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Por qué nos gusta jugar al tejo en la playa: una tradición que combina juego, encuentro y verano

Cada verano, el tejo reaparece en las playas como uno de los juegos más elegidos por familias y grupos de amigos.

Un turista juega al tejo en Villa Gesell.

Un turista juega al tejo en Villa Gesell.

Foto: Municipalidad de Villa Gesell.

Con el sonido del mar de fondo y la arena caliente bajo los pies, el tejo se instala cada verano como una escena clásica de las playas. Pero ¿por qué este juego sencillo logra mantenerse vigente año tras año y generar tanto entusiasmo?

Una de las principales razones es su accesibilidad. El tejo no requiere una preparación física específica ni conocimientos complejos de reglas. Puede jugarse descalzo, con ropa informal y en superficies irregulares como la arena, lo que lo convierte en una actividad inclusiva para distintas edades. Niños, adultos y personas mayores pueden participar en igualdad de condiciones, adaptando la intensidad del juego a sus posibilidades.

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El componente social del tejo

El componente social también es clave. Jugar al tejo en la playa implica interacción constante: se conversa, se bromea, se celebra y se relativiza la derrota. A diferencia de otros deportes más exigentes, el foco no está puesto únicamente en ganar, sino en compartir un momento. En un contexto de vacaciones, donde el tiempo parece desacelerarse, el juego funciona como un punto de encuentro que fortalece vínculos.

Desde una mirada psicológica, el tejo ofrece una combinación equilibrada de actividad física moderada y estímulo mental. Caminar sobre la arena, lanzar el disco y coordinar movimientos activa el cuerpo sin generar agotamiento excesivo. Al mismo tiempo, el juego requiere concentración, cálculo de distancia y estrategia, lo que mantiene la mente activa de manera lúdica.

El entorno también influye en la experiencia. La playa es un espacio asociado al descanso, la libertad y el disfrute. Jugar allí refuerza sensaciones positivas vinculadas al verano, la desconexión de la rutina y el contacto con la naturaleza. La ausencia de tecnología -no hay pantallas ni dispositivos de por medio- convierte al tejo en una pausa digital valorada en tiempos de hiperconectividad.

TEJO EN LA PLAYA.

Parte de los rituales de verano

Además, el tejo tiene un fuerte componente cultural. En muchas familias y grupos de amigos, forma parte de rituales que se repiten cada verano. Volver a jugarlo es también reconectar con recuerdos de otras vacaciones, infancias compartidas y tradiciones que se transmiten de generación en generación. Esa carga simbólica potencia el disfrute más allá del juego en sí.

Otro aspecto que explica su vigencia es su carácter espontáneo. Basta con que alguien proponga una partida para que el juego comience. No hay horarios fijos ni estructuras rígidas, lo que se adapta perfectamente al espíritu relajado de la playa. El tejo aparece y desaparece según las ganas, sin obligaciones ni presiones.