Cuatro pueblos de Pehuajó donde el tiempo parece detenerse
Cada rincón guarda historias, fiestas y tradiciones únicas. Desde pulperías y estaciones ferroviarias hasta festivales y edificios históricos, los pueblos de Pehuajó invitan a descubrir la esencia del interior bonaerense.
La primavera invita a recorrer pueblos de Buenos Aires donde se respira tranquilidad, buena gastronomía y cultura local.
ShutterstockPehuajó, en el corazón bonaerense, es un territorio cargado de historia y tradición. Su nombre proviene del guaraní y significa “terreno pantanoso” o “estero profundo”, evocando el recuerdo de la batalla de Pehuajó en la Guerra de la Triple Alianza. Hoy, lejos de aquellas épocas, la región invita a recorrer pequeños pueblos rurales donde la tranquilidad y las costumbres gauchas se conservan intactas.
Cada uno de estos pueblos esconde historias únicas, festivales tradicionales y paisajes que conectan con la esencia del interior. En ellos conviven la memoria ferroviaria, los antiguos almacenes de campo, las celebraciones populares y la hospitalidad de sus habitantes.
San Bernardo de Guanaco
Este poblado, más conocido simplemente como “Guanaco”, nació alrededor de la estación ferroviaria que le dio origen. La historia lo vincula con Carlos Gardel, quien en 1912 se presentó allí junto a Francisco Martino durante la Gira del Oeste. El bar de Clímaco Scala fue escenario de esa visita y, a pesar del paso del tiempo, aún conserva el espíritu de la época gracias a la familia Gottardi, que lo mantiene activo. Hoy, quienes pasan por la zona encuentran también la parrilla “El Toscanito”, un clásico de la ruta 5 con sabores típicos de la región.
Juan José Paso
Con unos dos mil habitantes, Juan José Paso conserva la esencia de los pueblos pampeanos. La plaza central, la capilla, la delegación y los viejos almacenes de ramos generales son parte del circuito obligado. Muy cerca se encuentra la laguna “El Recado”, ideal para los amantes de la pesca de pejerreyes. En octubre, el pueblo se viste de fiesta con el festival “Paso te abraza”, que convoca a artistas locales y nacionales. Para los curiosos, la tienda de antigüedades “El Cañete” guarda objetos de campo, muebles y recuerdos de otras épocas.
Francisco Madero
Reconocido por su producción láctea y por la cosecha artesanal de manzanilla, Francisco Madero es un pueblo donde la tradición productiva se vive a flor de piel. La Fiesta de la Manzanilla, cada mes de marzo, es la ocasión en la que los vecinos y visitantes celebran este cultivo tan característico. Allí también se pueden recorrer establecimientos como el Mochegiani, donde se conserva la técnica manual del secado, o la fábrica La Esbeva, que ofrece quesos y productos lácteos regionales.
Mones Cazón
El recorrido culmina en Mones Cazón, un pueblo que sorprende por la riqueza de su patrimonio arquitectónico. La municipalidad, la iglesia, la sucursal del Banco Nación y el antiguo cine español —un elegante edificio renacentista de la década de 1920— son emblemas de su identidad. Además, instituciones como el Club Atlético Mones Cazón y el Club Social y Deportivo Independiente mantienen viva la vida cultural y deportiva de la comunidad. Sus calles tranquilas y su plaza arbolada invitan a detenerse y disfrutar del ritmo pausado del interior bonaerense.