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Una semana sin auto en Mendoza: cuánto se ahorra y qué dificultades aparecen

MDZ comparó costos, tiempos y niveles de estrés en un recorrido cotidiano de siete kilómetros para trabajar, comprar o realizar trámites.

Movilizarse en auto propio o en transporte público, qué resulta más conveniente para los mendocinos. En el artículo el relevamiento de MDZ.

Movilizarse en auto propio o en transporte público, qué resulta más conveniente para los mendocinos. En el artículo el relevamiento de MDZ.

Dejar las llaves sobre la mesa parece un gesto sencillo. Sin embargo, pasar una semana sin auto obliga a modificar horarios, calcular recorridos y anticipar situaciones que habitualmente se resuelven con solo encender el motor.

Para conocer si realmente existe un ahorro, se tomó como referencia un trayecto de siete kilómetros hasta la Ciudad de Mendoza. Puede ser una distancia habitual para muchos mendocinos que deben trasladarse a trabajar, comprar o realizar trámites. El cálculo contempló la ida y la vuelta durante cinco días: diez viajes y 70 kilómetros en total. La comparación incluyó colectivo, Metrotranvía, BiciTRAN, aplicaciones de traslado y taxi. Además del dinero, se consideraron el tiempo de viaje, las esperas, la flexibilidad y el estrés asociado con cada alternativa.

Foto: Freepik

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El viaje comienza antes de salir

El colectivo cuesta $1.680 por tramo. Completar diez viajes durante una semana demanda $16.800. El precio es bajo frente a otras opciones, pero no muestra una parte importante de la experiencia: la necesidad de organizar la jornada alrededor de sus horarios.

Llegar unos minutos tarde a la parada puede significar perder la unidad y sumar entre 10 y 20 minutos de espera, según la línea y la franja horaria. Si ocurre una vez por día, al terminar la semana pueden haberse perdido entre 50 a 90 minutos. También deben considerarse la caminata hasta la parada y las posibles combinaciones.

El Metrotranvía ofrece un tiempo de viaje más previsible, pero exige calcular cuánto demora el traslado hasta la estación y ajustar la salida a sus horarios. Para quienes no viven cerca de un parador, la caminata o la combinación con otro transporte agrega tiempo al recorrido. Además, llegar cinco minutos tarde puede significar perder la formación y, obviamente, tener que esperar la siguiente.

La bicicleta propone otro ritmo

BiciTRAN cuesta $1.680 por un uso de hasta 60 minutos. Para un recorrido de siete kilómetros, el traslado puede completarse dentro de ese período. Diez viajes representarían un gasto semanal de $16.800.

En esta alternativa desaparecen la espera del transporte público y la búsqueda de estacionamiento, pero aparecen otros condicionantes: la disponibilidad de unidades, la distancia hasta las estaciones, el clima y la cobertura todavía limitada de las ciclovías.

También influye el estado de la bicicleta asignada. Una unidad con dificultades en los cambios, los frenos, el asiento o las ruedas puede exigir más esfuerzo y sumar varios minutos al recorrido. Si es necesario devolverla y buscar otra, el tiempo que parecía ganarse frente al colectivo comienza a reducirse.

Pagar para recuperar libertad

Después de varios traslados sujetos a recorridos y frecuencias, las aplicaciones permiten recuperar la posibilidad de salir en el momento elegido. Un viaje de siete kilómetros puede costar entre $4.000 y $6.500, según la hora y la demanda. La ida y la vuelta representan entre $8.000 y $13.000. Si se utiliza esta opción durante cinco días, el gasto semanal asciende a entre $40.000 y $65.000.

El taxi resulta más costoso. Con una bajada de bandera diurna de $1.724 y fichas de $91 cada 90 metros, un trayecto de siete kilómetros ronda los $8.800, sin contabilizar esperas. Diez viajes suman aproximadamente $88.000.

El mayor gasto del auto no es la nafta

Para realizar durante cinco días un trayecto de siete kilómetros de ida y otros siete de regreso, el vehículo debe recorrer 70 kilómetros semanales. En un auto con un consumo urbano estimado de diez litros cada 100 kilómetros, eso equivale a siete litros de combustible. Con la nafta a $2.300, el desembolso llega a $16.100.

Para estimar el gasto con GNC se tomó como referencia un consumo de diez metros cúbicos cada 100 kilómetros. Los 70 kilómetros demandarían alrededor de siete metros cúbicos que, a un valor de $864 cada uno, representan poco más de $6.000.

Observada únicamente desde el combustible, la cuenta puede hacer que el auto parezca una alternativa competitiva. Sin embargo, la diferencia comienza a ampliarse cuando la persona debe pagar por dejarlo estacionado durante toda la jornada.

Ocho horas de estacionamiento medido tradicional, con una tarifa de $1.200 por hora, cuestan $9.600 diarios. En cinco jornadas laborales, el gasto alcanza los $48.000. Al agregar el combustible, trasladarse en un auto a nafta demanda aproximadamente $64.100 semanales. Con GNC, la cifra ronda los $54.000.

El costo aumenta considerablemente si se utiliza una playa privada. Con un valor promedio de $3.000 por hora, dejar el vehículo durante ocho horas representa $24.000 diarios y $120.000 al cabo de cinco jornadas. Sumado el combustible, la semana cuesta aproximadamente $136.100 con nafta y $126.000 con GNC. Algunos establecimientos, sin embargo, ofrecen tarifas por día o abonos mensuales que pueden reducir el desembolso.

Para quienes cuentan con estacionamiento gratuito, el gasto directamente asociado con esos traslados se limita al combustible. La comparación no contempla patente, mantenimiento, seguro, cubiertas, reparaciones ni depreciación, ya que son costos vinculados con la propiedad del vehículo y no desaparecen por dejarlo guardado durante una semana.

El estrés también forma parte de la cuenta

El auto ofrece autonomía, pero obliga a atravesar el tránsito, encontrar estacionamiento y mantener la atención durante todo el recorrido. El transporte público elimina algunas de esas preocupaciones, aunque incorpora esperas, aglomeraciones e incertidumbre.

La opción más económica no es necesariamente la más rápida ni la más cómoda. Tampoco existe una respuesta idéntica para todos: depende del horario, la cercanía de una parada, la disponibilidad de estacionamiento y la posibilidad de reorganizar la jornada.

Pasar una semana sin auto permite ahorrar, especialmente cuando se utiliza el transporte público. La verdadera pregunta es cuánto tiempo, flexibilidad y comodidad está dispuesta a resignar una persona a cambio de ese ahorro. Porque no todos los viajes se pagan solamente con dinero.