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La Argentina del 2027

Javier Milei ya lanzó la reelección y Luis Caputo quedó a cargo de la garantía: que viene en la economía

La salida de Adorni liberó la agenda. Javier Milei adelanta una campaña con dos tareas por delante: ley electoral y el pago de casi US$ 25.000 M en vencimientos


El gobierno respira y en mejores condiciones de lo que pensaba. El aire cambió: con una velocidad que parece casi incomprensible la crisis política que generó Manuel Adorni se diluyó tras poco más de una semana que el exjefe de gabinete presentara su renuncia.

El efecto que produjo en la dinámica oficial fue inmediato: Javier Milei reactivó una agenda parlamentaria que en parte estaba dormida por la presencia de Adorni en el medio de la escena como un jarrón chino inservible que obstruía el paso.

En pocos días pareció que el nombre Adorni había desaparecido de la tierra. Muchos se preguntarán por que el presidente no tomó la decisión de removerlo antes, ahorrándose así el alto costo político que aún se ve en los últimos indicadores de caída de la imagen presidencial.

La respuesta es difícil y múltiple. Quizás hizo falta la movida previa del Congreso para abrir una ventana de salida de Adorni; quizás era necesaria una maduración para llegar al abrazo que Javier Milei le dió a Santiago Caputo en el balcón de la Casa Rosada el 9 de julio pasado bajo la atenta mirada de su hermana Karina. Son interrogantes que la marcha de la campaña irá revelando.

Una campaña muy temprana

Milei ya dijo que buscará otro mandato. El Gobierno actúa en función de ese objetivo. No hacerlo sería desperdiciar una estructura política que, tras la crisis de Adorni, encuentra a buena parte de los gobernadores dispuesta a conversar.

La vigilia del 9 de Julio en Tucumán mostró ese terreno. No significa adhesión automática. Tampoco garantiza votos. Indica que existe una disposición a negociar. En el esquema oficial, esa posibilidad vale más que cualquier acuerdo declarativo.

La nueva mesa política nació sin Adorni y con Diego Santilli en otro nivel de responsabilidad. El objetivo inmediato es recuperar protagonismo en el Congreso. Milei presentó una lista de proyectos que incluye una reforma del Banco Central, una ley de propiedad privada, un mecanismo de cierre parcial del Estado con referencias al modelo norteamericano, cambios en el mercado de capitales, modificaciones al régimen de seguros y nuevas reglas fiscales.

Ese paquete cumple varias funciones. Le permite al Gobierno fijar agenda. También ofrece instrumentos para negociar con bloques y gobernadores. Además, sirve como señal para el Fondo Monetario , Washington y Nueva York.

Sin embargo, ninguna de esas iniciativas ocupa el primer lugar en la estrategia electoral.

La ley que ordena la negociación

El proyecto que concentra la atención de Milei es la reforma electoral. La intención es eliminar las PASO para 2027 y sumar la posibilidad de colectoras provinciales dentro de la boleta única de papel para la elección presidencial como oferta de negociación. Nada indica que ese camino hoy este asfaltado.

Santilli reúne votos para esa reforma desde antes de la salida de Adorni. Su tarea no se interrumpió durante el escándalo. Esa continuidad muestra la prioridad del proyecto. El Gobierno puede exhibir muchas leyes, pero necesita modificar las reglas bajo las cuales competirá por otro mandato.

Patricia Bullrich ya advirtió que todavía faltan apoyos. Los votos no están cerrados porque la negociación tiene dos puntos a solucionar.

El primero está en las provincias. Los gobernadores aliados quieren discutir recursos. El respaldo legislativo no se separa de la plata. Cada voto tiene detrás una relación fiscal, una necesidad territorial y un costo político.

El segundo obstáculo está en la oposición. El kirchnerismo necesita convertir la reforma en una bandera de confrontación. El PRO y el radicalismo enfrentan una división distinta: algunos sectores quieren negociar con Milei; otros todavía imaginan una reconstrucción de Cambiemos a través de las PASO.

En ambos casos, la discusión electoral funciona como una disputa por la supervivencia de estructuras políticas. Para el Gobierno, eliminar las primarias puede simplificar el camino. Para sectores opositores, conservarlas significa mantener una herramienta para ordenar internas, sostener identidades o intentar una reunificación.

Por eso la reforma no es un debate técnico. Es una negociación sobre quién controla el acceso a la competencia de 2027.

Una oposición sin salida común

El kirchnerismo llega a esa discusión sin una estrategia que pueda contener incluso a quienes todavía están dispuestos a votarlo. La Cámpora endureció su posición. Su única estrategia es volver a proponer una candidatura de Cristina Fernández de Kirchner y presionar a Axel Kicillof. Los intendentes propios ya miden opciones y en muchas aparecen armados paralelos, por supuesto sin mirar al balcón de San José 1111. Los Kirchner, con sus incontables problemas jurídicos encima y peleas domésticas que los acercan más a la anemia política que al poder, siguen en su camino de salida de escena.

Cristina en su balcón, presa e inhabilitada, pone en crisis al resto del peronismo por miedo a la ruptura.

Y eso es porque el cristinismo solo sostiene la pretensión de que la expresidenta sea candidata pese a su condena. Eso hace imposible pensar en un armado serio y limita la capacidad del espacio para ofrecer una alternativa mientras el Gobierno construye su campaña. Como bromeaba un peronista esta semana: "ya quieren armar una campaña para que una condenada sea candidata y gobierne desde la prisión domiciliaria".

La dispersión opositora le da margen a Milei. Pero ese margen no elimina los riesgos. Solo traslada el centro de la batalla.

El problema principal del oficialismo no está hoy en la capacidad de reacción de sus adversarios, que es nula. Está en la necesidad de sostener las condiciones económicas y financieras que hagan posible atravesar una campaña sin una crisis.

Y allí aparece Luis Caputo.

El garante de la campaña

Santilli debe ordenar votos. Caputo debe garantizar que la elección tenga un piso de estabilidad.

El ministro de Economía es central para la reelección porque tiene a su cargo el blindaje financiero que permita cancelar los vencimientos del próximo año. Milei no quiere dudas sobre la capacidad de pago de deuda durante la campaña. Esa ha sido una pesadilla para muchos candidatos en la historia reciente, que hoy puede hacerle una diferencia grande al presidente.

El Tesoro enfrenta vencimientos por USD 19.200 millones en 2026 y USD 24.900 millones en 2027. El programa financiero presentado por Caputo la semana pasadaq prevé cubrir las necesidades de ese segundo año con distintas fuentes: USD 3.700 millones del saldo acumulado del programa de 2026, USD 4.900 millones de compras de dólares al Banco Central, USD 1.800 millones de renovación dentro del sector público, USD 1.700 millones del FMI, USD 4.200 millones de otros organismos internacionales, USD 5.000 millones de emisiones locales, USD 2.000 millones de otras fuentes y USD 1.500 millones de privatizaciones.

También figuran préstamos con garantía de organismos internacionales y emisiones externas, aunque sin montos definidos.

Ese esquema es la garantía política que organiza al Gobierno. Las leyes, los acuerdos parlamentarios y la reforma electoral necesitan una condición previa: que no exista una crisis de financiamiento que altere el calendario.

El mercado ya incorporó la elección de 2027 a sus evaluaciones. El ultimo informe de JP Morgan Chase lo expresó: “En un escenario electoral más polarizado, sometemos a estrés los principales supuestos del programa”

Georgieva, las leyes y la gobernabilidad

Caputo cuenta con el respaldo de Kristalina Georgieva. La directora gerente del FMI llegará al país a fin de mes. El Gobierno le mostrará el conjunto de reformas anunciado por Milei.

Esas leyes interesan al Fondo y a los centros financieros. Pero la señal decisiva será otra: la capacidad del oficialismo para garantizar un marco de gobernabilidad durante el año electoral.

La reforma del Banco Central, las reglas fiscales, el mercado de capitales y las privatizaciones pueden formar parte del programa. Pero sin acuerdos con gobernadores, sin votos en el Congreso y sin una estructura política capaz de atravesar 2027, ese programa pierde respaldo.

Por eso Santilli y Caputo ocupan funciones complementarias. Uno trabaja sobre la gobernabilidad legislativa. El otro sobre la gobernabilidad financiera. El éxito de la campaña depende de que ambas tareas avancen al mismo ritmo.

El límite está en la economía doméstica

Caputo no enfrenta solo los vencimientos. También debe responder por una economía doméstica que muestra señales contrarias a las necesidades de una campaña de reelección.

El último informe monetario del Banco Central registró una nueva caída de los préstamos para consumo en junio y un aumento de la morosidad. Los préstamos al consumo bajaron 0,8%. El financiamiento con tarjeta cayó 4,2%. Los préstamos personales retrocedieron 1,1%, según se muestra en el gráfico que acompaño al informe del BCRA.

La contracción del crédito acompaña la caída del consumo. Los costos siguen por encima del salario de bolsillo. El ingreso disponible después de los gastos esenciales se reduce o desaparece.

Ese dato fija un límite. El Gobierno puede ordenar su mesa política, reunir gobernadores, negociar una reforma electoral y asegurar fuentes de financiamiento. Pero la campaña también se resolverá en la economía cotidiana.

Milei adelantó la pelea porque sabe que el reloj corre más rápido. El mercado ya no evalúa solo lo que hace el Presidente. Evalúa si podrá continuar después del próximo cambio de mandato.

La salida de Adorni despejó una crisis. No despejó el camino. La reelección dependerá de una combinación exigente: votos, dólares, crédito y consumo. Santilli puede reunir apoyos. Caputo puede diseñar el financiamiento. Pero el Gobierno deberá demostrar que ambas garantías alcanzan para sostener poder. Esa es la batalla que ya empezó.