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El gran amor detrás del imperio Valentino

Más allá del talento creativo de Valentino, detrás de una de las casas de moda más influyentes del siglo XX existió una historia de amor y lealtad inquebrantable.

Una de las fotos posteadas en Instagram por Giancarlo Giammetti junto a Valentino con la frase: Recuerdos de una gran vida.

Una de las fotos posteadas en Instagram por Giancarlo Giammetti junto a Valentino con la frase: "Recuerdos de una gran vida".

La muerte de Valentino Garavani, ocurrida a los 93 años, volvió a poner en primer plano no solo la dimensión de su legado en la alta costura internacional, sino también la historia íntima que acompañó la construcción de su imperio.

Detrás del diseñador que convirtió la elegancia en una marca registrada y del creador que hizo del rojo un símbolo eterno, existió una relación clave, tan profunda en lo personal como decisiva en lo profesional, que atravesó más de medio siglo y fue fundamental para el éxito de la Maison Valentino.

valentino y su amor
Giancarlo Giammetti no solo fue su pareja sentimental, sino también el socio estratégico de valentino. La foto es del 31 de julio de 1960.

Giancarlo Giammetti no solo fue su pareja sentimental, sino también el socio estratégico de valentino. La foto es del 31 de julio de 1960.

Un amor cinematográfico

El inicio de ese vínculo tuvo un carácter casi cinematográfico. En 1960, en plena Roma de la posguerra y en el corazón de la vida social de la ciudad, Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti coincidieron por azar en el Café de París. La charla fue inmediata y fluida. Entre palabras compartidas, descubrieron una coincidencia que parecía menor, pero que el tiempo convertiría en destino: ambos planeaban viajar a Capri para vacacionar. Diez días después, ese encuentro fortuito se transformó en un reencuentro decisivo que daría comienzo a una historia compartida que marcaría la vida de ambos.

Ese mismo año fundaron la Maison Valentino, dando origen a una de las sociedades más estables y exitosas de la historia de la moda. Desde el primer momento, la dinámica fue clara y complementaria. Valentino aportaba el talento creativo, la visión estética y la sensibilidad artística que pronto lo convertirían en un referente global. Giammetti, en cambio, asumía un rol más silencioso, pero no menos determinante: la estructura empresarial, la estrategia, la administración y, sobre todo, la protección del universo creativo que su compañero estaba construyendo.

posteo de gianncarlo
El posteo realizado este lunes en la cuenta de Instagram @giancarlogiammetti

El posteo realizado este lunes en la cuenta de Instagram @giancarlogiammetti

Un amor que equilibraba su temperamento

Arquitecto de formación, Giancarlo Giammetti contaba con una mirada racional y pragmática que equilibraba el temperamento artístico de Valentino. Durante décadas, trabajó lejos de los reflectores, evitando el protagonismo mediático, pero convirtiéndose en una figura indispensable para el crecimiento sostenido de la firma. En el ambiente de la moda, son muchos los que coinciden en que sin su intervención constante y su visión estratégica, la carrera del diseñador no habría alcanzado la estabilidad ni la proyección internacional que la distinguió.

La relación entre ambos trascendió ampliamente el plano sentimental. En el trabajo, funcionaban con una sincronía absoluta, al punto de que quienes los conocían aseguraban que tomaban decisiones como si compartieran una misma mente. Giammetti fue, durante años, el guardián del talento de Valentino: lo protegió de los excesos del éxito, de las presiones de una industria implacable y de decisiones que podrían haber puesto en riesgo su legado creativo.

A lo largo de más de cincuenta años compartieron logros, crisis y transformaciones profundas dentro de un mundo en permanente cambio. Juntos atravesaron el auge de la alta costura, la expansión del prêt-à-porter y la consolidación de Valentino como sinónimo de lujo, elegancia y sofisticación. Mientras el diseñador se convertía en una figura célebre y reconocida a nivel mundial, su socio permanecía en un segundo plano, asegurando que cada engranaje del imperio funcionara con precisión.

“Mi vida comenzó con Valentino”

La importancia de este vínculo quedó reflejada en las palabras del propio Giammetti, quien en distintas oportunidades expresó: “Siempre sentí que mi vida comenzó cuando conocí a Valentino”. Una frase que sintetiza la profundidad de una relación basada en la admiración mutua, la lealtad y un compromiso compartido que fue mucho más allá de lo profesional.

En 2008, el documental Valentino: The Last Emperor, dirigido por Matt Tyrnauer, ofreció una mirada inédita sobre esta historia. La película permitió conocer no solo el genio creativo del diseñador, sino también la intimidad de la relación que sostuvo a la Maison Valentino durante décadas, revelando el rol fundamental de Giammetti como sostén emocional y estratégico.

Aunque su relación sentimental concluyó con el paso del tiempo, el vínculo nunca se quebró. Incluso tras el retiro del diseñador, Giancarlo Giammetti continuó acompañándolo y cuidando el legado de una obra construida en conjunto. Con la muerte de Valentino, esa historia compartida adquiere una nueva dimensión: la de un amor y una alianza invisible que hicieron posible la eternidad de uno de los grandes nombres de la moda mundial.