Vendimia 1993: cuando la privatización alcanzó la fiesta mayor de Mendoza
La fiebre privatizadora del menemismo alcanzó la organización de la Fiesta Nacional de la Vendimia y abrió un nuevo capítulo en la historia cultural mendocina.
La edición 1993 dejó una huella imborrable en Mendoza.
El 6 de marzo de 1993 no fue una fecha más en el calendario vendimial, debido a que estuvo atravesada por la fiebre privatizadora del gobierno de Carlos Menem y ese clima también se filtró en la celebración más identitaria de Mendoza.
La organización de buena parte de los actos dejó de estar exclusivamente en manos estatales: Shehuen S.A., subsidiaria del Diario Los Andes, ganó la licitación para encargarse de los eventos periféricos y de los espectáculos del acto central. La elección y coronación de la reina, sin embargo, permaneció como potestad del Estado provincial.
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Entre las obligaciones asumidas, el ente privado debía impulsar y ampliar las actividades paralelas, y lo hizo con una apuesta fuerte: el show “Vendimia, tradición y folklore” en el Estadio Malvinas Argentinas. El escenario convocó a nombres de peso como Los Chalchaleros, Los Trovadores de Cuyo y Cacho Tirao, además del Ballet Brandsen y la Escuadra Ecuestre Argentina, propiedad de Raúl Moneta, figura señalada por su asociación con empresarios y funcionarios provinciales en el vaciamiento de bancos oficiales, entre otras maniobras. La Vendimia se expandió en formato y en ambición, pero también quedó inevitablemente atravesada por las tensiones de la época.
El acto central, como siempre, encontró su casa en el Teatro Griego Frank Romero Day. Allí se presentó “Fiesta de fiesta”, con libreto del periodista Enrique Chrabolowsky y dirección de Pedro Marabini. La línea argumental privilegió lo folclórico, hablado en un lenguaje popular que buscó la cercanía y la celebración.
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El resultado alcanzó ribetes de gran esplendor y la multitud respondió con reiteradas aclamaciones. La música estuvo en manos de Javier Rodríguez, Aníbal Cuadros y Gonzalo de Borbón, quienes acompañaron con una banda sonora que acompañó la magnitud escénica.
Pero si algo definió esa edición fue, sin dudas, la apuesta técnica. Las innovaciones lumínicas y los efectos especiales marcaron un antes y un después; el rayo láser, en particular, se convirtió en un hito imposible de ignorar en representaciones posteriores. Mediante distintos planos se duplicó visualmente el tamaño del escenario y se montó una planta de luces comparable a la de los megaespectáculos internacionales.
En esa noche, la representante de Guaymallén, Mariana Bosco, fue proclamada Reina Nacional de la Vendimia tras imponerse en una elección reñida a María Inés Lassa, de San Rafael.




