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Aretha Franklin: el día que se apagó la mejor voz de todos los tiempos

La reina del soul no solo transformó para siempre la historia de la música popular, además supo acompañar activamente los cambios de una sociedad en constante conflicto.

Aretha Louise Franklin fue sin lugar a dudas la cantante más importante que dio la historia de la música popular. La reina del soul fue mucho más que eso. Cantó góspel como nadie, interpretó blues de una forma elegante, coqueteó con el funk y le imprimió al soul un estilo inigualable. Pero además de su talento en lo musical, Aretha también supo acompañar activamente los cambios de una sociedad -como la norteamericana- en constante conflicto, reivindicando los derechos civiles de la comunidad negra y las luchas feministas de los sesenta.

Nacida en Memphis en 1942, ciudad donde fue asesinado Martin Luther King, y fallecida el jueves pasado a los 76 años en Detroit, otra mítica ciudades para la música negra, Lady soul fue mucho más que una voz poderosa e inolvidable: representó cabalmente la gloria de la música afroamericana.

A diferencia de otros artistas de blues y jazz, Aretha se crió en un hogar rodeada de comodidades. Su madre era pianista y su padre un reconocido reverendo baptista al que llamaban El predicador de la voz de oro. Desde muy pequeña tuvo acceso a un piano en su casa y, motivada por el rigor religioso de su padre, su voz comenzó a empaparse del ímpetu del góspel. Además, y gracias a los contactos e importancia de su padre en la comunidad, su casa era lugar de reunión para las grandes figuras del movimiento por los derechos civiles de los años cincuenta, entre ellos el gran Martin Luther King.

El otro refugio clave para la expresión y contención de la comunidad negra fue la iglesia. Allí, Franklin dio sus primeros pasos como cantante principal durante las misas de su padre. Tanto por el clima, estilo y temas, esa iniciación musical dejaría huellas fundamentales en ella. Incluso las raíces bíblicas de aquellos años continuarían siendo parte fundamental de su obra.

Tu me enviaste: del jazz vocal de Columbia Records al soul de Atlantic Records

Fue a finales de la década del cincuenta cuando Sam Cook logró trasladar su éxito góspel al mundo del pop con una composición llamada "You sen me". Fue tan solo con 18 años que firmó un contrato con el mítico sello discográfico de Nueva York Columbia Records, especializado en cantantes de jazz. Ellos vieron en Aretha una nueva interprete del estilo de Dinah Washington o Sarah Vaughan. Sus grabaciones de esta época tenían la impronta del jazz vocal típico de los cincuenta: texturas más oscuras y un registro academicista.

Pero fue en 1966 cuando todo cambió. Firma con el sello independiente más importante de Estados Unidos, Atlantic Records, y aparece en su vida John Hammond. Aunque era un gran descubridor de nuevos artistas- entre sus laureles se encuentran Billie Holiday y Count Basie- entendió que el registro y el futuro de Franklin no se encontraba solo en el jazz. Estaba convencido que ella era un propio género musical en sí misma.

 De esta forma la cantante comienza a explorar nuevos caminos hasta llegar al soul, un terreno que logró explotar todo su potencial a base de ritmo, energía y efusividad. Fue aquí donde grabó los discos más influyentes del soul y que quedarán por siempre en la historia de la música popular: Lady Soul y I Never Loved a Man the Way I Love You, por solo nombrar dos trabajos de estudio de esta prolifera etapa.

Su salto al popularidad, con canciones como "Respect" y "Think", no influyeron para nada en su activismo social. En 1968 interpretó "Precious Lord" en el funeral de Martin Luther King demostrando que su figura se perfilaba a ser una de las más importantes de la reciente historia de los Estados Unidos.

Una diva intentando reinventarse

El soul comenzó a ser eclipsado por un nuevo fenómeno como la música disco. El funk era el género del momento y Aretha no logró adaptarse a este cambio. Decidió volver a sus raíces góspel con algunos discos de poca trascendencia en los charts. Una década que quedará marcada más por sus problemas personales, excesos y denuncias de violencia por parte de su marido, que por sus logros en el ámbito musical.

El último cuarto de siglo no la encontró en su mejor momento. Sus obligaciones contractuales con distintos sellos discográficos la obligaron a editar discos en vivo y algún que otro recopilatorio. Nada importante si la comparamos con su trascendental obra. Igualmente, ya se había ganado su lugar como una de las mejores cantantes de la historia, definiendo el sonido de la música negra para siempre. Con su voz logró reflejar el contexto de un mundo que exigía un cambio, un mundo que aún hoy lo espera, pero ya sin esta formidable voz que lo exprese.