Dolor, cansancio o falta de ánimo: cuál es la solución para estos tres problemas
Profesores de Educación Física explican por qué mantenerse en movimiento es una decisión que impacta en la salud integral y te aleja del dolor.
De acuerdo con los profesores de Educación Física, no hace falta entrenar dos horas todos los días, pero sí estar activos de forma consciente.
CanvaEn una época marcada por el sedentarismo y el estrés cotidiano, la actividad física no solo es una recomendación médica: es una necesidad vital. Dos profesores de Educación Física con formación en Nutrición, Biomecánica del Movimiento Humano y Entrenamiento Personal, explican por qué mantenerse en movimiento es fundamental para vivir mejor sin importar la edad y cómo empezar aunque haya pasado mucho tiempo desde la última vez que se hizo ejercicio.
“El movimiento es una forma de estar vivos”, resume Sofía Aballay, profesora de Educación Física con formación en Nutrición. Lejos de pensar el ejercicio como una obligación, Sofía propone una visión integral: “No importa la edad. Moverse es una herramienta para cuidarnos, para sostener nuestra autonomía y para sentirnos presentes y vitales en el día a día”.
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Federico Diedrichs, especialista en Biomecánica del Movimiento Humano, complementa: “El movimiento estimula todos los sistemas del cuerpo: cardiovascular, muscular, articular y neurológico. Mejora la calidad de vida, previene enfermedades crónicas y fortalece la función cognitiva. Es una herramienta de salud multidimensional”.
Sedentarismo: un enemigo silencioso
Ambos coinciden en que el sedentarismo es una de las principales amenazas para la salud moderna. No se trata solo de no hacer ejercicio, sino de pasar la mayor parte del día en quietud. “Es como vivir en pausa”, advierte Sofía y detalla: “Nos desconecta de nuestro propósito, nos genera tensiones, fatiga y hasta afecta el ánimo y la claridad mental”.
Desde una mirada más clínica, Federico explica: “La falta de actividad física suficiente se asocia con inflamación crónica, pérdida de masa muscular, resistencia a la insulina y deterioro de la postura y la movilidad. Es uno de los factores de riesgo evitables más importantes en el mundo”.
Consecuencias físicas y emocionales de la inactividad
El cuerpo humano está diseñado para moverse, y cuando no lo hace, lo sufre. “Lo primero que se pierde es la libertad de movimiento. Aparecen dolores, rigidez, cansancio y falta de fuerza. Y lo peor es que muchas veces lo normalizamos”, dice Sofía.
A esto se suman los efectos emocionales: “Bajamos la energía, nos volvemos irritables o apáticos. El movimiento oxigena pensamientos, suelta tensiones, y nos ayuda a reconectar con lo que sentimos”, afirma.
Desde el enfoque neurofisiológico, Federico destaca que la actividad física activa neurotransmisores como la dopamina, serotonina y endorfinas, claves para el bienestar mental. “Moverse reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y previene la depresión”, enumera.
¿Y si es “tarde” para empezar?
La respuesta de ambos es unánime: nunca es tarde. “El cuerpo siempre responde si lo tratás con respeto”, asegura Sofía. “Lo importante es empezar desde donde estás, con lo que podés. A veces el bloqueo es más mental que físico”, agrega.
Federico refuerza con base científica: “El cuerpo tiene una capacidad de adaptación asombrosa. Incluso en personas mayores o con lesiones se puede mejorar la fuerza, el equilibrio y la movilidad si se trabaja con criterio”.
Por dónde empezar si pasaste años sin moverte
El primer paso, coinciden, es evaluar el punto de partida. “De menos a más es la regla”, indica Sofía. Recomienda comenzar con rutinas que utilicen el propio peso corporal y mejoren la funcionalidad general del cuerpo.
Federico sugiere enfocarse en ejercicios de bajo impacto, orientados a activar la musculatura estabilizadora, mejorar el control postural y reactivar el sistema cardiorrespiratorio. “Lo más importante es que el proceso esté guiado profesionalmente para que sea seguro y efectivo”, dijo el profesor.
¿Cuánto movimiento necesitamos realmente?
Aunque las guías internacionales recomiendan al menos 150 minutos de actividad moderada por semana, ambos entrenadores coinciden en que lo importante es integrar el movimiento a la vida diaria. “No hace falta entrenar dos horas, pero sí estar más activos, más conscientes”, dice Sofía y señala: “Caminar más, subir escaleras, moverse mientras se habla por teléfono... todo suma si se hace con intención”.
Federico aclara que incluso bloques de 10 minutos pueden marcar una diferencia si se sostienen en el tiempo: “Hay que romper la inercia del sedentarismo y generar pausas activas a lo largo del día”.
Envejecer con autonomía, fuerza y lucidez
Lejos de ser solo una herramienta de prevención, el movimiento es clave para un envejecimiento saludable. “Nos mantiene activos, lúcidos y conectados con lo que somos. La edad no define lo que podemos hacer: lo define cómo elegimos vivir”, explica la joven profesora.
Federico agrega que el ejercicio previene la sarcopenia, mejora el equilibrio y la salud ósea, y está directamente relacionado con la longevidad: “Invertir tiempo y energía en tu bienestar hoy es la mejor forma de prevenir limitaciones mañana”.
El momento de moverte es ahora
Para quienes sienten que deben hacer un cambio, ambos entrenadores tienen un mensaje claro: “Escuchá a tu cuerpo y empezá por algo que te devuelva confianza. No tenés que cambiar todo de golpe. Solo dar un paso. Tu cuerpo tiene una capacidad inmensa de sanar si lo acompañás con conciencia”.
Mientras que Federico concluye: “Cambiar el estilo de vida no es una meta inalcanzable. Es una decisión diaria. Y cuanto antes empieces, antes vas a sentirte mejor. El movimiento no solo mejora la salud: la construye”.





