Cuyi Club: locación fashion para una peli re mendocina
Una esquina, un lugar, un momento. La comida oriental convoca a que nos sentemos para mirar y ser mirados. Rolls, wasabi, soya y otras tantas cosas por aprender.
Esquina soft donde nada, pero nada, iba a funcionar.
De lejos, cubierta de crucero top. De cerca, mar y salmón…
Totalmente fascinados. Esa es la expresión que nos describe cuando vamos a este restaurante en plena city. Nos sentamos ahí y ,en penumbras, se vislumbran nuestras sonrisas complacientes del “being inside” esperando, no importa cuanto, el platillo en boga (ojo, en boga …no de boga).
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Y si, es un programa novedoso. Le escapamos al pollo al disco del Gordo, al Bistró de los… ¿20 pasos ya?, a la pasta iluminada con luz dicroica o alguna de estas pizzas de autor que nadie quiere firmar.
El salón parece una locación repleta de extras a punto de filmar. Hay algo raro en la sonrisa de todos, en la mirada de reojo de los sushiman, en el diente que brilla del empresario top de la construcción, y hasta en la de los que llegaron más temprano y ya están sentados. ¿The Truman Show local? ¿Estarán todos con los dedos cruzados por debajo de la mesa? Algo pasa que no sabemos, algo por detrás no es tan "perfectamente" oriental.
Pero el film empieza a rodar y los aspirantes a actores ya dispuestos en las mesas ensayamos la primer escena con ansiedad al abrir con glamour esas magníficas cartas con backlight. Lo que sigue es la transformación inmediata de nuestros rostros, y los signos de pregunta que sobrevuelan las cabezas. Y ahora? - artillería pesada de preguntas de todo tipo a la pobre chica que nos atiende, - ¿Qué son las Nuevas Tentaciones? ¿El alga va por afuera o por adentro? ¿Con 15 piezas comemos los 4? ¿Se puede pagar en cuotas? ¿ Hay algo que no tenga pescado?
Luego, como siempre, la entradita para compartir entre todos. Y ahí aparece la camarera con cara de “Yo no tengo nada que ver…” trayendo a la mesa 3 langostinos que te miran irónicos sobre un puñado de fideos de arroz fritos. ¿Por qué la gente sigue insistiendo en compartir la entrada? ¡Odian!
Le sigue una escena que es para alquilar balcones, diría mi tía: clase fugaz de como enganchar con palitos un sushi hecho con ¿Doble Carolina? (¿ese no era para el arroz con pollo?...)
Y ahí empieza la pesca desesperada de granos de arroz que nadan en la salsa de soja. (Atención que es pesca con palitos.¡Si ni siquiera podés enganchar el roll! ) Pero la verdad, algunos se equivocan feo. Confunden el plato con un cenicero o piensan que la disposición tan cercana entre mesas los obliga a conversar con desconocidos tirando frases como “¿Todo bien?”- “Si todo bien y vos?” “Todo bien y vos, todo bien…?” y siguen así hasta que llegan las gyosas.
Al mediodía es un show y, admitámoslo, nos encanta ver a los guapos ejecutivetes, ahora todos de trajecito sin corbata como Macri en Capital, pidiendo wok y agua mineral que en realidad es un chop suey bien americano pero el nombre le da una onda oriental tremenda. Los tipos salen re copados con el kimono puesto, el rodete y los palitos. ¡Aman el Mc Sushi!
Hay otro tipo de hombre que también va pero a cumplir el capricho de su mujer y aburrido se zampa un roll seguido de dos bollos de pan y 1 copa de tinto. ¡Sí, se piden un tinto!, aunque la mina se quiera morir porque ha leído que no pega (si ya sé, se dice "no marida"). - “ ¡No rompas, con las ganas que tengo de clavarme un lomo en Arístides!”-
Igual ellas…ellas están encantadas desde que descubrieron ese ¡roll de panco! que en realidad es salmón cocido, apanado y frito con mozzarella derretida en microondas (es decir, sin algas, sin arroz y sin pescado crudo. Lo más alejado del sushi de toda la carta), pero dicen emocionadas y embriagadas de tanto Chill Out – Ay! ¡No puedo parar de comer sushi! (si usted, como tantos otros, se deslumbra con el lenguaje porteño por favor pronuncie suyi)
La propuesta de armar tu propio combo es divertidísima. Hay que sacar la calculadora científica para calcular las piezas p/persona y el anotador espiralado para acordarse de las variedades. No recomendable para inexpertos, ya que es probable que el pedido esté repleto de rolls de huevo sin salmón y todos terminen peleándose sutilmente por aquel que tiene un langostino adentro. Sin contar con el caldito que te van a traer de postre porque… ¡Vos mismo lo pediste así!
Los que entienden algo pueden cancherear pero, en fin… no vale la pena: la camarera no va a entender, a los demás de la mesa no les importa, y es probable que el señor que está sentado atrás salpique a todos porque se ahogó con wasabi (que se mandó de un saque pensando que era palta). Por lo tanto tu pedido se transformará en una verdadera tortura china (en este caso, japonesa).
¿Lo peor? El disimulo con falso refinamiento. No falta el que moja el pan en la salsa de soja pero ¡usando los palitos! El que le monta un roll a la galleta marinera y se arma un canapé. ¡¡¡No podésss!!! O aquellos que lo atraviesan como si fuera una brochette. ¡¡¡Genial!!!
Dato importante y no menor es que en Mendoza se vende 70% platos de cocina y 30% sushi mientras que en Buenos Aires, por ejemplo, 90% sushi y 10% platos de cocina. Esto es una primicia. ¡Somos más snobs que los porteños!
¡Qué bueno que lleguen las culturas de todo el Mundo a Mendoza! (Uy nooo, se vienen los Starbucks... ¡Mendo York a full!)
¡Qué bueno tener este show gratis de gente intentando por todos los medios que les guste el sushi!
¡Qué bueno escuchar la frase ,“che, mañana asado”… cuando traen la cuenta a la mesa de al lado!
¡Qué lindo ver a las chicas sintiéndose Demi Moore en la cubierta del yath en Propuesta Indecente!
¿ Pero no estaría mejor que pudiéramos alguna vez relajarnos, dejar el acting de lado?
Vamos Mendoza, llegan las tendencias mundiales. Todos a sus puestos… ¡Acción!


