“Conchudo, el paraguas y el bastón” y una puesta en escena en el límite
El fin de semana se estrenó Conchudo, el paraguas y el bastón, la obra que tanta polémica generó por su nombre (tomemos nota de que sólo por su nombre).
Escrita por Belén Cherubini, la obra fue ganadora del Certamen Vendimia de Dramaturgia del 2011, y su puesta en escena contó con la dirección de Daniel Posada y la actuación de Silvia del Castillo, Guillermo Troncoso y Cherubini en los papeles protagónicos.
Conchudo, el paraguas y el bastón muestra la relación de tres mujeres, hija, madre y abuela, que viven un encierro impuesto por la madre, debido a un secreto que quiere guardarse para sí, lo que la lleva a negar cualquier contacto con el exterior. Ese secreto tiene que ver con la presencia tácita de un hombre, una ausencia que las trauma y que determina todas sus relaciones.
Dos partes estructuran la obra. En la primera, la intención es ambientar y sacar a la luz los conflictos que tienen entre sí estas tres mujeres, mientras que en la segunda (coincidente con la Navidad) se emprende el camino hasta la revelación de ese secreto y el desenlace de esta historia de sometimientos.
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Daniel Posada asumió muchos riesgos a la hora de realizar la puesta en escena de esta obra, tantos que la dejan en el límite y la ponen en una delgada línea entre el éxito y el fracaso.
Las actuaciones de Silvia del Castillo y Guillermo Troncoso se llevan los aplausos, mientras que a Belén Cherubini le cuesta mantener la tensión en los extensos monólogos que le corresponden. En este sentido, Posada resuelve muy bien esos espacios del texto, aportándoles participación de personajes oníricos, luces y sonidos que suman y que sostienen las escenas.
Otro gran acierto del director es la incorporación de cuatro bailarinas que, como querubines a veces temerosos y a veces audaces, constituyen una compañía para la hija, apareciendo en momentos de violencia para funcionar como sostenes y multiplicadoras de los movimientos de esa joven que, mediante la fantasía, intenta muchas veces escapar de su realidad.
La escenografía, las luces y el vestuario (todos de muy buena factura) le dan a la obra una tonalidad que favorece la idea de que esas tres mujeres se hallan en un limbo en el que penan y expían sus culpas hasta que llegue el momento de la liberación, aunque esta llegue de la mano de la muerte.
A este ambiente claustrofóbico de locura y violencia se suma un elemento que funciona muy bien con su presencia permanente en escena: los alambres de los que penden las sillas y la mesa, que al comienzo de la obra descienden desde el cielo, les dan a todos los personajes un aire de marionetas, un gran aporte para ubicar ese sitio imaginario en el que se desarrolla la acción, esa sala que puede estar en cualquier lugar y a la vez en ninguno, como el juego de un demiurgo, que se puede confundir con esa presencia tácita del hombre.
Hay escenas de una factura superlativa, como una de las primeras, cuando los muebles bajan lentamente, o aquella en la que la madre quiere obligar a las otras dos mujeres a limpiar y las bailarinas multiplican la imagen de la hija, logrando un efecto visual de relevancia, pero, a la vez, hay momentos de confusión sobre el escenario, en el que se mezclan elementos de varias corrientes teatrales, desde el clásico a la experimentación, pasando por el absurdo, el teatro danza y hasta el grotesco.
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Así es como Conchudo, el paraguas y el bastón se mueve en una delgada línea en la que un elemento más o un elemento menos la puede convertir en una experiencia decepcionante.
En líneas generales, la puesta es más que adecuada, tanto para el texto como para el tema principal que subyace en ella, aunque no se pueda concluir que haya cubierto las expectativas que generó a partir del debate impulsado por su nombre.
Ficha técnica
Obra: Conchudo, el paraguas y el bastón
Función: sábado 30 de junio a las 21.30
Actores: Belén Cherubini, Silvia del Castillo, Guillermo Troncoso, Luisina González, Julieta Losada, Ana Macias, Francisco Molina y María Vílchez
Dirección: Daniel Posada
Escenografía: Rodolfo Carmona
Luces: Daniel Posada y Eduardo Grzona
Vestuario: Ivana Racca y Belén Cherubini
Asistencia coreográfica: Francisco Molina
Producción: Ministerio de Cultura y Teatro Independencia
Alejandro Frias