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Ahora se cumplirá tu sueño, "Negra" querida

Jorge Sosa es un "mendocino" reconocido. Pero además, es autor de tres canciones que Mercedes Sosa las hizo gigantes: "Tonada de otoño", "Marrón" y "Hermano, dame tu mano". En la siguiente nota el escritor, poeta y humorista ofrece a MDZ su recuerdo de "La Negra".
La foto muestra un momento de charla entre amigos. Mercedes, Jorge y Pocho Sosa. Fue el viernes 12 de julio del 2002.
La foto muestra un momento de charla entre amigos. Mercedes, Jorge y Pocho Sosa. Fue el viernes 12 de julio del 2002.

La conocí arañando los setenta cuando una noche se presentó en el antiguo Hogar y Club Universitario de la calle Rivadavia para cantarle gratis a los estudiantes. Ya era Mercedes, tal vez todavía no “La Negra”. Nos deslumbró como siempre; su voz siempre deslumbraba y con sus palabras dichas a media voz pero con un contenido profundo que venía origen pueblo.

Después nos hicimos amigos, tal vez por empatía de apellidos, tal vez porque le gustaron las canciones que yo escribía con Damián, tal vez porque nos unía la misma pasión por esta tierra -ninguno de los dos habíamos nacido en Mendoza- pero aquí habíamos encontrado el lugar para nuestros sueños. Me contó, entre vinos amigos, de aquellos años de lucha con el Oscar, de aquel tiempo de pobreza, de su timidez para enfrentar los grandes escenarios, de su satisfacción cuando los públicos de distintos países cantaban multitudinariamente las canciones que ella había sembrado. Coincidimos con los ojos brillantes y los dientes apretados cuando el país nos dolía, y nos dolía en todos los reencuentros.

Me contó del inicio del Nuevo Cancionero, de las ilusiones que sumaban esos jóvenes que se llamaban Armando Tejada Gómez, El “Chalo” Sedero, “Mamadera” Aragón, el “Negro” Avalo, el Oscar Matus, y tantos otros. Me confiaba sorprendida que nunca pensaron que iban a tener una trascendencia tan grande con aquel manifiesto que presentaron en el Círculo de Periodistas de la calle Godoy Cruz.  Lloró al lado de mis caricias con la muerte del “Pocho” Mazzitelli, su amor más grande. Vino entonces a Mendoza a buscar consuelo y aquí lo encontró con generosidad. Cuando venía a cantar las trasnochadas eran de El Resuello, la finca que don Angel Bustelo, uno de sus amigos irreemplazables, tenía en Anchoris. Entonces cantaba para los amigos, y era algo muy emocionante escucharla cantar, sin equipos, sin micrófonos, a pulmones firmes y universo abierto.

Ahí conoció mis canciones, tal vez instigada por aquel mendocino que la acompañó durante tanto tiempo en guitarra y sentimientos: el Pepete Berti. Y se llevó “Otoño en Mendoza”, “Marrón”, “Hermano dame tu mano”, y yo comencé a entender que en una partecita yo era de ella, y me gustó mucho que así, de esa humilde manera, me fuera presentando el mundo.

Una tarde, después de haber ganado el Grammy con su álbum “Acústico”, la llamé y charlamos durante una hora. Me dijo entonces, con la voz conmovida: “Llévenme a Mendoza, Jorgito. Quiero volver a Mendoza. Tener una casa ahí en la calle Garibaldi, bien al centro, para que los amigos puedan pasar todos los días a saludarme, a tomar mate y a desgranar canciones”.

Ahora se cumplirá tu sueño, “Negra” querida.

Parte de vos se regará en cenizas en esta tierra que tanto querías. Estarás con nosotros en cada momento, cuando el aire se vista de tonadas, y la noche pida que el cancionero vuelva a hacerse sangre.

Hoy hay zonda en Mendoza…

No sé por qué se me ocurre, que el viento te está buscando, o ya te encontró, definitivamente.

Jorge Sosa.