Panqueque con dulce de leche al horno: la versión argenta más tentadora
Esta versión de la receta es ideal para no renegar frente a la hornalla, solo mezclás, horneás y disfrutás. ¡Probalo!
Los panqueques con dulce de leche son un clásico de meriendas domingueras, pero esta versión viene con un giro muy rendidor, y es que en vez de hacer uno por uno en la sartén, vamos directo al horno. Es rápido, rico, y dejará a todos pidiendo otra porción.
El truco de esta receta está en combinar esa suavidad que todos aman de los panqueques con una cocción que no te deja transpirando frente al fuego. El horno hace su trabajo y vos te dedicás a cebar mates o a simplemente preparar el postre sin estrés. Ideal para compartir, o también para guardar y calentar al otro día con un café con leche bien calentito.
Esta receta lleva pocos ingredientes y se adapta perfecto si tenés ganas de sumar bananas, nueces, chips de chocolate o hasta un toque de canela. Si sos del team salado, te dejo un tip al final para tunearla con jamón y queso.
Ingredientes (para una fuente mediana):
- 1 taza de harina (puede ser 0000 o integral si querés más textura)
- 1 taza de leche (entera o vegetal, va con lo que tengas)
- 2 huevos
- 1 cucharada de azúcar
- 1 pizca de sal
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- Dulce de leche a gusto
- Manteca o aceite para engrasar la fuente
Paso a paso:
- Precalentá el horno a 180°C mientras preparás todo. Es clave que esté bien caliente para que la masa suba y se dore como corresponde.
- En un bowl, batí los huevos con la leche, el azúcar, la vainilla y la pizca de sal. Cuando esté bien integrado, sumá la harina de a poco y seguí batiendo hasta que no queden grumos. Si tenés licuadora, lo hacés en 30 segundos y queda perfecto.
- Engrasá una fuente con manteca o aceite. Verté una parte de la mezcla y luego agregá cucharadas generosas de dulce de leche distribuidas por toda la superficie. Después volcás el resto de la mezcla por arriba, como si lo estuvieras tapando.
- Llevalo al horno durante 30 a 35 minutos, o hasta que esté doradito y con los bordes bien inflados. Se va a formar una costrita en la parte superior que es gloriosa.
- Dejalo enfriar apenas y servilo tibio, espolvoreado con azúcar impalpable, frutas, crema o lo que tengas a mano.
Si querés una versión salada, en lugar de azúcar y esencia de vainilla, sumá una pizca de pimienta y rellenalo con queso rallado, jamón, cebollita de verdeo o lo que tengas. ¡Riquísimo!