Presenta:

Una buena pareja: los conflictos y la conversación

La conversación es un arte que implica mucho mas que sentarnos a hablar: ingrediente secreto que hace posible encontrarnos. En esta nota te contamos por qué nos posibilita superar conflictos y cómo generarla.
Foto: Web
Foto: Web

Esta semana leí una frase hermosa de un grande, Mario Benedetti, me pareció que tenía muchísimo sentido, porque tiene que ver con lo que nosotros podemos hacer para que ese conflicto que estamos atravesando sea una posibilidad de crecimiento personal; es así como un sabio consejo que dice :

De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tu no ves. Que te enseñe a mirar con otros ojos.

“Coincidir” en el tiempo y en el espacio con esas personas que pueden estimularte a cambiar la percepción de algo, la mirada sobre las cosas, es un encuentro que sin lugar a dudas será intenso y maravilloso en la vida de cualquiera.

Esta frase, también me llevó hacia la tarea que hacemos los mediadores: asistir a las personas para que puedan "encontrarse", que puedan coincidir y acordar que cada quien tienen una percepción diferente de lo que les está pasado, para luego construir una nueva mirada que los incluya y así es como, por arte de magia, empiezan a aparecer soluciones posibles y mutuamente satisfactorias.

En general las personas percibimos la realidad de un modo determinado y tenemos la fantasía que los demás perciben e interpretan la realidad del mismo modo que nosotros, por lo tanto nos llenamos de suposiciones sobre lo que el otro piensa, percibe y siente; le atribuimos intenciones a lo que hace o deja de hacer, nosotros mismos nos respondemos, qué hace el otro , por qué lo hace y para qué lo hace; y en base a esta construcción propia armamos una historia, una secuencia de hechos cronológicos a los que les damos significados, nos ubicamos a nosotros mismos en un lugar y también ubicamos al otro en la escena.

Así vamos creando, en nuestro mundo interno, una trama que imaginamos de acuerdo a lo que entendemos que venimos viviendo en nuestra relación, la que nos va a determinar en las palabras, gestos y acciones con las que nos manifestamos en nuestro mundo externo, es decir, en relación con el otro, los otros y la totalidad.

Nuestra vida esta llena de ejemplos que reflejan esta tendencia de interpretar, suponer y atribuir intenciones a los demás, pensá en una situación cualquiera y seguramente vas a advertir que diste por sentado en el otro varias cosas sobre lo que piensa, siente, imagina o pretende de esa cuestión particular.

Los que saben, como Max Weber, dicen que el conflicto es la conducta recíproca de dos o más individuos, cada uno de los cuales piensa, decide y orienta su conducta teniendo en cuenta la de los demás. Se trata una dinámica que se genera en las relaciones y por su puesto cuando atravesamos un conflicto funcionamos igual. Nuestra conducta siempre es relacional, es decir, es en función de lo que nosotros interpretamos y percibimos de los demás, a veces esa percepción puede ser acertada y otras no, o quizá no lo sea en su totalidad; el punto es que damos por verdad con alto grado de certeza nuestras propias suposiciones y no vamos a confirmar con el otro si realmente todo eso esta pasando en su mundo.

Si queremos superar eficazmente nuestros conflictos y generar mejores vínculos, tenemos que desarrollar cierta plasticidad psíquica, o sea la capacidad de tolerar nuevas hipótesis, salir de la certeza de la propia versión, entendimiento o interpretación para entrar en el terreno de la duda, la admisión de la ambivalencia de los sentimientos y de ideas contradictorias, y la posibilidad de abandonar la explicación única (Dra. Patricia Aréchaga), la capacidad para albergar distintas descripciones de una realidad (Tom Andersen).

¡Sí! percibimos la realidad de modo diferente, por lo tanto parece mejor opción abstenerse a las deducciones y categóricas afirmaciones, y por el contrario, abrirnos a descubrir y dejarnos sorprender;¡ vamos entonces a conversar!

Para eso, el primer paso es ir al encuentro con el otro, esto quiere decir hacer nuestro esfuerzo para coincidir en que somos diferentes y tenemos distintas miradas, reconocemos que nuestra verdad es solo nuestra, no imaginamos, suponemos o interpretamos por los demás: lo que vamos a hacer es intentar abrirnos, sentirnos curiosos en conocer cómo es la realidad para el otro, no debemos respondernos, sino preguntarle ¿Qué haces, cómo lo ves, qué sentís, para qué lo haces, por qué no lo haces, hacia dónde vas, qué queres o necesitás? y tenemos que estar dispuestos a sostener que su vivencia e interpretación es diferente a la nuestra, no debemos cuestionar su condición de verdad para el otro, aun cuando no la compartimos.

Después viene el segundo movimiento, pensemos que el otro también viene con una historia, donde nos ubicó en un lugar y se llenó de suposiciones acerca de nosotros , de lo que pensamos, sentimos y las intenciones que tenemos; por eso una vez que nosotros comprendimos cómo son las cosas para la otra persona y mostramos esa comprensión, vamos a tener enfrente un receptor mas abierto a escucharnos y a comprender nuestra mirada sobre la cuestión de un modo mas claro y limpio, o sea sin sus propias suposiciones o interpretaciones acerca de nosotros y ahora llego nuestro momento de expresar nuestra verdad, o sea nuestro punto de vista; sin compararla ni confrontarla con la mirada del otro.

Se que puede resultar un poco raro asimilar que nuestra percepción es solo nuestra, en principio quizás nos da una sensación de inestabilidad, ¿Cómo puede ser tan relativo algo que para mi es tan contundente como lo es mi propia interpretación de la realidad? Sí, es así de relativo y por lo tanto de enriquecedor, imagina todo lo que es posible crear si las cosas no son tan duras ni predeterminadas, nuestra vida transcurre también en las historias que generamos, contamos y co-creamos en nuestras conversaciones.

Nos encontramos con los demás cuando nos damos cuenta que tenemos que conocer la realidad del otro y viceversa. 

A partir de ahí pasa algo fundamental, empezamos a respetarnos, a construir una tercera mirada que nos integra y que es clara sobre quién es, dónde esta y hacía dónde va cada uno; así ambos podemos sostener la propia mirada y la del otro aunque tengan aspectos en los que no estamos de acuerdo, en los que queremos cosas diferentes, no resulta necesario comparar ni juzgar; y ¿sabes qué más puede pasar? Incluso nuestra mirada inicial se vea modificada, no solo por incorporar la mirada del otro como valida, sino porque al entrar en el mundo del otro y abrirnos nos damos la posibilidad de modificarnos a nosotros mismos, de revisar nuestras propias creencias, de soltar ideas que venimos sosteniendo para aprender otras nuevas, de cambiar, de crecer, abandonar lo conocido para incorporar la novedad; y por su puesto al otro también le puede pasar todo esto. Nada más nutritivo que el encuentro con otro ser humano, ¿verdad? Esta si que puede ser una afirmación, una buena suposición y una linda creencia para asimilar

¿Ves?, conversar es un arte, es como una danza, tiene pasos, ritmos, tiempos, nos alimenta y nos modifica; la palabra implica “versar con”, o sea girar con otro, dar vueltas en compañía, movernos, cambiar de lugar; la conversación le da espacio a la transformación; es una experiencia que nos conecta con la vida, ahí nada esta quieto y rígido por el contrario hay movimiento, fluidez y renovación. ¡ De eso se trata: de conversar!