Todos los sociales de una fiesta en donde ABBA hizo delirar a los que dijeron presente
Con más de diez artistas en escena, el show de ABBA en Mendoza revivió clásicos inoxidables ante un público que cantó, bailó y recordó una época de oro.
Fanáticos, entusiastas y curiosos de todas las edades disfrutaron de un show cargado de hits.
Foto: Diego Quiroga - MDZLa nostalgia disco y pop se apoderó de la capital mendocina. El esperado show de ABBA en Mendoza revivió los himnos dorados de la agrupación sueca en una velada donde la música unió a distintas generaciones. Con una sala colmada, el público disfrutó de un recorrido sonoro inolvidable que hizo vibrar el microcentro.
El Teatro Mendoza lució prácticamente lleno la noche del pasado viernes. Los espectadores no vacilaron en ovacionar y entonar cada una de las melodías que marcaron la adolescencia de los más grandes y que hoy conquistan a las nuevas audiencias. La inmortal obra de la banda sueca de música pop, integrado por Agnetha Fältskog, Björn Ulvaeus, Benny Andersson y Anni-Frid (Frida) Lyngstad, demostró que mantiene intacta su capacidad de seguir moviendo a entusiastas, fans y curiosos.
Despliegue escénico y canciones eternas
La puesta se destacó por un ensamble musical de alta calidad, integrado por más de una decena de intérpretes. Las jóvenes voces principales de Victoria Zárraga y Lara Díaz lideraron el escenario con total frescura, respaldadas por los teclados de Adrián Muñoz y David Gologorsky, la guitarra de Edgardo Povez, la batería de Pablo Sánchez, la percusión de Ariel González y el bajo de Rubén Barolo. La instrumentación sumó el aporte de Juan Pablo Bruno en saxofón, Cristian Polito Antchagno en trompeta y Alejandro Weber en flauta, junto a los coros de Gema, Analía, Tomás y Alejo.
Las vocalistas lucieron una cuidada recreación de los icónicos trajes blancos con estampas de gatos en azul y amarillo y botas blancas que originalmente fue diseñado por Owe Sandström, el responsable de crear los looks más recordados y característicos de la banda sueca. Sobre el final ultra bailable desplegaron un inesperado cambio de look del mismo estilo, compuesto por dos vestidos en colores plenos, uno azul y otro rojo de mangas amplias. La banda también lució atuendos blancos, evocando el lineamiento estético que identificó siempre a ABBA y sus músicos en los shows en vivo.
El clímax de la noche transformó el espacio en una auténtica celebración bailable. Las chicas arengaron a la concurrencia a abandonar sus butacas para sumarse al ritmo de creaciones emblemáticas como “Gimme! Gimme! Gimme! (A man after midnight)” o el himno indiscutible “Dancing Queen”, entre otros inoxidables hitazos. La potencia acústica acompañó la energía de la sala, logrando que los presentes transformaran el teatro en una enorme pista de club nocturno retro.
Luces y sombras de la ambientación
A pesar del cuidado estético general, ciertos detalles técnicos generaron un sabor extraño en la última parte del espectáculo. Una intensa ráfaga de rayos láser dirigidos al público desde el escenario obstaculizó la vista de gran parte de los asistentes, provocando incomodidad visual en la platea superior. Este recurso tecnológico moderno rompió temporalmente la atmósfera setentera, obligando a varios espectadores a cubrirse el rostro con las manos para intentar apreciar el impecable desempeño de los músicos.
Asimismo, las esferas de espejos, elementos distintivos de la agitada era disco, permanecieron estáticas sobre el escenario como parte de la utilería de piso. Aunque recibieron iluminación dirigida, el mítico efecto reflectante de una icónica bola de espejos flotando y girando sobre el escenario habría coronado la ambientación con total éxito, evitando los destellos molestos de los atemporales y potentes láseres.
La calidad interpretativa de la banda en vivo cumplió con las expectativas del exigente tributo. Mientras que las jóvenes y enérgicas cantantes brillaron gracias a su impecable fonética anglosajona y ajustadas armonías vocales, la sección de vientos, percusión y cuerdas sostuvo el pulso del evento. Por su parte, la sonoridad de las teclas principales, algo que en los discos de ABBA como en sus conciertos tienen gran relevancia y destaque, inició la velada con cierta timidez, recuperando su protagonismo y vigor característicos hacia el tramo final del concierto.


























