Alfredo Arias: una voz argentina en París
El actor y Marilú Marini se radicaron hace más de tres décadas en la capital francesa, cosechando éxitos pocas veces logrados por intérpretes extranjeros. Presentarán en Buenos Aires la obra "Incrustaciones" .
Hace más de tres décadas el actor y director Alfredo Arias, junto a la multipremiada actriz Marilú Marini, se radicaron en París donde han cosechado éxitos pocas veces logrados por intérpretes extranjeros.
Como es habitual en ellos, en sus regresos periódicos al país renuevan su condición de argentinos en espectáculos en los que se conservan vestigios de su paso por el Instituto Di Tella en los ’60 y el rescate de géneros estéticos porteños como la revista o de figuras de la talla de Niní Marshall o Pepe Arias, entre otros.
Actualmente se presentan en el teatro Presidente Alvear con la obra de Chantal Thomas, "Incrustaciones", en la que interpretan un extraño matrimonio y las interferencias de una madre temible, con climas que oscilan entre el humor y el horror.
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Ya con la presentación del primer espectáculo dirigido por Arias en 1970, con la obra "Eva Perón" de Copi, se inició la respuesta favorable de público y crítica que luego se extendió a las puestas de "Historia del Teatro" o "Lux".
"Hubo mucha curiosidad por un trabajo que traía una alternativa diferente a todo lo que se veía en teatro en ese momento", comentó el director a Télam a manera de explicación.
Ese sello inconfundible de porteñidad que han mantenido a pesar del tiempo y la distancia, que en definitiva es el rasgo distintivo de su personalidad artística, es definido por el director como "el trabajo de la memoria".
"Yo creo que ha habido un trabajo de fundación del imaginario en Bs As -subrayó Arias-. Cuando se menciona al Di Tella estamos hablando de una libertad creativa que permitía mezclar lenguajes diferentes viniendo de las artes plásticas, del teatro, de la música, de las instalaciones, del arte minimalista o del arte pop".
"Por otra parte -agregó- está todo el respeto y el cariño que tenemos por la cultura popular porteña que nos ha fundado. El imaginario mío está en esta ciudad que es la que me estimula y la que me ha dado la fuerza de crear. Es decir: el ambiente, las calles, la gente, los pensamientos, el aire...".
No se sorprende por la situación de muchos jóvenes teatristas argentinos preocupados más por las corrientes germánicas que por los símbolos porteños.
"Lo que pasa es que ellos no han vivido la misma realidad que mi generación, más ligada a cosas afectivas. No saben hasta qué punto personajes como Nini Marshall, Pablo Palitos, Enrique Farías, Pepe Arias o Tita Merello nos acunaron y nos dieron un imaginario", se explayó.
"Yo creo que nosotros tuvimos la suerte de tener un imaginario muy fuerte y también una especie de estado de candidez, de inocencia muy intenso que nos ha dado ese clima afectuoso", reflexionó.
Tantos años viviendo y trabajando en el mundo parisino es innegable que elementos de la cultura europea terminaron por incorporarse a su lenguaje estético.
"Cuando a llegué traté de hacer un gran esfuerzo para tratar de entender y para eso uno de los vectores fundamentales es la parte afectiva, que en Francia es muy particular -señaló-, porque funciona con unos códigos a los cuales yo no tengo acceso".
"Pero, sin embargo -acotó- llegué a conectarme con la cultura francesa a través de los espectáculos con máscaras. Y después hice incursiones con textos de Harry James, Shakespeare, Maribeaux, Goldoni y Maeterlink".
"En cada momento depende de cómo estoy rodeado y cuál es la búsqueda en la que me embarco, pero en todo caso ha habido una necesidad de ir al encuentro de esa cultura y decir algo de ella", reconoció.
Pero rápidamente aseguró a manera de síntesis que "lo que me interesa es una voz que reconstituye mi pasado y mi imaginario más que el aprendizaje. He aprendido a comunicar a través de otros lenguaje, a tratar de entenderlos y hacerlos míos, y también tratar de transformarlos a través de mi porteñismo".
Cabe preguntarse qué aspectos del trabajo de Arias y Marini atrajeron tanto al punto de lograr tal repercusión, si el interés se centró en la temática, la manera de abordarla o el estilo de actuación.
"Nuestros espectáculos constituyeron la expresión de alguien que viene de afuera, que evoca otro lado, otro continente, otra realidad, otro imaginario", respondió.
“Creo que la cultura francesa, hasta ahora -advirtió-, ha tenido una gran curiosidad por el afuera y muchos creadores como Woody Allen han encontrado más eco en Francia que en EEUU, lo mismo con directores de teatro como Bob Wilson o Peter Seller, porque es una cultura inteligente que ha sabido, hasta ahora, poder complementar su propia cultura con la mirada del extranjero".
Claro que, en todo caso, la mirada que yo llevé vino a continuar una línea que estaba ya arraigada en París con Jorge Lavelli, Victor García y Copi", reconoció.
Un momento clave en el proceso de creación es la elección de la obra y responde siempre a impulsos tan variados como imprevistos.
"En principio, tiene que haber en mí una necesidad violenta de comunicar algo -subrayó-. De lo contrario, ¿por qué voy a convocar a la gente si el tema que estoy tratando no me conmueve?, ¿por qué la gente va a darme algunas horas de su vida para sentarse y mirar el espectáculo si para mí no es una necesidad fundamental que me conmueva?. Si no es así no vale la pena".
"Hacer un espectáculo es muy complicado porque las cosas artísticas no están previstas en la realidad, hay que crearles un espacio y si uno no está convencido de esa necesidad se vuelve muy pesado", reveló.
Finalmente, Arias confesó: "Yo digo, en broma, que si siento que Shakespeare escribió la obra para mí, como me ocurrió cuando hice ’La tempestad’ y si en algún punto de la obra encuentro algo que parece pertenecerme totalmente, que hay un sentimiento en la obra que es mío, a partir de ahí empiezo a crear".
Ese sello inconfundible de porteñidad que han mantenido a pesar del tiempo y la distancia, que en definitiva es el rasgo distintivo de su personalidad artística, es definido por el director como "el trabajo de la memoria".
"Yo creo que ha habido un trabajo de fundación del imaginario en Bs As -subrayó Arias-. Cuando se menciona al Di Tella estamos hablando de una libertad creativa que permitía mezclar lenguajes diferentes viniendo de las artes plásticas, del teatro, de la música, de las instalaciones, del arte minimalista o del arte pop".
"Por otra parte -agregó- está todo el respeto y el cariño que tenemos por la cultura popular porteña que nos ha fundado. El imaginario mío está en esta ciudad que es la que me estimula y la que me ha dado la fuerza de crear. Es decir: el ambiente, las calles, la gente, los pensamientos, el aire...".
No se sorprende por la situación de muchos jóvenes teatristas argentinos preocupados más por las corrientes germánicas que por los símbolos porteños.
"Lo que pasa es que ellos no han vivido la misma realidad que mi generación, más ligada a cosas afectivas. No saben hasta qué punto personajes como Nini Marshall, Pablo Palitos, Enrique Farías, Pepe Arias o Tita Merello nos acunaron y nos dieron un imaginario", se explayó.
"Yo creo que nosotros tuvimos la suerte de tener un imaginario muy fuerte y también una especie de estado de candidez, de inocencia muy intenso que nos ha dado ese clima afectuoso", reflexionó.
Tantos años viviendo y trabajando en el mundo parisino es innegable que elementos de la cultura europea terminaron por incorporarse a su lenguaje estético.
"Cuando a llegué traté de hacer un gran esfuerzo para tratar de entender y para eso uno de los vectores fundamentales es la parte afectiva, que en Francia es muy particular -señaló-, porque funciona con unos códigos a los cuales yo no tengo acceso".
"Pero, sin embargo -acotó- llegué a conectarme con la cultura francesa a través de los espectáculos con máscaras. Y después hice incursiones con textos de Harry James, Shakespeare, Maribeaux, Goldoni y Maeterlink".
"En cada momento depende de cómo estoy rodeado y cuál es la búsqueda en la que me embarco, pero en todo caso ha habido una necesidad de ir al encuentro de esa cultura y decir algo de ella", reconoció.
Pero rápidamente aseguró a manera de síntesis que "lo que me interesa es una voz que reconstituye mi pasado y mi imaginario más que el aprendizaje. He aprendido a comunicar a través de otros lenguaje, a tratar de entenderlos y hacerlos míos, y también tratar de transformarlos a través de mi porteñismo".
Cabe preguntarse qué aspectos del trabajo de Arias y Marini atrajeron tanto al punto de lograr tal repercusión, si el interés se centró en la temática, la manera de abordarla o el estilo de actuación.
"Nuestros espectáculos constituyeron la expresión de alguien que viene de afuera, que evoca otro lado, otro continente, otra realidad, otro imaginario", respondió.
“Creo que la cultura francesa, hasta ahora -advirtió-, ha tenido una gran curiosidad por el afuera y muchos creadores como Woody Allen han encontrado más eco en Francia que en EEUU, lo mismo con directores de teatro como Bob Wilson o Peter Seller, porque es una cultura inteligente que ha sabido, hasta ahora, poder complementar su propia cultura con la mirada del extranjero".
Claro que, en todo caso, la mirada que yo llevé vino a continuar una línea que estaba ya arraigada en París con Jorge Lavelli, Victor García y Copi", reconoció.
Un momento clave en el proceso de creación es la elección de la obra y responde siempre a impulsos tan variados como imprevistos.
"En principio, tiene que haber en mí una necesidad violenta de comunicar algo -subrayó-. De lo contrario, ¿por qué voy a convocar a la gente si el tema que estoy tratando no me conmueve?, ¿por qué la gente va a darme algunas horas de su vida para sentarse y mirar el espectáculo si para mí no es una necesidad fundamental que me conmueva?. Si no es así no vale la pena".
"Hacer un espectáculo es muy complicado porque las cosas artísticas no están previstas en la realidad, hay que crearles un espacio y si uno no está convencido de esa necesidad se vuelve muy pesado", reveló.
Finalmente, Arias confesó: "Yo digo, en broma, que si siento que Shakespeare escribió la obra para mí, como me ocurrió cuando hice ’La tempestad’ y si en algún punto de la obra encuentro algo que parece pertenecerme totalmente, que hay un sentimiento en la obra que es mío, a partir de ahí empiezo a crear".


