Superó un cáncer, a los seis meses un chequeo la puso en alerta y tomó una decisión clave
A los 43 años, Florencia González Treglia reconoce que ecografías y mamografías son realmente controles de rutina para ella. "Empecé a desarrollarme a los 15 y me crecieron un montón la gomas, así que a los 20 empecé con ecografías de control y ya a los 32 con las mamografías", relata y agrega: "Además soy diabética y tenemos unas mamas 'especiales' que a veces hacen que aparezcan 'cosas' en las imágenes. Entonces siempre hice bastante control".
Antes de que le detectaran el tumor, apareció "algo" -un Bi-Rad 3- en su mama izquierda por lo que durante un tiempo se realizó semestralmente una ecografía y una mamografía. "Venía pisteando como una campeona", dice Florencia y aclara que eso fue hasta diciembre de 2019. "Ese chequeo dio bien y debía volver en junio de 2020, pero cerraron todo por la pandemia y yo era grupo de riesgo por la diabetes", explica. Entonces su médica dijo que tras dos años sin modificaciones podían posponer los controles un tiempo para que no se expusiera en el peor momento de la pandemia por coronavirus, antes de que hubiera vacunas.
"Pero justo a mi tía le diagnosticaron cáncer de mama", dice y hace un alto porque ese es el "detalle" que cambió la historia. "Se lo comenté a mi ginecóloga y me sugirió hacerme un chequeo. Ahí salto mi Bi-Rad 5. Ella me derivó a su mastólogo y a una doctora con la que tenía mucha confianza que me hizo la punción a partir de la que supimos que lo que tenía era un carcinoma".
Florencia comenzó enseguida el tratamiento. Primero, 16 sesiones de quimioterapia. "Las primeras fueron muy fuertes, de esas que te dejan pelada", comenta y sigue: "Las otras, una vez por semana". Luego llegó el momento de la cirugía en la que sólo debieron sacarle el nódulo ya que los ganglios no estaban comprometidos y las microcalcificaciones se habían achicado. "La biopsia que hacen cuando sacan el ganglio centinela dio libre de cáncer: la quimio había dado resultado. Después de la cirugía hice 33 sesiones de rayos y, ahora, controles cada seis meses".
Hasta ahí, la historia contada como si fuera un parte médico, incluyendo la "fortuita" charla en la que su tía le contó que acababan de diagnosticarle un cáncer que derivo en un control que ella podría haberse salteado. Pero en el camino, hubo mucho más que eso.
"Cuando me hicieron la biopsia en la que saltó el diagnóstico, saltó que el tumor se alimentaba de mis hormonas por lo que durante las quimios lo primero que me hicieron fue volverme menopáusica", cuenta. Y reconoce que ese fue un tema importante. En marzo, cuando se decretó el primer aislamiento en Argentina, había comenzado a convivir con Ramiro, su pareja, a quien había conocido poco tiempo antes. "Decidí mudarme, di de baja mi contrato de alquiler, terminamos con la mudanza y a la semana me diagnosticaron cáncer de mama. Fue como: 'Bueno... Te vas a tener que fumar esto porque no nos queda otra", dice entre risas.
Más seria, recuerda que cuando le dijeron que no iba a poder gestar, "sembraron un montón de dudas e inseguridades. Sobre todo porque estoy con una persona más joven que podría querer proyectar una familia y eso conmigo no va a suceder". Compartió este miedo con Ramiro y su respuesta la sorprendió: "Me dijo: 'Escuchame, yo lo que me imaginé fue ser padre, el cómo es algo que imaginan las mujeres. De hecho siempre dije que no estaría en un parto porque me da impresión'". Fue un gran compañero en todo el proceso.
Florencia trabaja en una universidad privada y en producción de shows, algo que requiere organización extrema. "Es muy bueno para mis TOC de orden", se ríe y sigue: "Ramiro me cargaba porque cuando me diagnosticaron armé un calendario con todo lo que tenía que hacer: por ejemplo, tenía 10 días antes de empezar la quimio para congelar óvulos. Era mi única oportunidad y tenía que coordinar muy bien los turnos".
Una y otra vez insiste en que fue afortunada porque le tocó rodearse de muy buenos profesionales. "Los médicos me transmitían mucha seguridad. Yo sabía que mi tumor no tenía más de seis meses de antigüedad y desde el principio me avisaron que no iban a tener que sacarme toda la mama. Mi teta la tengo quemada, pero la tengo", bromea. Y acota en tono más serio: "Si me hubieran tenido que realizar una mastectomía probablemente mi actitud hubiera sido otra",
Acostumbrada a organizar producciones previó cada detalle, incluso consiguió "un taxista de confianza que me llevaba para todos lados". Antes de llegar a la primera consulta con la oncóloga escribió todas sus preguntas. "Lo primero que consulté es si iba a poder tomar sol y cerveza. Y la médica respondió que sí, que iba a poder hacer lo que quisiera", revela Florencia.
Se ríe de las ocurrencias y confiesa que su quimio estuvo muy lejos de ser como la que se ve a veces en las películas, con personas pasándola mal, "abrazadas al inodoro, vomitando y arrastrándose por el piso. A mí -aclara- con las drogas que me dieron, no me sucedió eso". También tenía una sensación a la que describe "como una resaca" que resolvía comiendo gelatina y sopa de verduras.
Sí perdió el pelo y antes de que eso pasara, se tiñó de violeta. E hizo un curso de automaquillaje: lo que más le importaba era saber maquillarse las cejas "para que no parecieran dibujadas con un Sharpie negro". Usó pelada, aunque le habían regalado unos gorros, porque sus hermanas -"que son muy de criticar"- le dijeron que le quedaba muy bien. Le cambió el cuerpo -a la quimio se suman muchos meses de aislamiento por pandemia- y todavía le cuesta que la ropa no le quede como antes cuando la balanza acusa que sólo tiene dos kilos más de lo que tenía.
"Soy una abanderada de los controles. Insto a mis amigas para que jamás se salteen un chequeo", cuenta y explica por qué tardó en compartir que le habían diagnosticado cáncer de mama. "Tenía miedo de que la gente empezara a llamarme tipo 'pobrecita, no puedo creer que te pase esto justo a vos' onda Drama Queen. O que empezarán con las recomendaciones: 'Tengo el mejor médico' o 'Tenés que hacer tal o cuál cosa'. Algunos me decían: 'Te pongo en cadena de Reiki'", dice.
Cuando terminó la quimio y sin saber aun cómo resultaría la cirugía ni la biopsia posterior, su familia le organizó un festejo memorable. "Mis hermanos me habían mandado un globo que decía: 'Sos la 1' y después de eso, vía Zoom, porque todavía regía el aislamiento, hicimos un festejo. No podía parar de llorar. Incluso mis suegros -a quienes ni siquiera había conocido personalmente- participaron del festejo", comenta Florencia y confiesa que hasta Darío Barassi fue parte del festejo. "En pandemia con mi novio mirábamos su programa y consiguió que él me mandara un saludo. Fue un gran festejo. "Cuando tuve el resultado de la biopsia, sólo mandé un mensajito al grupo de la familia", concluye.
Seis meses después volvió a hacerse controles. Se asustó porque nuevamente apareció "algo", pero fue una falsa alarma. "No había chance de que algo hubiera salido mal porque había pasado muy poco tiempo. SI no hubiera tenido antecedentes, hubiera vuelto a los seis meses, pero con mis antecedentes era necesario punzar", detalla Florencia. Confiesa que igualmente esto encendió una señal de alarma y cambió para siempre una conducta: "Ya no volví sola a hacerme los controles", dice. Sabe que está en buenas manos: tiene un equipo médico que se coordina para que todo sea más ágil y una red de contención poderosa que forman su familia, sus amigos y Ramiro.