Didier Ary Turello Phillips: retrato de un groovero empedernido

Didier Ary Turello Phillips: retrato de un groovero empedernido

Uno de los bateristas más destacados de la escena local nos cuenta sobre sus tiempos en cuarentena, sus inicios detrás de los parches, los cambios que vendrán en la música y anécdotas imperdibles con grandes figuras del rock nacional.

Gonzalo Arroyo

Gonzalo Arroyo

"La verdad es que me sentí paralizado, de repente todo lo que uno construye o imagina cambia de un momento a otro. Tomé aire, pensé y decidí aprovechar este impasse de la mejor manera", dice Didier Ary Turello Phillips luego de varias llamadas telefónicas y las respectivas seguidillas de mails, ya que la actual situación de pandemia mundial nos impidió poder vernos cara a cara, como tantas otras veces, para desandar esta charla.

Este sentimiento de estar "paralizado" creo que nos sucede a todos. Los que harán la diferencia serán los que decidan seguir en "movimiento" dentro de las cuatro paredes donde les tocó la cuarentena. En este sentido, Didier está todo el día tocando, grabando, dando clases online o tirando alguna data como productor a los artistas que produce musicalmente. O también, leyendo o viendo una película que lo inspirará para volver a tocar o componer.

Para el baterista más colaborativo del rock mendocino, "aprovechar este impasse" se traduce en no quedarse quieto. "Mi trabajo se basa en tocar en vivo y de repente, de un día para el otro, eso ya no era posible. Me tomé un tiempo para pensar en cómo hacer con mi economía, cómo seguir asumiendo gastos y viviendo, sin perder el artista que elegí ser. Estoy aprovechando para estudiar y darme el tiempo para mí y para mi batería que siempre está lista. Volví a componer con la guitarra y a compartir estos momentos de ocio obligatorio y creativo con otros artistas. Así me conecté con otros músicos amigos de otras partes del mundo y comenzamos a producir videos a la distancia como con Julián Kanevsky desde Madrid (guitarrista de Andrés Calamaro y Ariel Rot), Felipe Navia desde Bogotá (bajista de Juanes), Guido Lujan (guitarrista rosarino), Nahuel Antuña y Willy Echarte (de Vudú), Eze Meyer (guitarrista cordobés), Palmito Addario (guitarrista de David Lebón), Gerardo Lucero y obviamente con mi banda Lupus", enumera el músico.

De tantas colaboraciones a distancia que vemos a diario subidas en Youtube, hubo una en particular que fue noticia en medios nacionales y que lo tuvo a Didier como partícipe detrás de los parches. Una versión rockera de "Resistiré" cantada por abuelos. "La idea fue de David Bolzoni. Se contactó conmigo para ver que me parecía regrabar la canción, pero en esta ocasión con la participación de nuestros abuelos, la población más vulnerable de esta pandemia. Claramente acepté y ahí nos pusimos a organizar todo. Grabé las líneas de batería en casa, las envíe y ahí se sumaron Juan Abalos y Broder Bastos (los músicos de Ciro, ósea Los Persas), Martín Lorenhel (tremendo tecladista y productor) y Javier Herrlein (ex batero de Catupecu Machu) que en esta ocasión toco teclas. David metió las voces y le pedimos a muchos abuelos y abuelas que se grabaran una parte de la canción y terminó viralizándose en un gesto de amor. Sólo nos llevó 5 días hacerlo, cuando en épocas normales quizás hubiéramos estado meses", reflexiona sobre esta experiencia áltamente gratificante, no solo por compartirla con grandes músicos y amigos, sino además por tener a toda esa gente maravillosa que con su voz dijo "Resistiré".

Didier Ary Turello Phillips nació Godoy Cruz en 1986. Con 33 años se considera un lujanino por adopción. La música en general llegó a su vida cuando era pequeño gracias a su entorno familiar. "En casa siempre se escuchó rock. Desde mis viejos hasta mis tíos, músicos también, como Gerardo "Cóndor" Lucero, contrabajista de Altertango y de los mejores bajistas de rock de esta provincia, y Marcelo Lucero, guitarra rítmica de Enanitos Verdes durante más de 15 años. Digamos que algo de música se escuchaba en alguna que otra fiesta familiar, con la compañía de amigos del ambiente", recuerda entre risas.

Pero también la batería, en particular como instrumento, tuvo su aparición a muy temprana edad . "La batería se hizo presente desde que tengo uso de razón. Según cuentan mis padres, desde muy chiquito ya rompía los muebles de toda la casa pegándoles con diferentes cosas que iba encontrando para generar sonidos. Hasta que a los 6 años tuve mi primer batería, claramente de juguete, la cual no aguantó mucho, por supuesto. Debo haber nacido con esto, ya que hasta el día de hoy no dejo de hacer exactamente lo mismo. Siento que el instrumento me eligió a mí".

Con el pasar de los años, esas influencias familiares en lo sonoro, traducidas en largas escuchas de discos de The Beatles, The Rolling Stones, Led Zeppelin, Pappo’s Blues, Almendra y Manal, siempre en el entorno hogareño, de a poco fueron pasando al terreno exterior: los conciertos en vivo. En este contexto la música adquiere claramente otra dimensión. "Aún recuerdo mi primer show en vivo. Fue Caín Caín, la banda sonora de la película Tango Feroz, en la plaza de Luján de Cuyo. Me llevó mi papá y me tuvo casi todo el show en sus hombros. Y ahí fue cuando supe que quería ser músico. Los veía a todos de pelo largo, el volumen al palo, el cigarrillo en la pala de la guitarra, los gorros. Ese fue el momento donde empecé a construir lo que soy".

En plena adolescencia comienza a tener sus propias influencias: Steve Jordan (baterista de Keith Richards y John Mayer), John Bonham (baterista de Led Zeppelin), al gran Bolsa González (de Pappo’s Blues) a quien tuvo el honor de reemplazar en varias ocasiones formando parte de la "Banda del Carpo" (agrupación integrada por los miembros originales de Pappo’s Blues). Ya con ese gran bagaje en lo musical y su experiencia como público en los recitales, era momento de protagonizar su propia historia sobre el escenario. Su primera banda fue a los 13 años, se llamaba Liu Paime y estaba formada junto a un grupo de amigos del barrio 21 de Julio de Carrodilla. Luego, llegaron momentos más de heavy metal con Furia y Logrippo.

Tras unos años en Buenos Aires volvió a la provincia y comenzó a tocar en X-Teléfono, una reconocida banda de rock-flamenco. Quizás este sea uno de los puntos donde comienza a darse una lógica en su carrera como músico basada en el eclecticismo. Aunque sus influencias siempre fueron las corrientes más clásicas del rock and blues, Didier siempre tuvo una concepción más abarcativa de la música, alejada de prejuicios y dogmas. "Aunque el el rock es mi fuerte, para mí la música es una sola. Me considero un fanático de la cosas bien hechas", aclara al respecto. Esta apertura lo llevó a poder desenvolverse sin ningún problema en el terreno de los sesionistas. "Durante esos años empecé a "sesionar". Trabajo muy diferente al de ser parte de una banda. La sesión sería más como "laburar" para diferentes proyectos que no son tuyos, llevándote a tocar distintos estilos de música y compartir escenarios con muchísimos artistas. Un aprendizaje gigante que todavía sigo haciendo al día de hoy".

El cambio de siglo lo encontró encarando un nuevo proyecto junto a sus "dos grandes amigos del alma". Junto a Germán "Paila" Peña en bajo y Seba Rivas en guitarra formaron una backing band para acompañar a distintos referentes de la música nacional que llegaban a la provincia de visita sin sus músicos estables. De esta manera fueron banda, al menos por algunas noches, de artistas de la talla de Diego Frenkel, Lucy Patané, Botafogo, Palo Pandolfo, Sarcófago, Alambre González, Pipo Cipolatti, Luis Robinson Ricardo Tapia, entre otros. Esa gran conexión entre ellos los llevó a concretar su proyecto personal bajo el nombre de Lupus, lanzando su primer disco en 2017. Hoy aparte de Lupus, Didier toca con Felipe Staiti Trio, David Bolzoni y algunas cosas con La Banda del Carpo.

Lupus en estado puro: Seba Rivas, Didier Turello y "Paila" Peña.

- Tantos años de carrera trabajando con grandes del rock nacional, me imagino la de anécdotas que tenés para contar.

Muchas son en mi casa, no sé por qué cada vez que vienen prefieren quedarse acá. Hay una con Sarcófago, el guitarrista de Ratones Paranoicos. Sarco siempre duerme con la guitarra eléctrica y una grabadora Zoom en su cama. Entonces a veces lo escuchás durmiendo o, de repente, tocando. Muchas veces me pasó de levantarme al baño o a la cocina, mientras creo que duerme, y saliendo por el pasillo hacia mi habitación escuchar un riff que hace que regrese sobre mis pasos bailando al ritmo ratones. Mortal! Recuerdo también imágenes de Luis Robinson barriendo la vereda de casa o Fer Pita de Heroicos Sobrevivientes fumando en la puerta y rolingas pidiéndole un autógrafos. Así también como las fotos de David Bolzoni y Nelson John con las chicas que atienden el minimarket de la esquina. Hay otras, en cambio, de las que debo ni puedo explayarme tanto, jajajajaja.

- Vos venís más del palo del rock and blues clásico, ¿cómo te relacionas con los sonidos de las nuevas generaciones, más ligado al indie?

En relación a lo que hoy denominan "Indie", siento que es algo parecido a lo que pasó en los noventas cuando se hablaba del "nuevo rock argentino". Creo que muchas veces se utiliza esa categoría para ubicar o tratar de explicar a aquellos artistas que hacen cosas diferentes.

La palabra indie viene del concepto "independiente". Apunta a la autogestión y hace referencia a todas aquellas producciones musicales que llegan al público a partir del propio trabajo de sus integrantes y equipos de trabajo. Es decir, a partir de sus propios medios sin un sello discográfico que los apoye. Mucho de esta movida autogestiva, tiene su origen acá en nuestra provincia con los Usted Señalemelo, Pasado Verde, Cien Peces Piensan, entre tantos otros que están haciendo las cosas muy bien.

- ¿Qué diferencias podés destacar a cómo se trabajaba en el under mendocino de los noventas en relación con la actualidad?

Hoy es tremenda la inmediatez de la difusión. Lo que generan las redes sociales, además que son gratis, sino que la llegada es masiva e instantánea. Todos estamos conectados y nuestras pantallas funcionan 24 horas al día. La diferencia con los noventas estaba marcada por el tiempo. Había una lentitud de juntarse primero, una adrenalina de cranear la idea, bajarla a una posibilidad, hacerte el diseñador, el publicista, el panfletero, el taquillero... soñando que una compañía te escuchara y confiara en tu producto musical para ofrecerte el viejo contrato. Eso es lo más importante que nos enseñaron a romper las nuevas tecnologías y las nuevas generaciones, hoy somos dueños de nuestros proyectos y los podemos concretar a nuestra manera. Hoy la tecnología nos permite poder tener nuestro estudio de grabación en casa, cosa que antes era imposible, ya que salía muy caro grabar con un alto nivel.

- Para finalizar, ¿cómo ves la industria de la música en la actualidad a partir del parate a causa de de esta pandemia? ¿Los músicos deberían reinventarse a partir de este nuevo escenario donde seguramente el 2020 está perdido para tocar en vivo?

Sí, totalmente. Esto de contactarnos y hacer música con artistas de otras partes del mundo es una manera de reinventarse, entre otras miles a pensar. No creo que nosotros como músicos, ni que la ejecución de la música, sea la misma después de esto. La realidad es que no vamos a poder volver a los shows a la brevedad, una gran pena. Pero hay que seguir adelante, reinventarse como artistas y re pensar el trabajo entre todos.

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