A una hora de las Cataratas: el pequeño pueblo de Brasil rodeado por la selva del Iguazú
Selva atlántica, caminos rurales y apenas unos 5.000 habitantes rodean a este pueblo ubicado a poco más de una hora de Foz do Iguaçu.
Las Cataratas del Iguazú concentran buena parte de las miradas en esta región de Brasil, pero a unos 60 kilómetros de Foz do Iguaçu aparece Serranópolis do Iguaçu. Este pequeño pueblo de Paraná permite descubrir otra cara del mismo paisaje, donde la selva no es solo una excursión, sino que ocupa buena parte de su territorio municipal.
El dato es llamativo: de los cerca de 483 kilómetros cuadrados que posee actualmente el municipio, 287,6 pertenecen al Parque Nacional do Iguaçu. Es decir, casi el 60% de su superficie forma parte del área protegida que conserva uno de los mayores remanentes de Mata Atlántica del sur de Brasil.
Fuera del bosque aparecen campos agrícolas, caminos rurales y un casco urbano pequeño. En todo el municipio viven poco más de 5.000 personas, y la agricultura continúa siendo una de sus principales actividades económicas. Esa combinación entre chacras y una enorme masa de selva es justamente una de las imágenes que diferencia al pueblo.
Serranópolis do Iguaçu: Qué hacer en el pueblo
Una de las alternativas para acercarse al entorno natural es la Trilha da Onça, incluida dentro del Polo Silva Jardim del Parque Nacional do Iguaçu. El recorrido tiene unos 11 kilómetros, cuenta con diferentes accesos y está habilitado para caminatas y ciclismo. Su propuesta está especialmente vinculada con la interpretación ambiental y la conservación del yaguareté.
El turismo rural también tiene presencia en los alrededores. Existen circuitos en bicicleta que atraviesan propiedades productivas y caminos de campo, con paradas donde se elaboran vinos y productos coloniales, cultivos de frutillas y espacios para pasar algunas horas junto a la naturaleza.
La ubicación permite además usar Serranópolis como complemento de un viaje a las Cataratas del Iguazú. Desde Foz do Iguaçu son aproximadamente 60 a 70 kilómetros por carretera, según el recorrido elegido, por lo que el traslado demora alrededor de una hora. La diferencia es que aquí desaparecen las grandes concentraciones de visitantes y aparecen paisajes rurales pegados a la selva.
Así, este pueblo puede sumar una parada poco habitual a uno de los viajes más conocidos de Brasil. El gran atractivo no está en intentar competir con las Cataratas, sino precisamente en descubrir qué hay del otro lado del Parque Nacional: pequeñas comunidades, caminos entre cultivos y kilómetros de Mata Atlántica que continúan mucho más allá de las pasarelas de Foz.


