¿Qué esconde tu celulitis?
Como ya te contamos en la primera parte de este informe, la celulitis tiene una connotación emocional. Cuando no podemos fluir nos estacamos y van apareciendo alteraciones a nivel orgánico, tal vez una de las mas incómoda y que nos preocupa hoy en día, por que se presenta muy habitualmente en las mujeres desde muy corta edad, es la celulitis.
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¿Pero cuál es el mecanismo fisiológico por el cual los fluidos del cuerpo se estancan y generan a nivel físico lo que conocemos como celulitis?
Como ya dijimos las “stem cell” o células madre que originan la piel, derivan del mismo grupo de células que en un principio se dividieron para dar origen a las células del sistema nervioso, del sistema endócrino y del inmunológico. Entonces una alteración en cualquiera de estos sistemas se ver reflejado por correlación en los otros tres. Es decir, aquello que puede estar fallando a nivel hormonal se ve reflejado en mi piel, si tuve una reacción a nivel de defensas por mi sistema inmune lo veo con alguna expresión en mi piel y si estoy frente a situaciones muy estresantes que afectan mi sistema nervioso, también voy a tener repercusiones en mi piel.
El tejido adiposo, funciona como un órgano endócrino, por que sus células o adipocitos encargados de reservar la grasa en nuestro organismo, liberan hormonas al torrente sanguíneo, que actúan como señaladores neuronales y tienen la función de controlar el apetito, aumentar la temperatura corporal (termogénesis), regular la cantidad de tejido adiposo adecuado, y pueden inhibir la propagación de inflamaciones, con el edema y la degradación del tejido conjuntivo.
La proteína Leptina, por ejemplo, puede modular la actividad del adipocito, disminuyendo el apetito, y estimulando la oxidación de ácidos grasos para producir un aumento de la temperatura corporal. Pero cuando nos encontramos frente a situaciones de estrés prolongado o dietas híper-calóricas aumenta la cantidad de cortisol y la actividad de la enzima LPL (Lipo protein lipasa) y entonces decae la actividad de la leptina sobre la neurona anorexigenica (que reduce el apetito) y provocando un aumento en los depósitos de grasa.
Otra de las proteínas encargadas de regular el tejido adiposo es la hormona Adiponectina, ella es producida también por el adipocito y transportada por el torrente sanguíneo; ella tiene la función de controlar la inflamación y la acumulación de lípidos. Está directamente implicada en la lipólisis o degradación del tejido graso y la regulación inflamatoria del tejido conectivo.
Es decir, frente a situaciones en las que emocionalmente no podemos controlarnos como enojos, frustración, intolerancia, tristeza, angustias etc., nuestro cuerpo se estresa y comienza a producir la secreción de corticoides asociados con un bloqueo del “dolor” o sensación de angustia, hay menor sensibilidad o resistencia a la insulina, y liberación de sustancias precursoras de la inflamación.
Entonces la zona en conflicto (en celulitis se presenta en piernas, caderas, cara interna de brazos, abdomen) que dependerá tanto de nuestros hábitos, posturas y herencia; comienza a aumentar la vascularización, el tejido se degrada y retiene líquido se infiltra dando lugar a un edema que impide al agua y demás fluidos corporales, continuar sus recorridos normales, la presión comprime los vasos sanguíneos y linfáticos bloqueando la circulación, cerrando un circuito donde las células adiposas cada vez acumulan mas lípidos, el oxigeno no llega adecuadamente al músculo, y las fibras del sistema de sostén son presionadas, se endurecen, pierden la capacidad mecánica de elasticidad y fuerza tensora. Al perder flexibilidad el tejido conectivo y por la presión de los adipocitos hipertróficos contra las paredes del tejido epidérmico dan el aspecto “capitoné” de la celulitis o piel de naranja.
Entonces, revertir todo este proceso es posible si lo comprendemos, tomamos conciencia de que lo originó, y nos dedicarnos a escucharnos, buscar el consejo de un profesional de confianza si ya tenemos una patología a solucionar, complementarlo con cambios de hábitos saludables, y atender los aspectos corporales en un tratamiento estético adecuado a la persona y sus necesidades.
Siempre el objetivo será mejorar la circulación, desbloquear aquello que nos estanca, y darle la posibilidad a nuestro cuerpo que se re-estructure.
Si bien parece imposible, por lo general podemos decir que hemos visto mejoras muy muy notorias, en quienes se comprometen consigo mismas a hacer los cambios necesarios en sus hábitos; aunque no son rápidos y puede volver a atrás la mejoría, es la constancia y dedicación a uno mismo, lo puede solucionar esta incómoda y antiestética patología.
Gabriela Maschi – Dermo Cosmiatria


