"Si veo uno solo que me mira sin aplaudir, me destroza"
A días de la inauguración de su nueva muestra de arte 57', en la que expone 57 de las 320 pinturas que realizó en 57 segundos en el escenario de Red, el protagonista de Soy mi propia mujer cuenta que ya está entrenando para un nuevo unitario que le exige aprender una disciplina nueva para él: "Por algún motivo siempre estoy en la situación del aprendizaje" dice sonriendo mientras explica que disfruta esa experiencia.
Pese a los años de carrera asegura que la incertidumbre se mantiene: "La seguridad me parece que es una antesala del cementerio. Me gusta enormemente esa situación de incertidumbre, me entreno, llego dos horas y media antes, paso la obra en su totalidad, trabajo mi dicción. Cuando salgo a escena el último segundo me encomiendo a algo y digo: 'Dame valor, ayuda por favor', porque finalmente no sé qué va a pasar y esa incertidumbre es la que me parece que hace que el hecho se mantenga vivo, la incertidumbre de no saber".
— ¿Sigue importando el aplauso final u hoy el reconocimiento ya está?
— Puede saludarme toda una tribuna de pie, pero si yo veo uno solo que se sentó en la platea, no se paró y me mira sin aplaudir me destroza el alma.
— ¿En serio?
— Absolutamente. En ese sentido sigo teniendo una enorme vulnerabilidad, subjetividad, dependencia. Me pueden dar el Oscar, pero si salgo al día siguiente y el portero de este edificio al lado de mi casa me dice: "Flojito el trabajo de la película eh" me destroza. El Oscar se transforma en un pebete seco.
— ¿Qué preferís que digan de vos tus compañeros de trabajo, que sos talentoso o que sos un buen tipo? ¿Qué marca preferís dejar?
— Me importa mucho poder hacer mi oficio y poder desplegar mi punto de vista. Los puntos de vista en nuestro trabajo a diferencia de lo que es el trabajo de un autor o de un pintor tienen que ser compartidos, y es muy difícil compartir puntos de vista. Te voy a responder con esta anécdota: salía de terapia y había dos chiquitos, de 7 años, uno le dice al otro: "¿Sabes lo que me gusta de la bandera de San Lorenzo?" y el otro le dice: "No boludo, sabés lo que pasa con la bandera de San Lorenzo" y el que no empezó la charla, le terminó diciendo lo que a él le pasaba con la bandera de San Lorenzo. Yo me di vuelta para verle la cara a los chicos y el más chiquitito, que había iniciado y quería él hablar, lo miraba al más grande asintiéndole. Y yo decía: "Es el comienzo del fin", porque él renunció a decir lo que le pasaba a la bandera de San Lorenzo para ser invitado al próximo cumpleaños de su amigo, porque si se peleaban no lo iban a invitar. Entonces comprendí que a veces hay una especie de situación de pulseada entre me expreso o me invitan a los cumpleaños. A mí me encantaría que me inviten a los cumpleaños, pero si tuviese que elegir elijo la expresión.
— ¿El éxito de las ficciones de afuera qué te genera?
— Muchas veces lo he visto esto. No es nuevo para mí. Es como cíclico. He visto Sonia Braga en una telenovela que había hecho en los años 80 y he visto como nuestros mismos productos también tuvieron mucho éxito en el exterior. Sé que muchos de nuestros actores son figuras importantísimas en Rusia, en Italia, en Turquía. Entonces me parecería raro de golpe patalear contra eso. Entiendo que también es un mercado que se mueve así. También entiendo que yo debo estar muy atento a todo lo que contesto porque los contratos que uno firma dicen que uno cede el derecho de que eso sea vendido, entonces yo debería ocuparme de esa cláusula, levantarla o pelearla porque debería levantar una acción en contra de este intercambio.
Fuente: Tatiana Schapiro para Infobae