Tres pueblos de Brasil para descubrir este verano lejos del turismo masivo
Brasil tiene pueblos costeros donde la playa se disfruta con calma: mar cálido, naturaleza y un ambiente relajado, lejos del ruido de los grandes balnearios.
Estos pueblos de Brasil ofrecen playas hermosas, mar cálido y veranos sin multitudes.
ShutterstockCuando se piensa en vacaciones en Brasil, casi siempre aparecen los mismos nombres: Río de Janeiro, Florianópolis, Búzios, Porto de Galinhas. Sin embargo, a lo largo de la costa hay muchos pueblos que ofrecen playas hermosas, menos gente y una vida cotidiana más simple.
Son destinos donde todavía se puede caminar por la arena sin multitudes y sentir que el tiempo va un poco más despacio.
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Estos pueblos combinan mar cálido, naturaleza, posadas familiares y un clima relajado que funciona perfecto para quienes quieren descansar de verdad. No son lugares de grandes shoppings ni avenidas llenas de ruido: acá mandan las olas, el viento y las charlas a la sombra de una palmera.
Itacaré (Bahía)
En el litoral de Bahía, Itacaré pasó de ser un antiguo pueblo pesquero a convertirse en uno de los destinos más interesantes para quienes buscan playa y naturaleza en partes iguales. El casco del pueblo se organiza alrededor de sus calles principales, con bares, restaurantes y posadas, pero el verdadero encanto está en sus playas: algunas amplias y urbanas, otras pequeñas calas rodeadas de selva atlántica.
Itacaré tiene opciones para todos: desde playas tranquilas para meterse al mar y quedarse todo el día bajo la sombra, hasta puntos con olas fuertes ideales para surfistas. Muchas se conectan por senderos entre morros y vegetación, lo que suma una cuota de aventura al plan de playa. En verano, las noches se llenan de música brasileña, puestos de comida y un ambiente bohemio que no llega a ser agobiante.
A diferencia de otros grandes destinos de Bahía, Itacaré mantiene escala de pueblo: se camina casi todo, la mayoría de los alojamientos son posadas y el contacto con la naturaleza es constante. Es una gran opción para quienes quieren mar cálido, verde por todos lados y ese clima relajado tan típico del nordeste brasileño.
Barra Grande (Península de Maraú, Bahía)
Barra Grande, en la Península de Maraú, es uno de esos pueblos donde el tiempo parece haber quedado en pausa. Sus calles de arena, las palmeras inclinadas sobre la costa y las hamacas frente al mar arman una postal clásica de Brasil, pero sin el caos de los balnearios más famosos. Las playas son amplias, el agua es templada y, en muchos sectores, tan tranquila que parece una piscina natural.
En verano, la vida gira en torno al mar: baños largos, caminatas sobre bancos de arena en marea baja, paseos en lancha a piscinas naturales y tardes de reposera sin multitudes alrededor. El atardecer en la punta del pueblo es uno de los rituales obligados, con el cielo teñido de naranja mientras los barcos de pescadores vuelven a la costa.
Barra Grande logra algo difícil: tener buena infraestructura turística sin perder ese aire de pueblo chico. Hay posadas de distintos presupuestos, bares sencillos sobre la arena y lugares para comer pescado y mariscos frescos. Es ideal para quienes buscan un pedazo de Brasil más calmo, con mar cálido y un ambiente que invita a bajar varios cambios.
Caraíva (Bahía)
Más al sur, también en Bahía, Caraíva se presenta como uno de los pueblos más singulares del litoral brasileño. Es pequeño, rústico y encantador: no hay autos en sus calles de arena y todo se hace caminando. El pueblo está ubicado entre el río Caraíva y el mar, lo que permite elegir entre bañarse en el agua dulce y calma del río o en las olas del Atlántico, con playas amplias y horizonte abierto.
Durante el día, el plan es sencillo y perfecto: cruzar en bote desde la zona de estacionamientos, caminar por las callecitas de arena, elegir un parador frente al río o al mar y dejar que el tiempo pase entre chapuzones, lecturas y charlas a la sombra. Cuando el sol baja, el ambiente se vuelve aún más mágico, con faroles, música suave y bares pequeños donde todo transcurre a ritmo lento.
Caraíva conserva una atmósfera de refugio: casitas coloridas, vegetación abundante, pocos carteles, nada de carteles luminosos ni grandes edificios. Es uno de esos pueblos que todavía ofrecen la sensación de estar “lejos de todo”, aunque cada vez más viajeros lo descubren. Para quienes buscan un Brasil de playa, pero con mucha calma y contacto directo con la naturaleza, es una opción irresistible.




