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Así serán los viajes del futuro: 5 cambios que ya transforman el turismo en América Latina

Las búsquedas tradicionales pierden terreno, las experiencias impulsan reservas y la tecnología modifica cómo se organizan los viajes


El próximo viaje podría comenzar de una manera muy diferente: en lugar de ingresar un destino y comparar decenas de opciones, bastaría con explicarle a una inteligencia artificial cuánto dinero se dispone, cuántos días hay disponibles y qué tipo de experiencia se busca.

La tecnología es apenas uno de los cambios que atraviesa el turismo en América Latina. También se transforma el motivo por el cual se elige un destino, la manera de medir el impacto de los visitantes y la relación entre aerolíneas, hoteles, restaurantes y prestadores de actividades.

En el Día Mundial del Turismo, que se celebra cada 27 de septiembre, un análisis difundido por Despegar identificó cinco tendencias que podrían definir los viajes de los próximos años. El fenómeno se produce mientras la actividad mantiene un peso considerable en la economía regional. Durante 2025, el sector habría aportado alrededor de US$372.000 millones al producto de Centro y Sudamérica, equivalente al 7,6% de su economía. Para 2026, el Consejo Mundial de Viajes y Turismo proyectó un crecimiento regional del 4,1%, por encima del promedio mundial del 3,2%. En Argentina, la expansión prevista alcanza el 4,9%.

Cinco tendencias de turismo

1. Ya no alcanza con recibir más turistas

Durante años, el éxito de un destino se midió principalmente por el número de visitantes. La tendencia actual propone mirar también cuánto valor deja cada viaje y cómo se distribuye.

Una estadía más prolongada, el consumo en comercios locales y la contratación de gastronomía, excursiones o actividades culturales pueden generar un impacto mayor que una visita breve y concentrada en pocos prestadores.

El desafío consiste en lograr que el gasto no quede limitado a los grandes hoteles, aerolíneas o plataformas, sino que alcance a emprendimientos pequeños y comunidades vinculadas con cada destino.

2. La inteligencia artificial reemplaza parte de las búsquedas

Elegir un viaje solía implicar abrir numerosas pestañas para comparar vuelos, alojamientos, precios y opiniones. Los asistentes de inteligencia artificial comienzan a concentrar ese proceso mediante conversaciones en las que el usuario puede detallar sus preferencias.

Según cifras informadas por Despegar, su asistente generativo mantiene cerca de tres millones de conversaciones mensuales y es utilizado por el 45% de sus viajeros. Más allá de una plataforma en particular, el dato muestra un cambio de hábito: muchas personas ya no esperan solamente resultados, sino recomendaciones adaptadas a su presupuesto y forma de viajar.

3. La IA pasa de recomendar a realizar operaciones

La siguiente etapa es la llamada inteligencia artificial agéntica: sistemas capaces de ejecutar acciones y no limitarse a responder preguntas.

Las primeras experiencias desarrolladas en Brasil permitieron completar ventas mediante esta tecnología. Se trata todavía de un modelo incipiente, pero anticipa asistentes que podrían buscar, combinar y reservar diferentes servicios con menor intervención del usuario.

Ese avance también abre interrogantes. La protección de los datos personales, la transparencia de las recomendaciones y la posibilidad de revisar una compra antes de pagar serán aspectos fundamentales para construir confianza.

4. El motivo del viaje pesa más que el destino

Un recital, un festival, una competencia deportiva o una muestra cultural pueden determinar primero la fecha y recién después el lugar del viaje. El destino deja de ser necesariamente el punto de partida de la decisión.

Este comportamiento obliga a ciudades y prestadores a mirar el calendario de acontecimientos como una herramienta turística. Una actividad puntual puede activar reservas de alojamiento, gastronomía, transporte y excursiones que no se habrían producido de otra manera.

También representa una oportunidad para localidades menos tradicionales, capaces de atraer visitantes mediante propuestas culturales, deportivas o gastronómicas propias.

5. Una industria fragmentada busca conectarse

Detrás de cada viaje existe una cadena integrada por aerolíneas, alojamientos, agencias, restaurantes, transportistas y pequeños prestadores. Sin embargo, muchos de estos actores todavía utilizan sistemas que no se comunican entre sí.

La tendencia apunta a conectar inventarios, disponibilidad, pagos y reservas para que el viajero pueda organizar diferentes etapas desde un mismo lugar. Para los emprendimientos pequeños, integrarse a esas redes puede ampliar su visibilidad, aunque también existe el riesgo de depender excesivamente de grandes intermediarios digitales.

El turismo de los próximos años, entonces, no estará definido solamente por cuántas personas viajen. También importará quién decide el itinerario, cómo se distribuye el dinero y cuánto control conservará el viajero frente a sistemas tecnológicos cada vez más autónomos.