Conoce la verdad tras la visita de Juan Carlos y Sofía al rodaje de una película: ¿qué problema tuvieron con Sara Montiel?
Sophia Loren, uno de los íconos sexuales de la década de los 60 en Europa, tuvo un encuentro con Sofía de Grecia y Juan Carlos I, antes de que sean la reina y el rey de España. El rey emérito y la reina madre vivían en el Palacio de la Zarzuela, bajo la protección del dictador Francisco Franco, quien intentaba forjar buenas relaciones internacionales a través de ellos.
Te puede interesar
Estos son los números de la suerte de hoy domingo 8 de marzo
La visita de Juan Carlos I y Sofía de Grecia al rodaje de La Caída del Imperio Romano
Aún siendo "príncipe de España", el 8 de julio de 1963, Juan Carlos I visitó la localidad madrileña de Las Matas con su esposa, Sofía de Grecia. Allí se encontraron con la reconocida Sophia Loren y otros actores, como Stephen Boyd y Christopher Plummer, que protagonizaron la película La caída del Imperio Romano, dirigida por Anthony Mann.
En el set de rodaje conversaron con actores, productores y asistentes acerca de cómo estaba yendo el rodaje en Madrid. El film fue uno de los más exitosos del momento, con una producción muy importante. De hecho, ganó el Premio Globo de Oro a la Mejor música.
El problema de Sara Montiel con la película
El ingreso de Sara Montiel a esta historia tiene que ver directamente con Sophia Loren. La actriz española era la esposa de Anthony Mann, el director del film, y la indicada para ser protagonista, pero estaba trabajando en otra película, por lo que le sugirió a su esposo que la italiana era "muy guapa" y por lo tanto una buena opción para ser protagonista.
Sin embargo, la artista manchega se cabreó con Anthony Mann y Samuel Bronston, productor del largometraje, debido a que ella quería un papel específico.
Entonces, un día, cuando estaban a punto de salir rumbo al set de rodaje en Las Rozas de Madrid, comenzó a gritar "¡Me encuentro muy mal! Hay que llamar al doctor Estébanez. ¡Me muero!", mientras Sophia Loren los esperaba a ella y a su marido en el coche.
Anthony Mann se dio cuenta de que todo era un engaño y se enojó con su esposa, al punto de que se fue a otro piso de Madrid hasta terminar de rodar la película.

