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Diez películas imperdibles que se estrenaron en 2014 en nuestros cines

Producidos o no durante esta temporada, diez films fundamentales se estrenaron en salas mendocinas en el 2014. Un repaso con análisis.

Este año nos ha dejado un puñado de interesantes títulos, de diferentes latitudes y con abordajes muy diversos. Aquí un recorrido por las diez películas imperdibles que vimos durante el 2014. La lista tiene en cuenta el aterrizaje de los films en salas mendocinas este año, por más de que algunos de ellos hayan sido producidos y estrenados fuera del país en temporadas anteriores.


Relatos salvajes

Este enorme éxito del cine nacional se definió por el debate público alrededor de la película como reflejo de los vicios de la "argentinidad". Ese afán sociológico de buena parte de la crítica y de la enorme masa de público que se volcó a las salas, eclipsó una mirada centrada en sus virtudes cinematográficas, que las tiene, y muchas.

A esta altura consagrado como el film más taquillero de la historia del cine argentino, Relatos salvajes inició su carrera triunfal en un festival tan exigente y competitivo como el de Cannes. En ese prestigioso certamen que tiende a desestimar películas con estructura episódica y que destilen humor, la propuesta de Damián Szifrón se presentó como una rareza en el panorama de las sesudas competidoras a la Palma de Oro.

Esta colección de seis historias breves - una a modo de introducción y otras cinco planteadas con mayor desarrollo - bucea en situaciones cotidianas en las que estalla la violencia y el descontrol de los personajes.


Szifrón alcanzó el inmenso logro de generar una película compacta a partir de segmentos. Lo más común en este tipo de propuestas, es que algunas historias brillen por encima de otras. En cambio aquí, más allá de la empatía personal que el espectador pueda establecer con cada episodio; hay un engranaje narrativo y formal que funciona a la perfección, manteniendo en alto la expectativa de la platea desde el comienzo hasta el final.

Otro enorme acierto de estos relatos tuvo que ver sin dudas con sus protagonistas. Un elenco de profesionales que incluye a estrellas como Ricardo Darín, Oscar Martínez, Leonardo Sbaraglia, Darío Grandinetti, Érica Rivas, Julieta Zylberberg y Rita Cortese. Más allá del atractivo comercial de estos nombres, resultaría impensable encarar una película de estas características sin el apoyo de un equipo de actores capaces de aportar una gama de matices a sus criaturas. Lejos de cualquier pose de ego, o de resolver su interpretación de taquito, cada uno de los integrantes del elenco aportó una performance tan precisa como impecable.

Cuando MDZ tuvo la chance de dialogar a solas con Damián Szifrón, el realizador definía a su creación como "una película desfachatada". Precisamente, lo más atractivo de su arrolladora propuesta es que por fuera logra verse como una señora producción, formalmente perfecta; pero por dentro es como un chico libre y furioso. Relatos salvajes desafía a ese cine argentino que cada vez que habla sobre situaciones de violencia no puede evitar ponerse solemne y discursivo. Szifrón en cambio, no le temió a la desmesura y se lanzó a una desbordante mezcla de tensión dramática y humor descarnado, descartando la idea de inundar al espectador con mensajes aleccionadores.


Boyhood

Desde el punto de vista de su concepción, es sin dudas la película más atípica de esta temporada. Richard Linklater, director de la saga Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes de la medianoche; filmó esta historia familiar durante 12 años consecutivos. Afortunadamente, nadie se bajó del proyecto durante el extenso recorrido, y así Boyhood logró describir la transición de la niñez a la adultez de Mason, el joven protagonista que oficia de centro de esta hipnótica propuesta.

El paso del tiempo y sus consecuencias son temas recurrentes en la filmografía de Linklater, y aquí logró cristalizarlos de la manera más natural y orgánica posibles. A medida que avanza el relato (se rodó una semana durante cada año), vemos cómo se modifican los personajes, tanto física como emocionalmente. Una pareja separada, maravillosamente interpretada por Ethan Hawke y Patricia Arquette, y su pequeño hijo, a quien vemos mutar de niño a adolescente, memorable trabajo de Ellar Coltrane.

Una delicada selección de canciones, como es habitual en toda banda de sonido de un film de Linklater, acompaña las diferentes situaciones cotidianas por las que atraviesa esta familia, desde las luminosas hasta las francamente dolorosas. Es cierto que una que otra escena se ve afectada por cierto subrayado en los diálogos, pero esto no termina de atentar contra el agridulce trance de casi tres horas de pureza y verdad cinematográfica.


Perdida

Todo aquel que haya visto el trailer promocional de Perdida podría pensar lo mismo: otra película más sobre un secuestro en el que uno de los protagonistas queda vinculado como posible victimario. El nuevo film de David Fincher nos zambulle de lleno en la crisis de de un matrimonio instalado en una casa de un abúlico pueblo de Missouri. La pareja se conoció antes en New York, y claro, tuvieron sus momentos de pasión y complemento. Nick Dounne (Ben Affleck) es un canchero periodista, no del todo brillante, que deviene en propietario de un bar financiado por su esposa. Amy (Rosamund Pike), es una mujer atractiva, desde todo punto de vista, cuya infancia sirvió de inspiración para que su padre creara un popular personaje de literatura infantil. El día del quinto aniversario de matrimonio, ella desaparece, aparentemente en medio de un hecho violento. Y a partir de aquí, el clásico juego del gato y el ratón se despliega en una versión ultra sofisticada.


No hace falta anticipar más de la cuenta porque la riqueza del film de Fincher va mucho más allá de la resolución del caso. Lo apasionante es la mirada que el realizador desarrolla sobre los oscuros, y a veces inexplicables, vericuetos de la vida en pareja. A la vez que despliega una incisiva mirada sobre todo lo periférico en este tipo de intrigas policiales: el circo mediático, los vecinos chusmones, las cadenas de oración y el operativo de investigación. A lo largo de dos horas y media, la película avanza con buen pulso rítmico, y jamás subestima al espectador. Tanto a través de los flashbacks, como de las situaciones que ocurren en el presente; tendremos la chance de conocer el punto de vista de los dos personajes centrales. La riqueza de Perdida radica en no entregar a los protagonistas en bandeja para que empaticemos con alguno de manera automática. 

Estéticamente, asistimos a un festín crudo y sangriento, que tiene algunos puntos de contacto con exponentes del cine ultraviolento de comienzos de los '70, aunque con un tratamiento de la imagen indudablemente actualizado. Las actuaciones son por supuesto el plato fuerte de este combo poderoso, en el que si bien la dupla central brilla; es sin dudas Rosamund Pike quien tiene mayores chances de ir directo a una nominación al Oscar.

Desde una premisa aparentemente básica, David Fincher logra hincar el diente en vapuleadas instituciones como el matrimonio y el "sueño americano". Y si bien en algunos momentos cae en uno que otro subrayado innecesario, su nueva película tiene unos niveles de ferocidad y cinismo poco habituales en el cine industrial de hoy.


7 cajas

Paradojas de la distribución de las producciones latinoamericanas, la película más taquillera de la historia del cine paraguayo llegó a la Argentina con dos años de retraso. Se estrenó sólo en circuitos de salas alternativas (en Mendoza aterrizó en Cine Universidad), y así y todo logró buena repercusión de público y críticas superlativas.

Con una impronta que encuentra puntos en común con el cine de Quentin Tarantino y Robert Rodríguez, esta ópera prima de Juan Carlos Maneglia y Tania Schembori nos sumerge en una crispada historia que se desarrolla en un mercado municipal de Asunción. El personaje central es un adolescente carretillero, al que un carnicero le encomienda sacar del recinto siete cajas cuyo contenido es un enigma.

Bajo el formato de un intenso thriller, este vertiginoso relato desnuda las profundas diferencias de clases y tensiones sociales que se despliegan hoy en Paraguay.


Refugiado

Refugiado es una película arriesgada. Por un lado, aborda un tema áspero y lamentablemente cotidiano en la Argentina como el de la violencia de género. Por otro, lo hace sin apelar al regodeo en golpes bajos y renunciando a la etiqueta de "film de denuncia".

El arranque de la película es por demás inquietante. Un cumpleaños infantil. Unos padres que no van a buscar a Matías (Sebastián Molinaro), uno de los compañeritos invitados. Y a partir de ahí, el infierno. Cuando los papás del cumpleañero van a llevar al pequeño que no ha sido retirado a su casa, Laura(Julieta Díaz), la mamá de Matías; yace tendida en el suelo, lastimada y con restos de un espejo roto a su alrededor. El director no ocupa tiempo en desarrollar el origen del accionar violento que la mujer ha recibido por parte de su marido, sino sus más tenebrosas consecuencias.

Diego Lerman definió a su creación como una "road movie urbana y doméstica", en el sentido de que Laura huye con su hijo de 7 años, a su vez embarazada de una criatura de la que su pareja afirma no ser el padre. Este escape adquiere ribetes de thriller hiper intenso a medida de que el golpeador reaparece en escena. Uno de los grandes logros del film es mantener a ese oscuro personaje fuera de campo, solo escuchamos su voz en el teléfono, y en una brillante escena de suspenso lo vemos caminar de espaldas por un pasillo.

Refugiado sostiene un perfecto equilibrio entre su postura pudorosa, con nula voluntad de explotar las miserias de sus personajes; y su mirada valiente sobre un tema extrañamente eclipsado en la cinematografía nacional. Más allá de ser un relato con agallas y por momentos incómodo, no se priva del imprescindible universo lúdico que rodea a todo niño, aún en el entorno más adverso. En medio del calvario, la película también emana un aura de necesaria calidez, a través de los destellos de solidaridad de quienes se van cruzando en el camino de Laura y Matías. Porque Refugiado es por sobre todas las cosas, un film de matices en el que sus personajes centrales mutan a la vez que su vínculo se fortalece. Sin dudas, no es una película complaciente, pero es de esas que perduran y revelan un infierno tan cercano como cíclico.


El gran hotel Budapest

Después de algunas películas con su habitual preciosismo visual pero algo desapasionadas, como Moonrise Kingdom y Viaje a Darjeeling, Wes Anderson logró recuperar la fibra emocional de la Los excéntricos Tenenbaums en la entrañable El gran hotel Budapest.

Gran parte del relato se desarrolla en un hotel ubicado en la cima de la montaña, en un ficticio país europeo. El espacio adquiere dimensiones protagónicas a medida que la historia se desplaza en diferentes tiempos cronológicos, que oscilan entre los años 30 y la década del 80. Una vez más, la dirección de arte brilla en cada rincón de ese maravilloso hotel, con atinadísimos destellos de estética retro y kitsch.

Con una apuesta de narrativa coral, en la que 16 personajes desfilan ante nosotros con sus particulares historias, Anderson vuelve a conmovernos con un cine absolutamente libre y personal.


El desconocido del lago

El francés Alain Guiraudie es el responsable de este film ganador de un par de premios en el festival de Cannes. Siguiendo las pautas genéricas del thriller, esta inquietante película cuenta una historia ambientada en un lago frecuentado por gays, y sus bosques adyacentes, que ofician de escenario para una serie de encuentros de sexo casual. En medio de esta rutina, un crimen sacude el hedonismo de los paseantes. 

Con un magistral manejo del tiempo y del espacio, Guiraudie desarrolla una perturbadora mirada a estas prácticas, sin caer jamás en la sentencia moral. La película contiene primeros planos de sexo explícito, que más allá de la incomodidad que puedan generar en algunos espectadores, transmiten esa sensación primaria de excitación en medio de un entorno natural.

El realizador da una lección de suspenso con un relato que se desarrolla completamente a cielo abierto, y logra que algunos personajes secundarios (como el torpe inspector encargado del caso), ofrezcan una atónita y desencajada mirada sobre la dinámica de sexo rápido y anónimo que se desarrolla en ese espacio aparentemente apacible.

Ella

Ambientada en Los Ángeles, en el futuro cercano, la película muestra a Theodore Twombly (Joaquin Phoenix), un hombre cuyo trabajo consiste en escribir conmovedoras cartas por encargo. Con el corazón roto después terminar una larga relación, se siente intrigado por un nuevo y avanzado sistema operativo, que promete ser una entidad intuitiva con cada usuario. Se trata de «Samantha» (Scarlett Johansson), una brillante voz femenina que es perspicaz, sensible y sorprendentemente divertida.

A pesar de que la película lleva por título Ella es él (Joaquin Phoenix), quien sostiene con absoluta nobleza este inquietante relato. Un personaje que interpretado por otro actor hubiera caído fácilmente en el ridículo, luce en su punto justo gracias al talento de Phoenix. Su relación con la voz femenina del mencionado sistema operativo traza un inspirado reflejo del presente solitario y alienado del hombre contemporáneo.

La película desarrolla una melancólica, y por momentos incómoda mirada al juego de relaciones que se establece entre el hombre y la tecnología. Con un resultado mucho más conciso que el de films anteriores del director como ¿Quieres ser John Malkovich? y El ladrón de orquídeas, cuyas premisas resultaban tan desmesuradamente creativas que terminaban por opacar la fluidez general del relato.

La decisión de elegir como escenario a una ciudad de Los Ángeles que luce impertérrita desde los ventanales del departamento en el que vive el protagonista, y el plus de la banda sonora a cargo de la banda canadiense Arcade Fire; son aportes fundamentales a la atmósfera desoladora que propone la historia.

Dallas Buyers Club

En la ciudad de Dallas en 1985, el homófobico y adicto vaquero Ron Woodroof (Matthew McConaughey) es diagnosticado con SIDA y le dan treinta días de vida. Aislado de sus amigos y de la comunidad, comienza a consumir AZT, una droga legalmente disponible en los Estados Unidos que lo lleva al borde de la muerte. Para sobrevivir, contrabandea medicinas antivirales aún no permitidas en los Estados Unidos. Otros pacientes que padecen el virus se unen a su lucha contra el sistema, y con ellos Ron crea el Dallas Buyers Club.

Con un fuerte planteo sobre los intereses de los laboratorios, la burocracia hospitalaria y la inercia de la justicia; el film del canadiense Jean-Marc Vallée sacude al espectador con una estética con reminiscencias del documental y del cine de los '80.

Las intensas interpretaciones de Matthew McConaughey y Jared Leto, ganadores del Oscar a Mejor Actor Protagónico y Mejor Actor de Reparto respectivamente; aportan un nivel de entrega absoluto a sus personajes. McConaughey se aparta del héroe sufriente y políticamente correcto, dando vida a un cowboy machista y adicto; rol para el que bajó casi 20 kilos. Leto también impacta con su travesti Rayon, histriónico personaje al que el actor logra dotar de intensidad y nobleza.

Si bien Dallas Buyers Club cuenta una historia que arranca en 1985, tiene en sus planteos alrededor de las corporaciones e intereses económicos que rodean al HIV una enorme vigencia. El hecho de que los personajes decidan pelear furiosamente contra un sistema, se puede homologar a la situación de miles de portadores y enfermos en el mundo que desde hace tiempo se resisten a ser "conejillos de prueba" de tratamientos terapéuticos de dudosos resultados.

La vida de Adèle

Esta película de tres horas del realizador tunecino Abdellatif Kechiche, se llevó el año pasado la Palma de Oro en el prestigioso festival de Cannes. Gran parte de la repercusión del film se generó por las deshinibidas secuencias explícitas de sus dos protagonistas.

Lo cierto es que a medida que avanza el relato, caemos en cuenta de que la polémica fue absolutamente innecesaria. La intensidad de las escenas de sexo no sólo es pertinente, sino que guarda una plena coherencia con la tumultuosa historia de amor y pasión entre Emma y Adèle, los personajes centrales de la historia.

La descomunal entrega de las dos actrices, Lea Seydoux (Emma) y Adèle Exarchopoulos(Adèle), le da al film una potencia y una credibilidad fuera de la común en tiempos de tanto pudor y pacatería en las pantallas.