La canción que desató una pelea con leyendas del rock y dejó a su autor 22 años sin cobrar
Sonó en radios, películas y publicidades y se convirtió en un himno. Sin embargo, una disputa legal apartó de las ganancias a quien escribió la canción.
La canción que fue un éxito mundial, pero dejó a su autor sin regalías durante 22 años.
Un hombre camina por una vereda de Londres sin modificar el rumbo. Choca con otros peatones, obliga a algunos a apartarse y continúa avanzando con la mirada fija. La secuencia parece sencilla, pero se convirtió en uno de los videoclips más reconocibles de los años '90. Detrás de esas imágenes sonaba una melodía destinada a recorrer el mundo. La canción llegó al segundo puesto del ranking británico, ingresó al mercado estadounidense y obtuvo una nominación al Grammy.
Sin embargo, mientras el éxito crecía, el músico que la había escrito perdía el control sobre ella. La paradoja parecía anticipada en su propio título: "Bitter Sweet Symphony", la “sinfonía agridulce” que The Verve publicó en 1997.
Las notas que desataron el conflicto por la canción
Richard Ashcroft, cantante y principal compositor de The Verve, construyó la canción a partir de una grabación orquestal de The Last Time, tema que los Rolling Stones habían lanzado en 1965.
El fragmento utilizado no provenía directamente de la versión interpretada por Mick Jagger y Keith Richards. Había sido tomado de una adaptación instrumental realizada por Andrew Oldham Orchestra, un proyecto encabezado por quien había sido representante y productor de los Stones. Su inconfundible pasaje de cuerdas había sido arreglado por el compositor David Whitaker.
The Verve repitió aquel fragmento y agregó la voz de Ashcroft, guitarras, percusión y nuevas capas sonoras. El resultado fue una canción diferente, aunque sostenida por esa base reconocible desde los primeros segundos.
La discográfica consiguió autorización de Decca Records para emplear la grabación. Pero existía otra capa de derechos: la correspondiente a la composición original, controlada por ABKCO, la compañía del ex representante de los Rolling Stones Allen Klein.
Klein sostuvo que The Verve había utilizado una porción mayor que la acordada. El conflicto avanzó cuando el sencillo ya estaba preparado para salir y terminó en un acuerdo extrajudicial. La banda entregó los derechos editoriales y las regalías vinculadas a la composición. Además, Mick Jagger y Keith Richards fueron incorporados como autores de la canción.
El éxito que enriquecía a otros
"Bitter Sweet Symphony" se transformó en el mayor éxito de The Verve y en una de las canciones emblemáticas del britpop. Su video tuvo una presencia constante en los canales musicales y la melodía apareció posteriormente en películas, programas y publicidades.
Pero Ashcroft no recibía las regalías de autor generadas por la obra que había convertido en canción. Durante años expresó su enojo mediante una frase cargada de ironía: la describía como el mejor tema que Jagger y Richards habían escrito en dos décadas.
La situación también afectó la posibilidad de decidir dónde podía utilizarse. La canción fue incluida en una campaña publicitaria de Nike pese a que la banda sostenía una política contraria a ceder su música para anuncios. Los distintos derechos vinculados a una grabación habían quedado repartidos entre compañías, autores y titulares.
El caso se convirtió en uno de los ejemplos más conocidos sobre los riesgos de utilizar un sample: no alcanza con obtener permiso para reproducir una grabación, también puede ser necesario negociar los derechos de la composición que existe detrás.
Un desenlace inesperado 22 años después
La historia cambió en 2019. Los representantes de Ashcroft retomaron las conversaciones con ABKCO y el asunto llegó nuevamente a Mick Jagger y Keith Richards. Finalmente, ambos aceptaron ceder al músico su participación en los derechos y las regalías futuras.
Ashcroft anunció la noticia al recibir un premio Ivor Novello por su contribución a la música británica. Calificó la decisión de Jagger y Richards como un gesto generoso y aseguró que nunca había mantenido un conflicto personal con los Rolling Stones. El acuerdo puso fin a 22 años de disputa.
La devolución no recuperó el dinero generado durante las dos décadas anteriores. Solamente en Estados Unidos, la canción había producido hasta entonces alrededor de 1,64 millones de dólares en ingresos editoriales, sin contar su utilización en publicidades, según una estimación de Billboard.
Ashcroft volvió a figurar como dueño de la canción que había escrito y comenzó a percibir sus regalías futuras. El final fue justo, pero también tardío: necesitó 22 años para dejar de ser un espectador del éxito de su propia obra.


