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Blancos de otoño

En un lugar de clima continental las temporadas de media estación siempre son siempre bienvenidas. Hoy les ofrezco sumarle calidez al cuerpo a través de una deliciosa copa de vino.

Cuando pensamos en otoño, visualizamos hojas amarillas, álamos blanquecinos casi sin hojas y abrazamos esos atardeceres y noches frescas que invitan a tirarse al sillón con una mantita y una copa de vino en mano.


Si bien es cierto que los vinos tintos se adecúan muy bien a esta época, como defensora y amante de los vinos blancos siempre le busco la vuelta para seguir bebiéndolos.

¿Qué vinos blancos podés disfrutar en otoño?

  • Vinos blancos que puedan beberse a temperatura de heladera, sin necesidad de frapera.
  • Vinos blancos con paso por madera, redondos en boca y con buen cuerpo.
  • Blends de cepas blancas que le den complejidad.
  • Vinos blancos fortificados o cosecha tardía.
  • Espumosos Reserva

¿Por qué estos y no un sauvignon blanc joven?

Porque este tipo de vinos permite una temperatura mayor. Si sirviésemos un sauvignon blanc a temperaturas de 7 a 9 grados por ejemplo, lograría un vino caído en acidez y frescura con aromas demasiado exuberantes que llegarían a ser molestos.

En cambio, un viognier o un chardonnay con paso por barrica de roble (el cual no sólo depende de sus aromas, sino también de su estructura) es un vino ideal para esta situación. Se amalgamó en la barrica con la ayuda de la microoxigenación que se genera por los pequeños poros de la madera, un vino redondo, con peso en boca que no solo te permitirá beberlo solo sino que maridará de maravillas con alguna comida con cierto tenor graso, como un pollo a la crema con papas noisette o una tarta de hojaldre y quesos.


"Siempre es una gran ocasión para beber un espumoso"

Los espumosos son un tema aparte. Siempre es una gran ocasión para beber un espumoso, sobre todo en otoño si ese espumoso elaborado con chardonnay ha sido criado cuidadosamente y por un largo período sobre lías. Las lías son las levaduras que se encargaron de generar las burbujas y que permanecen atrapadas por varios meses e incluso años en los grandes espumosos del mundo. 


Este tipo de vinos no necesita estar helado, se disfruta preferente en copas de vino blanco con boca grande para que le permita liberar todos su complejos aromas. Son corpulentos, con buen peso en boca, redondos y sobre todo complejos. Ideales para un carré de cerdo con puré de manzanas.



En el caso de los vinos blancos dulces fortificados o de cosecha tardía, estos requieren un poco más de frío para que no empalaguen con su grado de dulzor. Gracias a su balance entre azúcar, acidez y alcohol, se vuelven la golosina ideal para cerrar una cena.

"Una regla a tener en cuenta es que el vino siempre debe ser más dulce que el postre"

Esta regla tiene su explicación en que el vino está armado en un equilibrio que se da entre acidez y alcohol en el caso de un vino seco o; entre acidez, alcohol y azúcar cuando el vino es dulce. Nuestro paladar tiene algo que se denomina umbral, una vez que lo pasamos, no hay vuelta atrás. Es decir, que si comemos un postre súper dulce hará que no sientas el dulzor del vino y por lo tanto, lo percibas desequilibrado. ¿Se entendió?

En el caso que el postre sea helado, este adormecerá las papilas gustativas y sentiremos menos el dulce del vino, además de sentirlo fuera de temperatura.

Como se darán cuenta son muchas las ocasiones de otoño y sus típicas comidas que te invitan a disfrutar de un gran blanco. Elegí el tuyo y contame que tal estuvo tu experiencia.

¡Salud y hasta la próxima semana!