M. Guerra: "Más argentino", menos sorpresas
La primera de las citas que el público mendocino tenía con Maximiliano Guerra y el Ballet del Mercosur se concretó anoche sin mayores lucimientos. Aunque el espectáculo culminó con aplausos y bravos, no sorprendió en términos coreográficos.
Apenas diez minutos después de las 22, el telón del Independencia se abrió para dar lugar al cuerpo de bailarines que irrumpió en el escenario para inaugurar un espectáculo que se prolongó hasta la medianoche sin mayores lucimientos.
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Carente de innovación en términos de composición coreográfica y de riesgo escénico, "Más argentino” abundó en imprecisiones técnicas –inadmisibles para un ballet de proyección internacional- y pese al aplauso, no logró conmover al público mendocino.
Diversidad, divino tesoro
Heterogéneo es el adjetivo que mejor le cabe a “Más argentino”, si tenemos en cuenta los variados estilos musicales a partir de los cuales fueron concebidos sus cuadros: folclore de proyección (“Ritual"), música popular contemporánea (“Suite by pass”), tangos de Astor Piazzolla (“Suite de tango”), música melódica (“La última luna”), pop con matices de los ´80 (“Cuando bailamos”) y rock nacional (“Argentino”).
Heterogéneo es el adjetivo que mejor le cabe a “Más argentino”, si tenemos en cuenta los variados estilos musicales a partir de los cuales fueron concebidos sus cuadros: folclore de proyección (“Ritual"), música popular contemporánea (“Suite by pass”), tangos de Astor Piazzolla (“Suite de tango”), música melódica (“La última luna”), pop con matices de los ´80 (“Cuando bailamos”) y rock nacional (“Argentino”).
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Sin embargo, es esa misma diversidad la que impide que exista un hilo conductor que atraviese cada una de las piezas y luego las fusione otorgándoles el preciado sentido que debe tener todo hecho artístico–que, en este caso, y de acuerdo a lo propuesto por el nombre, podría ser uno que estuviera arraigado al sentir nacional-. Por ello, tal y como está propuesto, el espectáculo no es más que una “melange escénica” que alberga coreografías dispares.
Dividido en dos partes el show presenta, en la primera de ellas, tres obras: “Ritual”, “La última luna” y “Cuando bailamos”.
Con coreografía de Guerra, “Ritual” es una pieza de folclore contemporáneo que discurre sobre signos asociados a los ritos y a la danza tradicional (danzas tribales, zapateos y zarandeos), y que demuestra que el bailarín no tiene nada que envidiarle a algunos puestistas de la Fiesta Nacional de la Vendimia.
En “La última luna” (un "pas de deux") Guerra hizo gala de sus dotes interpretativas en su rol de partenaire, resultando evidente la especial comunicación que lo une con Patricia Baca Urquiza, su esposa. Lo mismo sucedió en “Suite de tango”.
A continuación llegó “Cuando bailamos” que, pese a los toques de diversión y despliegue de energía corporal, recae, exclusivamente, en la forma (elección que no es suficiente para el deleite estético).
La segunda parte, que llegó luego de un extenso intermedio, integró “Suite by pass”, una interpretación con marcado estilo contemporáneo; “Suite de tango”, coreografía de Mora Godoy que recala en la pasión y la sensualidad que caracterizan al dos por cuatro a través de un trío; y “Argentino”.
Con música de la Bersuit Vergarabat ("El tiempo no para”, “Un pacto para vivir”, “La argentinidad al palo”), una bandera de fondo y otras desde bambalinas, el cuadro impregnó el final con el único momento “nacional” de la velada.
El saludo final, mientras sonaba de fondo "Costumbres argentinas" se completó con una reverencia que los protagonistas hicieron a la bandera ante el aplauso sostenido del teatro.
Distinciones
Convengamos algo: el aplauso, muchas veces, sólo sella el acuerdo tácito que el público tiene con el artista; así como otras, para el beneplácito de ambos, realmente “corona todos los esfuerzos”.
Aunque Maximiliano Guerra es un referente de la danza, podríamos decir que el aplauso que anoche recibió el reconocido bailarín se ciñe perfectamente a la primera de las opciones, y que representa, además, un merecido reconocimiento a su amplia y vasta trayectoria en el mundo de la danza.
Con coreografía de Guerra, “Ritual” es una pieza de folclore contemporáneo que discurre sobre signos asociados a los ritos y a la danza tradicional (danzas tribales, zapateos y zarandeos), y que demuestra que el bailarín no tiene nada que envidiarle a algunos puestistas de la Fiesta Nacional de la Vendimia.
En “La última luna” (un "pas de deux") Guerra hizo gala de sus dotes interpretativas en su rol de partenaire, resultando evidente la especial comunicación que lo une con Patricia Baca Urquiza, su esposa. Lo mismo sucedió en “Suite de tango”.
A continuación llegó “Cuando bailamos” que, pese a los toques de diversión y despliegue de energía corporal, recae, exclusivamente, en la forma (elección que no es suficiente para el deleite estético).
La segunda parte, que llegó luego de un extenso intermedio, integró “Suite by pass”, una interpretación con marcado estilo contemporáneo; “Suite de tango”, coreografía de Mora Godoy que recala en la pasión y la sensualidad que caracterizan al dos por cuatro a través de un trío; y “Argentino”.
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