“No puedo imaginarme una vida sin arte”
“No me siento una persona especial, soy un pecador, como todos”. Con estas palabras, el bailarín, coreógrafo y actor nacido en Letonia en 1948, Mijaíl Baryshnikov, se definió ante cientos de bailarines, actores, estudiantes y profesionales mendocinos.
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El multifacético artista, reconocido como el mejor bailarín de ballet del mundo, arribó hoy al Teatro Independencia, en la Ciudad de Mendoza, con la misión de acercar su historia, experiencia y deseos a una importante cantidad de jóvenes mendocinos que palpitan y eligen el teatro y la danza como vocaciones profesionales.

Durante una exposición, que duró poco más de una hora, Baryshnikov, el mito vivo de la danza del sigo XX, pareció confesarse ante generaciones contemporáneas recurriendo a la humildad que sólo un gran virtuoso puede tener.
“No me siento una persona especial, soy un pecador como todos, y en la conexión con el arte puedo revisar cuáles son mis pecados y mejorar como persona”, sentenció el bailarín ante una multitud de niños, niñas, jóvenes y adultos que fueron a escucharlo.
“No me siento una persona especial, soy un pecador como todos y en la conexión con el arte puedo revisar cuáles son mis pecados y mejorar como persona”, dijo Baryshnikov.
Para romper el hielo, arrancó diciendo: “Bueno... podemos hablar de ballet, de la vida en Nueva York [donde actualmente preside su Centro de Artes] o de Sex and the City”, deslizó con una cuota de humor que mantuvo durante toda la conferencia.
Al preguntarle sobre sus inicios en el mundo de la danza, contó que cuando era muy pequeño le dijo a su mamá que quería ser bailarín; ella se lo permitió pero le dejó en claro que antes debía ir a la escuela, empezar y terminar todos sus estudios. “Mi respuesta fue 'voy a hacer lo que sea mamá', y ese fue el principio del fin”, relató sonriente.
Recordó que la primera vez que recibió el aplauso del público no tenía más de 6 años y fue en medio de un desfile militar del que participó bailando con otros niños. “Le debo al Ejército soviético mi pasión por la danza”, apuntó entre risas, y agradeció su paso por el Ballet de Riga, capital del país que lo vio nacer, Letonia.
“Le debo al Ejército soviético mi pasión por la danza”, apuntó entre risas.
Sobre su carrera e historia artística comentó que siempre hubo “puntos de ruptura” pero que, en ese proceso, “siempre traté de equilibrar entre lo racional y lo práctico con mi intuición”, detalló, al tiempo que resaltó su pasión por el teatro de vanguardia y experimental. “Me vi atraído por el teatro de vanguardia porque incorporaba el trabajo físico con el lenguaje”, subrayó.
Al ser ovacionado y reconocido por el público mendocino, el artista se mostró como uno más e intentó esquivar cierto fanatismo. “Estamos todos en el mismo plato, en el mismo nivel, el arte es infinito y, por eso, yo prefiero hablar de logros modestos”, recalcó Baryshnikov.
“Estamos todos en el mismo plato, en el mismo nivel, el arte es infinito y por eso yo prefiero hablar de logros modestos”, recalcó Baryshnicov.
En un momento, uno de los profesores presentes en la conferencia le pidió alguna recomendación para las niñas que pretenden, según sus palabras, “tocar el cielo con la danza”, y el bailarín le respondió: “Que cada persona sepa cuán fuerte es su deseo de hacer algo, y si realmente uno piensa que no puede hacer otra cosa más que eso que desea, tiene que dar el mil por ciento", señaló.
"Y si en algún punto fracasa, no debe importarle, porque sabe que ha dado todo de sí y que fue un proceso muy duro, arduo pero también espiritual, y no importa lo que pase, porque van a ser mejores personas y todo ese proceso no quedará en la nada, sino que será una forma de crecer espiritualmente”, opinó Baryshnicov con la intención de no caer en trillados consejos.
En efecto, consideró: “No sé si tiene sentido darle un consejo a alguien que quiere dedicarse al arte, porque esto no es un estudio formal como cualquier otro; el artista tiene un diálogo permanente consigo mismo, el artista es su propia audiencia, y serán los únicos que podrán decir si han fracasado o no. Además, pueden hacer lo que sea... como, por ejemplo, ser Ministro de Cultura”, dijo, a modo de chiste, aludiendo a Marizul Ibáñez, ministra de Cultura, que ofició de anfitriona del evento.
Casi al promediar la conferencia, un joven bailarín, emocionado, pidió tocarle la mano para poder notar que no se trataba de un sueño el hecho de estar frente a Baryshnicov, y este, con el humor que lo caracterizó, le contestó: "No podría darte la mano ahora porque tendría que dársela a todos y hay un programa que respetar... un día, seguramente, nos encontraremos en New York y nos tomaremos un café", le respondió, y la sala se colmó de carcajadas.
Vilma Rúpolo: "Vino a unir a los bailarines"
Vilma Rúpolo, directora general del Ballet de la Universidad Nacional de Cuyo, estuvo presente en el encuentro con Bariyshnikov y resaltó que su visita trajo unidad entre los bailarines de Mendoza.
Consideró, en ese orden de cosas, que el artista "ha dejado huellas en la historia de la danza y me parece que hay que aprovechar su estadía en nuestra querida tierra de Mendoza".
Evaluó como "re buena [su presencia], porque se mantiene esa especie de historia viva para los jóvenes, sobre todo, y renueva este momento de auge que tiene la danza en Mendoza y no sólo por la Ley Federal de Danza y por la Carrera Universitaria del Profesorado de Danza que estamos necesitando", apuntó y recordó que este proyecto está analizándose desde hace 30 años y es una deuda pendiente para el mundo de la danza local.
La visita de Baryshnikov "renueva la vitalidad de la danza, y creo que estamos pasando un hermoso momento, porque se ha hecho un foro de la danza con todos los bailarines unidos. Para mí esto es una cosa promisoria para el futuro de la danza", y, respecto del bailarín, apuntó: "Sintetiza, de los bailarines vivos, aquellos grandes mitos que hay en la danza".
La voz de los estudiantes: "Fue muy motivador"
Guliana, una joven bailarina de 21 años, conversó con MDZ tras el encuentro y comentó que "su visita me deja una felicidad plena; no puedo describir lo que siento y sentí cuando lo vi en el escenario y he llorado muchísimo".
Resaltó que "lo que más me dejó fue su consejo, bah... aunque dijo que no tiene un consejo específico, su experiencia de decir que hay que trabajar constantemente, las 24 horas del día, que es una pasión que nadie puede parar... Fue muy motivador lo que dijo".
Asimismo, opinó que la carrera de un bailarín "es muy difícil, y que venga alguien de su trayectoria a decirte que sí, que es frustrante por momentos pero que hay que seguir...".
"A mí me motiva mucho y creo que todos los que estábamos acá nos vamos más grande", finalizó la joven.
Marizul Ibáñez: "Todo lo hace muy bien, en realidad"
La anfitriona del encuentro, la ministra de Cultura, Marizul Ibáñez, comentó que la llegada de Baryshnikov fue gracias a la gestión del Ministerio de Cultura de la Nación.
Al presentar a Baryshnikov expresó: "Estamos con mariposas en la panza", y al puntualizar que el artista incursiona no sólo en el mundo del ballet sino también como productor, coreógrafo y escritor, postuló: "Todo lo que hace, lo hace muy bien en realidad".
"Estamos con mariposas en la panza", expresó Marizul Ibáñez.
La funcionaria cerró el encuentro agradeciéndole al artista y asegurando que "ahora las mariposas ya se aplacaron y nos vamos más crecidos respecto del arte que hace un rato".
Baryshnikov en Sol de Medianoche
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