Uno de los pueblos más impactantes de Argentina está escondido en las montañas de Salta
Iruya es un pueblo de Salta ubicado entre montañas y quebradas, famoso por sus calles empinadas, sus paisajes y el camino serpenteante que lleva hasta allí.
Iruya es un pueblo salteño construido entre montañas y quebradas a más de 2.700 metros de altura.
PixabayHay un momento del viaje en que este pueblo empieza a aparecer entre montañas enormes y caminos angostos, como si estuviera escondido en medio de la quebrada. Iruya, en el norte de Salta, tiene una geografía tan particular que muchas veces parece suspendido sobre la montaña.
La localidad se encuentra a más de 2.700 metros de altura, en plena cordillera oriental. Aunque pertenece a Salta, el acceso principal se realiza desde Humahuaca, en Jujuy, por un camino de cornisa que atraviesa paisajes áridos, curvas cerradas y miradores naturales que forman parte de la experiencia. (visitsalta.ar)
Lo primero que llama la atención al llegar es cómo el pueblo se adapta al relieve. Las calles son empinadas, angostas y empedradas, mientras que las casas de adobe y piedra se distribuyen sobre distintos niveles de la montaña, creando una de las imágenes más reconocibles del norte argentino.
Iruya conserva además una fuerte identidad cultural. Las tradiciones andinas, las celebraciones religiosas y las costumbres locales siguen teniendo mucho peso dentro de la vida cotidiana del pueblo, donde todavía se mantiene una relación muy cercana con el paisaje y con las raíces del lugar.
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Uno de los puntos más visitados es la iglesia Nuestra Señora del Rosario y San Roque, construida en el siglo XVIII y ubicada frente a la plaza principal. Desde allí, el entorno montañoso parece cerrar completamente el horizonte alrededor del pueblo.
El paisaje cambia según la hora del día. Durante la mañana, los cerros muestran tonos secos y claros, mientras que hacia la tarde la luz transforma las montañas y vuelve todavía más fuerte la sensación de aislamiento que caracteriza a Iruya.
La experiencia también incluye caminatas y recorridos hacia comunidades cercanas como San Isidro, a la que se llega siguiendo senderos de montaña y cruzando pequeños ríos, en uno de los trayectos más conocidos de la zona.
Por eso Iruya no funciona como un destino cualquiera. Más allá de la altura o de sus paisajes, este pueblo salteño logra algo difícil: que el viaje y la llegada se sientan igual de impactantes.


