte a Buenos Aires con él?

- Fue un momento muy difícil. Pepe me dio dos días para pensar este trato o pacto, como él lo llama. Era la “oportunidad”. Con el tiempo lo fui conociendo y entendí que es una persona para lo cual todo tiene que ser ya: hoy o mañana. A mi se me dio vuelta todo porque estaba cursando el profesorado de Historia, que era algo que tenía pendiente, y estaba con un montón de proyectos hermosos que me dolió muchísimo dejar. De hecho, le planteé si podía viajar luego de terminarlos y no hubo forma, me dijo que no. Era dejar mi vida entera e irme solo. Me iba a algo desconocido, no tenía a nadie en Buenos Aires. Tuve que dejar a mis amigos, mi gente, mi lugar, mi casa, mi vieja, mi novia. Hablé con personas que me podían decir la posta sin ánimos de hacerme equivocar, pero al fin y al cabo el que tenía que saltar era yo y hasta el último momento nunca supe si hice bien o mal. Incluso creo que hasta antes de subirme al avión, solo cerré los ojos y me fui.

- Y hoy, ¿crees que hiciste bien?

- Creo que sí, hice bien. Aunque hay cosas que por ahí no voy a poder saber nunca, como... ¿qué hubiese sido si no me iba? Obviamente me afecta, me duele el hecho de la lejanía, no tener cerca a la gente que amo y que quiero por seguir mi sueño. Eso cuesta, cuesta mucho. Es estar solo y no mirar atrás, siempre me planteo eso. Todos los días me digo ‘no voy a mirar atrás, tengo que seguir’. Trato de mantenerme centrado en el horizonte, en el sueño que quiero alcanzar, a lo que quiero llegar o quiero ser.

- ¿Cuál es ese sueño? 

- Ha cambiado mucho, pero he llegado a la conclusión que lo que yo quiero es poder vivir de esto (el arte). Amo lo que hago y no concibo la vida de otra manera. He tenido un montón de crisis en estos tres años y algo que llevo acá, pero siento que haciendo otra cosa no sería feliz, realmente sería un infeliz. Una vida sin esto no tiene sentido, lo necesito. De hecho así empezó: para mí fue una salvación. Me costó mucho decidir entrar al mundo artístico, empecé a los 14 años y me salvó de una gran crisis. Desde ese momento, no lo puedo ver de otra manera. Mi vida es esta y no tengo otra. Vaya como me vaya, esta es mi vida y por más que a veces me vuelva loco, esté en crisis y quiera dejarlo todo y piense ‘listo, dejo de sufrir’, ahí me doy cuenta que no puedo.

- ¿En qué hay sufrimiento?

- En la incertidumbre, en no saber en qué termina. Son fantasmas que uno tiene: ¿voy a gustar?, ¿voy a seguir?, ¿hasta cuándo? El arte es incierto siempre, no se sabe a dónde va, ese también es el condimento que nos gusta.

- Pepe habla de un pacto entre ustedes, ¿en qué consiste?

- Con él tengo una responsabilidad de hijo, lo cuido y se me devuelve con clases y formación. Hago mi vida y también dedico parte a cuidarlo a él. Me brinda todas las herramientas que me sirven para crecer, como los mejores profesores.

- ¿Qué has aprendido en Buenos Aires?

- Mucho y tiene que ver con un montón de cosas. Además de las clases, Pepe me dio un espacio en el que yo puedo tener tiempo para estudiar, leer mucho, investigar. Todo eso hizo un crecimiento que yo no sé si lo podría haber hecho en Mendoza. Tiene que ver con una cuestión de experiencia, de vivir, de tener ese tiempo de ocio para, de repente, leer libros de filosofía, teatro, para imaginar, crear, sacar conclusiones. Siento que la cabeza se me abrió mucho y que crecí mucho. Estoy totalmente agradecido de tener ese tiempo para cultivarme a mí mismo. Las cosas se entienden desde otro lugar y mirás distinto a las clases de actuación, acrobacia, canto… empezás a entender lo que es ser un actor o un artista y ves que es algo más completo. La técnica y todo lo demás, si no van de la mano de la sensibilidad, no sirven de nada.

- ¿Quién es Pepe Cibrián para vos?

- Es un luchador incansable de lo nacional. Él podría dirigir un montón de musicales de afuera y él siempre apostó a lo nacional, a lo hecho en casa. Es un artista de la p*** madre, tiene una cabeza para no perdérsela. He tenido tiempo de analizar las obras que él ha escrito y hay mucha filosofía. Hay cosas que te vuelan la cabeza. Quizás no todas son tan conocidas como lo es Drácula, pero todas sus obras están cargadas de un contenido que todo el mundo debería ver.

- Si bien no es tu debut en la cartelera porteña, ahora serás protagonista en Infierno blanco, ¿qué desafíos te presentó este rol?

- Esta vez tengo una mayor responsabilidad y es una linda oportunidad de poder demostrar lo que amo hacer. La obra me gusta mucho y el personaje también. Pepe nos dirige junto a otras personas y es un proyecto hermoso con gente hermosa. Somos todos jóvenes que tenemos muchas ganas. Hay mucha fuerza y esto es algo característico de los elencos de él. Todos empujamos para el mismo lado y defendemos la obra. Estamos agradecidos de estar pisando un escenario otra vez y eso se va a notar en escena.

Para agendar: Infierno blanco

Estreno: sábado 17, a las 20 horas, Teatro El Cubo (Zelaya 3053, Capital Federal). Entradas en Plateanet.

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