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Patricio Santos: "Los enólogos nunca estamos totalmente convencidos del vino que hicimos"

Así opina este referente del vino argentino, que con motivo de la celebración del Día del Enólogo habló con MDZ. El especialista es hijo del llamado "Padre del Malbec", Ricardo Santos.
Uno de los hacedores del vino argentino, Patricio Santos. Foto: Rodrigo DAngelo / MDZ
Uno de los hacedores del vino argentino, Patricio Santos. Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

El 07 de septiembre se celebró un nuevo día del enólogo y por ese motivo hablamos con uno de ellos, que tiene una visión particular del rol que ocupan hoy los profesionales del sector. Una mirada acorde y amplia por haber pasado por varias bodegas y hoy estar a cargo de la bodega familiar. 

Patricio Santos es hijo del llamado "Padre del Malbec" (Ricardo Santos) y también es Ingeniero Agrónomo recibido en la Universidad Nacional de Cuyo, tiene un Master en Viticultura y Enología en la Universidad de California, en Davis, Estados Unidos. Además de haber trabajado en varias bodega de Argentina y California. 

Hoy junto a su familia lleva adelante la bodega familiar Ricardo Santos, ubicada en Rusell, Maipú y producen varias líneas de vinos que tienen mucha aceptación entre los consumidores, por ser vinos elegantes y equilibrados... Vinos que responden a las demandas de un consumidor moderno y sobrio. 

Aquí podés ver la nota completa junto a Patricio Santos, de Bodega Ricardo Santos: 

Y en los siguientes párrafos un extracto de todo lo interesante que se charló en la nota con Patricio: 

Una actividad que es una pasión para Patricio. Rodrigo D'Angelo / MDZ

¿Qué cambió en estos últimos treinta años del vino? El enólogo tenía otra función. Contame vos... 

El vino era parte de la dieta diaria de los argentinos. En mi casa se tomaba vino al mediodía y en la noche. Es más, me acuerdo el día que mi padre dijo no voy a tomar más vino al mediodía, lo voy a tomar a la noche porque después se me complica trabajar. Hoy ha habido un cambio cultural en todos lados. Antes el vino era blanco o tinto, básicamente. Y era como el pan: uno compraba el pan en la panadería más cercana. Fácil. Bueno, así era el vino.

En la década del 90 se empezó a sofisticar el consumidor y se empezaron a sofisticar las bodegas. También estos establecimientos comenzaron a demandar técnicos de afuera y a traerlos, a importar equipamiento, maquinaria, vides. Ese fue un proceso muy genuino, porque la verdad es que no hubo ningún apoyo, no hubo ninguna sugerencia ni del Estado nacional ni provincial, sino que se produjo porque simplemente las bodegas vimos que estaba esa necesidad y que teníamos que evolucionar. 

¿Hoy tenemos que pensar en el mercado interno porque lo hemos perdido?

El mercado interno sigue siendo muy interesante. Muchas de las inversiones extranjeras que vinieron a la Argentina con el solo objetivo de producir para exportar, terminaron vendiendo en el mercado interno, y eso demuestra que es un mercado que hay que seguir explotando. Es un mercado que se sofistica. Creo que tenemos que apuntar a los dos mercados, sin descuidar ninguno de los dos.

Una entrevista en que se tocaron varios temas. Rodrigo D'Angelo / MDZ

¿Qué opinión tenés de estos vinos con baja graduación alcohólica, de la tendencia a sacar el alcohol al vino? 

A mí me parece que está bien. Todo lo que sea para sumar está bien. Pero hay que ser claros: cuando el consumidor que compre una botella sepa que está comprando algo que no tiene alcohol y que lo han sacado, no debe sentirse estafado. Todo esto suma. ¿Es la solución para que repunte el consumo? Probablemente no, pero es algo más. 

¿Cómo ves todo este panorama, el juego con el consumidor, tanto que se habla de vinos, los influencers, y demás? 

Me crié en una época donde había cuatro o cinco periodistas gastronómicos, que hablaban de vinos también. Eran de vino, de comida, de buena vida, de todo. Pero además estaban dirigidos a un público muy especial. Creo que la aparición de otra gente con otros medios está bueno, porque incorporó gente joven al consumo. La gente que los sigue empezó a interesarse, a buscar cosas nuevas. Así es que sí, creo que le hacen bien a la industria.

Eso sí: pueden cansar un poco si hay exceso, si saturan. Hay que simplificar el mensaje. Primero, ver a quién va dirigido y qué decimos. Hay que hacer algo simple y claro para que le llegue el consumidor masivo. Después está el consumidor de alta escuela, que sabe mucho, y que requerirá de otro tipo de comunicación más específica. 

¿Qué significa ser enólogo en Mendoza, en la Argentina hoy? 

En el caso de la bodega chica como la que tenemos nosotros ser enólogo significa manejar el viñedo, manejar la uva, hacer los deliverys, entregar el vino, todo. Eso lo hace también interesante. En alguna bodega más grande habrá especialistas en distintos rubros dentro de la enología. Es una gran actividad hacer vinos. Es una pasión. Algo que yo siempre digo es que los enólogos nunca estamos convencidos totalmente del vino que hicimos. Voy a cambiarlo el año que viene para mejorarlo. O sea, no nos conformamos. Somos totalmente inconformistas.