Aniversario de Los Tordos y Encuentro Lupín Lizarraga: todas las fotos y detalles de un fin de semana único
Del frío polar al calor del tercer tiempo: el Encuentro Infantil Lupín Lizarraga y el aniversario de Los Tordos Rugby Club convirtió a Mendoza en una gran fiesta deportiva.
No te pierdas la galería de fotos, al final de la nota.
Hay aniversarios que se festejan con una torta y una foto familiar. Y hay otros que prefieren poner a correr a 2.500 chicos detrás de una pelota ovalada. Los Tordos Rugby Club eligió la segunda opción para celebrar sus 65 años y transformó el fin de semana en una verdadera fiesta del rugby, con delegaciones llegadas desde distintos puntos de la Argentina y también desde Chile.
Entre el viernes 4 y el domingo 6 de septiembre, Mendoza recibió a niños de entre 5 y 14 años que participaron del Encuentro Infantil Lupín Lizarraga, una convocatoria que tuvo como escenario principal la sede de Los Tordos, sobre el carril Urquiza, y el anexo de calle Curupaytí, en Guaymallén. La dimensión del encuentro lo convirtió en uno de los grandes acontecimientos del calendario infantil del rugby mendocino.
Pero detrás de la multitud, los partidos y las camisetas de distintos colores hubo también una historia de pertenencia. El nombre del encuentro homenajea a Carlos “Lupín” Lizarraga, una figura vinculada profundamente a Los Tordos que dejó su huella como entrenador y dirigente tanto en el club como en la Unión de Rugby de Cuyo y en el rugby argentino. Lizarraga dirigió además a Los Pumitas y formó parte del Consejo Directivo de la Unión Argentina de Rugby.
Por eso, antes de que comenzara la acción en las canchas, el homenaje tuvo su propio momento. Dirigentes, entrenadores e invitados participaron de una recepción en Quinta Doña Elvira, donde Julián Saá, vicepresidente de Los Tordos, recibió a las delegaciones y entregó un presente a la familia de Lizarraga.
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El homenaje no fue solamente protocolar. En un club donde la historia tiene un peso particular, recordar a quienes ayudaron a construir la identidad azulgrana es también una manera de explicarles a las nuevas generaciones de dónde vienen.
Y mientras los adultos repasaban historias de otras épocas, los más chicos hicieron lo que mejor saben hacer: jugar.
Una pequeña Naciones Unidas del rugby
La convocatoria reunió a clubes de una geografía enorme. Desde Buenos Aires llegaron Alumni; desde La Plata, Los Tilos; también participaron Santa Fe Rugby, Estudiantes de Paraná, Mar del Plata Rugby, Jockey Club de Villa María, Gimnasia de Pergamino, Huirapuca, Natación y Gimnasia y Universitario de Tucumán, Neuquén Rugby, Roca Rugby de Río Negro, Old Boys de Chile, Universitario de San Juan y San Juan Rugby.
A ellos se sumaron los mendocinos Liceo y Marista, además del anfitrión Los Tordos.
Durante sábado y domingo, las actividades deportivas comenzaron a las 9 y se extendieron hasta las 15.30. Hubo partidos, encuentros entre camadas, juegos y las tradicionales escenas que forman parte de cualquier gran reunión de rugby infantil: chicos que se conocen jugando y terminan intercambiando camisetas, padres que hacen de fotógrafos improvisados, entrenadores que organizan grupos y familias enteras convertidas durante un fin de semana en anfitrionas.
Porque el encuentro también tuvo una dimensión doméstica y comunitaria. Muchas de las familias visitantes fueron recibidas en casas de familias mendocinas, una práctica que el propio club destacó especialmente como parte de la organización.
“Ha sido un evento histórico para Los Tordos”, resumió Fernando Higgs, uno de los responsables de la organización, al destacar tanto la cantidad de clubes y niños como la participación de buena parte de la familia azulgrana en la logística y atención de los visitantes.
El presidente de Los Tordos, Juan Cruz Cardoso, también puso el foco en ese aspecto: el encuentro involucró a toda la familia del club y contó con la colaboración de instituciones locales como Marista y Liceo.
Rugby, pero también comunidad
El encuentro tuvo además un costado solidario. En colaboración con el Centro Regional de Hemoterapia se realizó una colecta de sangre, incorporando a la agenda deportiva una acción que buscó involucrar a jugadores, familias y visitantes.
También hubo activaciones de sponsors, juegos y sorteos, mientras que el Ministerio de Educación, Cultura, Infancias y DGE contó con un espacio para difundir programas destinados a niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad: Yo Creo, destinado al acogimiento familiar temporario; Te acompaño, de padrinazgo y madrinazgo; y Vamos Juntos, orientado al voluntariado en residencias.
La presencia institucional también acompañó la jornada. Entre los invitados estuvieron el ministro de Gobierno, Natalio Mema; el presidente provisional del Senado, Martín Kerchner; y el subsecretario de Deportes, Federico Chiapetta.
Y después del rugby, Los Pumas
El fin de semana tuvo además un ingrediente imposible de ignorar: los chicos y las delegaciones visitantes fueron protagonistas y espectadores de una experiencia que para muchos seguramente quedará como uno de los recuerdos deportivos de su infancia.
El sábado por la tarde llegaron al estadio Malvinas Argentinas para asistir al test match entre Los Pumas y Australia, otro de los grandes acontecimientos deportivos que Mendoza recibió durante esos días.
Así, el Encuentro Lupín Lizarraga terminó excediendo las dimensiones de un torneo infantil. Para muchos chicos significó viajar, conocer otros clubes, hacer nuevos amigos y jugar al rugby con chicos de otras provincias y de otro país. Para sus familias, fue también una excusa para encontrarse con otras familias del ambiente y descubrir Mendoza.
Y para Los Tordos, fue una manera particularmente coherente de celebrar sus 65 años: abriendo las puertas del club y convirtiéndolo durante tres días en la casa común de una enorme familia ovalada.
En tiempos en los que el deporte suele medirse en resultados, tablas y campeonatos, el Lupín Lizarraga recordó algo bastante más sencillo: que en las categorías infantiles el verdadero triunfo puede ser que miles de chicos terminen el fin de semana con las rodillas embarradas, una sonrisa y varios amigos nuevos.
Y que una pelota de rugby siga siendo, como tantas veces en la historia de los clubes, una extraordinaria manera de juntar gente.



































