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La ciencia puso a prueba 6 ejercicios de gratitud: uno superó a todos

Un estudio realizado con 10.696 personas comparó seis maneras de practicar la gratitud. Uno fue el que produjo el mayor impacto inmediato.

Un experimento puso a prueba los ejercicios de gratitud. Foto: Canva

Un experimento puso a prueba los ejercicios de gratitud. Foto: Canva

Escribir cada noche cinco cosas buenas que sucedieron durante el día se convirtió en uno de los ejercicios de bienestar más difundidos. Aparece en diarios personales, libros de autoayuda, aplicaciones y desafíos de redes sociales. Sin embargo, una investigación internacional acaba de poner en duda que sea la forma más efectiva de practicar la gratitud.

El estudio comparó seis ejercicios breves y encontró que elaborar una lista de motivos para agradecer produjo el menor impacto de todos. En el extremo opuesto, la práctica con mejores resultados fue también una de las más simples: escribir un mensaje de agradecimiento y enviárselo a una persona concreta.

El hallazgo no indica que las listas sean inútiles. Todas las intervenciones analizadas generaron efectos positivos frente a las tareas de control. La diferencia estuvo en la intensidad de la respuesta: agradecerle directamente a alguien produjo un cambio mayor que conservar esa emoción en el ámbito privado.

El mayor estudio sobre prácticas de gratitud

La investigación fue coordinada por Nicholas Coles y reunió a un equipo internacional de 36 especialistas. Participaron 10.696 personas de 34 países seleccionados para representar contextos culturales diversos.

El trabajo, publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, evaluó los efectos de seis intervenciones de gratitud y los comparó con tres actividades que no estaban relacionadas con esa emoción.

Los participantes realizaron uno de estos ejercicios:

  • Escribir y enviar un mensaje de agradecimiento.
  • Redactar una carta de gratitud sin enviarla.
  • Enumerar cinco cosas por las que se sentían agradecidos.
  • Recordar cinco situaciones positivas del día anterior e imaginar cómo sería la vida si no hubieran ocurrido.
  • Reflexionar sobre lo recibido y lo ofrecido a otras personas durante la última semana, mediante una práctica japonesa llamada Naikan.
  • Escribir una carta de agradecimiento dirigida a Dios, una entidad espiritual o un poder superior.

Las actividades generaron mejoras inmediatas en el estado de ánimo positivo, el optimismo y la satisfacción con la vida. También se registraron disminuciones de las emociones negativas y la envidia, además de un aumento del sentimiento de reciprocidad.

No obstante, los resultados no tuvieron la misma intensidad en todos los indicadores ni en todos los países.

Por qué enviar el mensaje podría hacer la diferencia

La lista de gratitud invita a observar aquello que funciona bien en la propia vida. El mensaje agrega un elemento: otra persona recibe y conoce ese reconocimiento.

La gratitud deja entonces de ser solamente una reflexión individual y se convierte en una acción social. Quien escribe debe identificar un gesto, recordar por qué fue importante y comunicar el efecto que tuvo. El destinatario, a su vez, descubre que algo que hizo conserva valor para alguien más.

Paulo Sérgio Boggio, uno de los investigadores, explicó que agradecer posee un fuerte componente vincular. Esa emoción puede favorecer la ayuda y la reciprocidad, incluso hacia personas distintas de aquella que originó el agradecimiento.

La diferencia no parece estar en escribir más ni en utilizar palabras elaboradas. El punto decisivo sería que el mensaje salga del cuaderno y llegue a alguien.

La cultura también modifica el efecto

La investigación encontró diferencias importantes entre países. México fue el territorio donde las prácticas produjeron el mayor impacto, mientras que en Noruega el resultado fue prácticamente nulo. Brasil quedó en una posición intermedia.

De hecho, la variación entre países fue más grande que la registrada entre los seis ejercicios. Los autores exploraron posibles relaciones con la religiosidad y con determinadas normas sociales, aunque todavía no pueden establecer una explicación definitiva.

El aumento de las emociones positivas fue el resultado más consistente entre culturas. Otros efectos, como la satisfacción con la vida o la disminución del malestar, fueron menos uniformes.

Un mensaje para poner a prueba el ejercicio

No es necesario redactar una carta solemne ni esperar una ocasión especial. El ejercicio puede realizarse en cuatro pasos:

1. Elegir a una persona cuyo gesto haya tenido un valor significativo.

2. Mencionar concretamente qué hizo, en lugar de agradecer de manera general.

3. Explicar por qué fue importante y qué produjo en ese momento o con el paso del tiempo.

4. Enviar el mensaje sin condicionar su valor a la respuesta recibida.

Podría tratarse de un familiar, un amigo, un docente, un compañero de trabajo o alguien con quien ya no existe un contacto frecuente. La clave está en que el reconocimiento sea auténtico y específico.

Los resultados tampoco deberían interpretarse como una receta para alcanzar la felicidad. El estudio midió cambios inmediatamente después de las actividades y no demostró que permanezcan en el tiempo. Practicar la gratitud no reemplaza un tratamiento psicológico ni elimina las circunstancias que generan dolor o preocupación.

Lo que sí muestra el experimento es que un gesto breve puede modificar momentáneamente la manera en que una persona se siente. Y que, al menos para agradecer, compartir las palabras podría tener más efecto que dejarlas escritas en una lista.