Roberto González: "El vino dejó de ocupar un lugar importante en el consumidor argentino"
Roberto González es uno de los grandes estudiosos y referentes que tiene el vino en la Argentina. Con una vasta trayectoria, hoy preside la Academia Argentina de la Vid y el Vino, que está avalada por la OIV (Organización Internacional de la Viña y el Vino).
Es el enólogo de Bodega Nieto Senetiner, que está ubicada en Luján de Cuyo y quizá sea la persona que mejor entiende la variedad Bonarda en todo el territorio nacional.
En esta nota, su visión sobre las nuevas modalidades de consumo y las tendencias actuales que sobrevuelan a las nuevas generaciones que se incorporan al mundo del vino. También los aspectos culturales que tiene la bebida frente a otras opciones. Una charla para disfrutar.
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A continuación un resumen de todo lo que se habló en la nota:
-¿Cómo está la situación del vino en la Argentina?
-En el mundo del vino hay que entender el pasado, para justificar el presente y poder proyectar el futuro. Cuando uno mira la actualidad de la Argentina es evidente que estamos viviendo una migración o una pérdida de de consumidores en el mundo del vino.
Cuando me recibí de enólogo en la década del 80 veníamos de una transformación violenta de la de la vitivinicultura. Fuimos del consumo de 90 litros per cápita en la década del 70 para terminar en 40 o 45 hacia hacia los 90, con una transformación de la vitivinicultura semejante a lo que estamos viviendo en la actualidad. Eso hizo que la vitivinicultura se especializara y apareciera el Malbec como estrella.
-Fue una innovación y se dio en un momento de crisis. Ahora te traigo al presente. Estamos en una misma situación de crisis, ya con un Malbec instalado y todo pareciera que el mundo va hacia vinos con menos graduación alcohólica, vinos blancos. ¿Argentina ahí tiene que hacer un trabajito al respecto?
-Las tendencias mundiales muestran un modelo de frescura y cada vez menos alcohol. El cual abre dos puertas: una son los vinos blancos, un gran desafío que tiene la Argentina. No tenemos grandes blancos ni nos destacamos a nivel internacional, o nivel masivo con vinos blancos como pasa cruzando la frontera. En Chile desarrollan un excelente Chardonnay o Sauvignon Blanc. Nosotros sí tenemos algunos en nichos de precios con buen puntaje, pero sigue siendo muy “border” todo. Hoy, hay que decirlo, evidentemente el gran tema por el mayor consumo que se está dando en el mundo del vino mundial es el de los vinos blancos. Adolecemos de una categoría y de ser competitivos internacionalmente.
Y el otro problema que tiene el vino argentino es lograr el bajo contenido de alcohol. Sabemos por los estudios que hemos realizado en la bodega que la generación de los 25 años hacia abajo en edad bebe distinto, busca más la frescura, la naturalidad y menos alcohol. No se lo toman en una copa normal, sino que muchas veces beben el vino con hielo, lo piensan como una bebida refrescante, y de eso nació una nueva línea que es el cóctel con vinos pensados para ese público.
Si no enseñamos a esa juventud a beber, vamos a perder los consumidores de alta gama en el futuro. Enseñar es una forma de protección de la industria.
-En la Argentina había una cultura del vino: nuestros abuelos la transmitían a nuestros padres y ellos a nosotros ¿Cambio eso?
-El primer elemento de cambio cultural que sufre la Argentina es que el vino deja de ser una bebida importante dentro de la mesa de los argentinos. Dejó de estar en la mesa de todos los días, por lo tanto ese es un tema de pérdida de consumidores. Y la clave es tratar de recuperar consumidores en los eventos sociales, los sunsets, boliches, para poder mantener algunos números.
-Frente a toda esta discusión sobre la alimentación saludable, el vino tendría una ventaja ¿o no?
-Hoy le hemos colocado nuevos adjetivos al vino, pero en realidad es un producto totalmente de origen natural, más allá que algunos le digamos orgánico o natural. El vino por naturaleza es lo más natural que existe. Por eso Pasteur decía que el vino era la mejor bebida. Inclusive dentro de una dieta mediterránea, la apertura que da estos productos, hace bien a la salud humana. Está reconocido a nivel internacional que la dieta mediterránea es la más sana, el vino está allí y uno lo comprueba con las tasas de longevidad de esa población, que son más altas que el resto.


