El pequeño pueblo de Brasil donde las calles son de arena y el invierno parece verano
Icaraizinho de Amontada es un pueblo del nordeste de Brasil que combina playas extensas y temperaturas cercanas a los 30° durante julio y agosto.
Icaraizinho de Amontada es un pueblo de Brasil con calles de arena, playas rodeadas de cocoteros y temperaturas cercanas a los 30° durante julio.
TripAdvisorMientras buena parte de la Argentina atraviesa los meses más fríos del año, hay un pueblo de Brasil donde el abrigo prácticamente queda fuera de la valija. Icaraizinho de Amontada conserva temperaturas cálidas, playas tranquilas y un ritmo pausado que lo convierte en una alternativa para viajar durante julio y agosto.
También conocido como Icaraí de Amontada, este pequeño destino se encuentra en el estado de Ceará, sobre la costa nordeste de Brasil. Está ubicado aproximadamente a 200 kilómetros de Fortaleza y ocupa un punto intermedio entre la capital estadual y la famosa localidad de Jericoacoara.
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A diferencia de los grandes balnearios brasileños, el pueblo todavía mantiene una apariencia sencilla. Sus calles de arena, las casas bajas, las posadas pequeñas y los cocoteros forman parte de un paisaje donde no predominan los edificios altos ni los grandes complejos turísticos.
La playa principal se extiende frente a una bahía amplia y está rodeada por palmeras. En algunos sectores el mar presenta aguas más tranquilas, mientras que el viento constante también favorece la práctica de kitesurf y windsurf, especialmente desde agosto.
Un pueblo de Brasil con casi 30° durante julio
Una de las razones para conocer Icaraizinho de Amontada durante el invierno argentino es su clima. En julio, las máximas medias se ubican alrededor de los 29° o 30°, mientras que las mínimas rondan los 25°. Agosto suele presentar jornadas todavía más secas y soleadas.
Entre julio y diciembre comienza la temporada con menos precipitaciones en esta parte de Ceará. En esos meses mejoran las condiciones para disfrutar de la playa, recorrer los alrededores y realizar deportes acuáticos, aunque las temperaturas se mantienen elevadas durante prácticamente todo el año.
El clima cálido no es el único atractivo del pueblo. Desde Icaraizinho se pueden organizar recorridos hacia dunas, lagunas, manglares y otras playas del municipio de Amontada. Uno de los paseos habituales conduce hacia Moitas, una comunidad costera cercana atravesada por el río Aracatiaçu.
En esa zona se realizan recorridos en embarcaciones por manglares y bancos de arena. El entorno conserva una estrecha relación con la pesca y permite conocer paisajes diferentes a los de la playa abierta. El río Aracatiaçu forma parte de las experiencias turísticas promovidas en la región.
Otra de las propuestas es recorrer la costa en vehículos preparados para los caminos de arena. Estos circuitos permiten llegar a lagunas naturales, miradores y sectores menos transitados, aunque para conocer los puntos más alejados suele recomendarse contar con un vehículo adecuado o contratar un traslado local.
Playas tranquilas y un ritmo alejado de las multitudes
Icaraizinho no tiene el movimiento nocturno ni la estructura de los centros turísticos más famosos de Brasil. La propuesta del pueblo pasa por alojarse en pequeñas posadas, caminar por la playa, comer pescados y mariscos y contemplar el atardecer sin el ruido propio de las grandes ciudades.
Los restaurantes se concentran principalmente en el centro y cerca de la costa. La gastronomía local está marcada por los productos del mar, aunque el crecimiento turístico también sumó cafeterías, bares y propuestas de cocina contemporánea.
La tranquilidad del destino no significa que esté completamente aislado. Se puede llegar desde Fortaleza por carretera y el trayecto demanda cerca de tres horas, dependiendo de las condiciones del camino. También existe la posibilidad de arribar desde el aeropuerto de Jericoacoara, situado a menor distancia.
Por su combinación de temperaturas cálidas, playas extensas y ambiente tranquilo, este pueblo aparece como una opción diferente para quienes buscan cambiar el invierno por unos días de mar. En julio y agosto, cuando el frío domina buena parte del sur del continente, Icaraizinho de Amontada mantiene sus cocoteros, sus calles de arena y jornadas que todavía se sienten como verano.

