Peter Gabriel en Chile: vigente, emotivo y demoledor
Confieso que tenía algunas dudas sobre su estado. Peter Gabriel ya no es aquel músico de impacto masivo que supo ser, publica poco material nuevo y casi no sale de gira.
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Pero el ex líder de Genesis se ocupó en la noche de este martes, en Santiago de Chile, de demoler ese tipo de prejuicios. Su show fue todo a la vez. Tuvo los hits que jamás pueden faltar y sumó las canciones que constituyen casi una ceremonia para sus fanáticos. Pero además añadió un paseo por capítulos poco conocidos de su carrera y puso en valor sus mejores últimas canciones, esas que demuestran que sigue vigente.
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Casi dos horas y media duró el concierto que Gabriel brindó anoche en el sorprendente estadio Movistar Arena, de Santiago de Chile, ante más de 10.000 espectadores. Para ello se apoyó en dos compañeros de ruta históricos (el bajista Tony Levin y el guitarrista David Rhodes), a quienes se han sumado las nuevas piezas de su potente banda: el impecable Ged Linch en la batería, Angela Pollack aportando toques sensibles e inspirados en los teclados, Richard Evans en arreglos de teclados y guitarras y su propia hija Melanie en coros.
El paseo musical arrancó un poco lejos en el tiempo. The Rythm of the heat, con su ruda percusión africana, abrió el fuego, que continuó con On the air y Intruder, de su primer y tercer discos respectivamente.
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Pero la idea de Gabriel no era dar un espectáculo vertiginoso. Entre tema y tema, el músico se detenía para leer guiones escritos en castellano con los cuales le contaba a la audiencia la historia de cada una de sus canciones. Gabriel sabe que pisa poco estas tierras, por eso no quiso este martes dejar afuera ningún detalle.
Por eso en la fiesta no podía faltar Juego sin fronteras, tema que sintetiza el pensamiento pacifista del artista. Tampoco se podían quedar afuera, en distintas etapas del show, temazos como Solsbury Hill, La masa (el mayor hit de todos los de su carrera) y Secret World.
Lo notable es que los hits de siempre no fueron la excusa para hilvanar y mantener arriba un show que Gabriel y su banda dieron sin apuro y en el que incluyeron varias sorpresas.
Ante un público también apacible y en un tono íntimo (algo que ayudó a crear el hermoso estadio cerrado Arenas), Gabriel se animó a dejar tempranamente el escenario para que su hija Melanie cantara sola Mother of violence, un bello tema casi olvidado de su primer disco.
Más tarde, el músico se encargaría de envolver a la audiencia en el hipnótico clima de San Jacinto, tema místico que cerró con un toque de estilo: hizo rebotar una luz que salía del piso en un espejo que portaba en su mano, y con los haces iluminó todos los sectores del estadio. Un efecto maravilloso de luces. Sólo uno de los muchos que hubo a lo largo del show.
Las estridentes Darkness y Signal to noise, dos composiciones casi nuevas y de gran potencia, surgieron para demostrar que el inglés sigue vivo. Y que todavía puede sorprender y cautivar, más allá de que sus canciones más nuevas casi no se escuchen.
La pegadiza Big Time, del disco So, que raramente es interpretada en vivo por Gabriel, y No self control, en una versión muy novedosa, se sumaron al repertorio de curiosidades. Que por supuesto también tuvo sus momentos previsibles, pero casi religiosos, con canciones del porte de In your Eyes, Red Rain y Biko, la cual –tras dos tandas de bises y con el público en estado de éxtasis- cerró el espectáculo.
Antes, Gabriel le dio un toque “político” al show (algo que no hizo en su paso por Argentina) al hacer subir al escenario al grupo folclórico chileno Inti Illimani. Con ellos interpretó una versión acústica e inspirada de Wallflower (de Security, el cuarto álbum solista de Gabriel), no sin antes ratificarse desde el micrófono como un defensor de los derechos humanos y homenajear al músico chileno Víctor Jara.
Mucho tenemos que agradecerle a esta inclinación del artista. Su movida por los derechos humanos consiguió en los 80, entre sus múltiples y nobles fines, que tocara en Mendoza, de la mano de la fundación Amnistía Internacional.
Pero lo cierto es que Gabriel viene poco por estas tierras y aquel concierto histórico ha quedado en el pasado. Como también quedará dentro de poco en el pasado el recital que dio anoche.
Incluso, en entrevistas recientes, el cantante ha deslizado que quizás esta sea su última gira.
Contra todo pronóstico, yo prefiero creer que emociones como la de este martes se pueden volver a repetir, de la mano de Gabriel, algún día no muy lejano.