Por qué a cada persona le gusta un tipo distinto de música: esto dice la ciencia
La ciencia demuestra que la música que nos gusta habla de quiénes somos, cómo vivimos y qué emociones buscamos experimentar.
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De la cumbia al tango, del rock al pop: nuestras preferencias musicales no son casuales. La psicología y la neurociencia explican que detrás del gusto musical se esconden rasgos de personalidad, experiencias de vida y hasta la etapa en la que descubrimos ciertos sonidos.
¿Por qué Juan no puede vivir sin rock, Lucía ama la cumbia y tu tío descubrió el tango recién después de los 40? Según distintas investigaciones científicas, el gusto musical no depende solo del oído, sino también de la mente, la historia personal y el entorno social. Escuchar música es una forma de expresión emocional y de identidad.
Personalidad y géneros musicales
Estudios en psicología de la música demuestran que los rasgos de personalidad influyen directamente en las preferencias musicales. Las personas extrovertidas, por ejemplo, suelen inclinarse por géneros enérgicos y sociales, como el rock, el pop o la música para bailar, mientras que quienes puntúan alto en apertura a la experiencia tienden a disfrutar de estilos más complejos, como el jazz, el tango o la música clásica.
Extroversión: música para moverse y conectar
La ciencia también señala que los extrovertidos prefieren música con ritmos marcados, tempo alto y letras que invitan al movimiento y la interacción. Esto explica por qué la cumbia, el cuarteto o ciertos subgéneros del rock resultan tan atractivos: no solo activan físicamente, sino que refuerzan la conexión social y el disfrute compartido.
El efecto “me suena y me gusta”
El gusto musical puede cambiar con el tiempo, y la exposición juega un papel clave. Investigaciones experimentales comprobaron que cuanto más se escucha una canción o un género, más gusta, especialmente si tiene un nivel medio de complejidad. La familiaridad genera placer y, con el tiempo, lo que antes sonaba “difícil” puede volverse profundamente apreciado.
La “década dorada” del oído emocional
Otro hallazgo interesante es que la música de la adolescencia deja una huella emocional duradera. Las canciones escuchadas entre los 13 y 25 años suelen quedar grabadas como parte de la identidad personal. Por eso, muchos adultos sienten una nostalgia especial al oír los temas que marcaron esa etapa.
El tango y la madurez emocional
En el caso del tango, los expertos señalan que su riqueza armónica, su lirismo y su contexto social -las milongas, el baile, la conexión en pareja- hacen que muchas personas lo valoren más con la edad. Con el tiempo, aumenta la búsqueda de músicas más profundas emocionalmente y con mayor carga expresiva. Además, bailar tango no solo es una práctica artística: también promueve la socialización y el bienestar en la adultez.



