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Marcelo Belmonte: “Argentina está posicionada como productor de vinos de calidad”

Es uno de los referentes del mundo del vino. Tiene a su cargo bodegas como Trapiche o El Esteco. Su análisis sobre la realidad de la industria y sus proyecciones futuras. Una economía que aporta valor y cada vez se vuelve más competitiva.
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Cuando queremos indagar en lo que sucede en la industria del vino, hoy podemos explorar diferentes apéndices que conforman un todo. Sin dudas, una de las voces autorizadas en la materia es el director de Viticultura y Enología del Grupo Peñaflor, con el gran pool de bodegas que la integran: Bodega Trapiche, Finca Las Moras, El Esteco, Trapiche Costa & Pampa, Navarro Correas o Suter, entre otras. 

Marcelo Belmonte es Ingeniero Agrónomo recibido en la Universidad Nacional de Cuyo, y tiene un conocimiento profundo sobre el desarrollo del vino en la Argentina. Lo enfatizó en la Universidad de California, Davis, en Estados Unidos, haciendo foco en el impacto del manejo de viñedos. Lleva casi 20 años dentro de este grupo de bodegas. 

- ¿Cómo hay que percibir hoy al mundo del vino?
- Es una pregunta de gran complejidad y con cierto grado de profundidad, porque hoy el mundo del vino tiene muchas aristas para analizar en toda su cadena de valor. Si a esa ecuación la insertas en la Argentina, se vuelve aún más complejo el análisis. Hay una realidad productiva entramada en nuestro país y en concreto en la producción primaria. Cuando uno mira las estadísticas, hubo una gran variación de varietales y también una gran modificación de los sistemas de producción.

Belmonte está al frente de uno de los grupos más importantes de vinos de Argentina.

Podemos decir que la producción argentina está decreciendo, y los promedios de producción que hace un tiempo estaban cerca de los 24 millones y medio de quintales, hoy lo vemos más cerca los de 21 millones. Cierto es que la situación climática en los últimos años ha planteado un desafío fuerte a la producción primaria, con tendencias productivas a la baja y una falta de modernización en inversión en los viñedos. 

- ¿Es lógico que esté sucediendo esto?
- Es una tendencia que debería revertirse. Al mismo tiempo, creo que Argentina tiene todavía muchas oportunidades. Estamos focalizados en las zonas tradicionales y creo que Argentina es un país tan extenso en latitud... Nosotros ya estamos explorando nuevas zonas de producción. Ya se pueden ver nuevos proyectos en Argentina que están incursionando en lugares más extremos.

Me parece que hay mucho valor en lugares no explorados y en quienes se animan a experimentar en ellos. Incluso en las zonas tradicionales hay un desafío para seguir explorando. Nosotros venimos realizado un trabajo minucioso junto a organismos de renombre científico, como el INTA o el CONICET, para que por medio de nuestra área de Investigación y Desarrollo, encontremos valores y productos irrepetibles en estas zonas clásicas del país: los ensayos han puesto foco en la zona este de Mendoza, particularmente en un viñedo que tenemos en Santa Rosa. 

Pero es cierto también que hay nuevas zonas que se están poniendo arriba del mapa: la zona del Océano Atlántico, la Patagonia profunda, el Norte, y eso le suma mucho valor a Argentina, pues muchas veces éramos tildados como menos diversos que otros países. Recién se está iniciando ese proceso de diversidad en el vino argentino. 

- La sequía afectó…
- Sin duda que ha afectado. Hay un envejecimiento en los encepados, y cuando uno mira la Argentina debería estar reconvirtiendo en promedio siete u ocho mil hectáreas por año para mantener su edad promedio de viñedos. Eso no está pasando y los niveles de reconversión están por debajo de esa tasa, y es por ello que hay un envejecimiento de los viñedos. Las inversiones han migrado a las zonas de mayor calidad, como puede ser Valle de Uco, que es otra realidad productiva, donde hay proyectos, viñedos más nuevos con clones modernos, con ríos tecnificados, con mayor nivel de mecanización. 

Obviamente no hay duda de que estos ciclos tan prolongados de falta de nevadas, afectan de manera significativa. En ese contexto hay que adaptarse y pensar en otros sistemas de conducción, empezar a valorar otras variedades más continentales y menos demandantes del recurso hídrico. 

- Y en particular, en lo que se refiere a la calidad de los vinos argentinos ¿cuál es tu mirada?

- La evolución tecnológica en los estilos de vinos de nuestras bodegas en Argentina tiene un claro avance en los últimos 30 años. Creo que ahora Argentina está encontrando su propia identidad y hay muchos enólogos que ayudaron a desafiar nuestras elaboraciones tradicionales. Nos abrieron la cabeza, por decirlo de alguna forma. Y ahora estamos en un estadio donde la misma industria, los mismos viticultores, los mismos enólogos están mostrando su propio estilo y su propia impronta y eso lo reflejan los distintos puntajes de vinos argentinos en el mundo. El país está posicionado como un productor de vinos de calidad.

La apuesta por otros varietales puede ser la clave, según el especialista.

- Y en ese sentido, ¿Hay que seguir con Malbec, profundizarlo, o empezar a mostrar otras variedades? 

- Malbec va a seguir siendo nuestra variedad emblemática y creo que no hay que dejar de trabajar en Malbec y seguir a su vez empujando la calidad para que siga siendo la bandera argentina en el mundo del vino, ya que es una bendición tener una variedad que se da así en el país. 

Lo que está demostrando Argentina con el Malbec es que, gracias a los inmigrantes, a la prueba y al error, hemos logrado que sea la variedad que mejor refleja nuestra marcha climática. Pero sin duda, hay alternativas. Argentina puede producir grandes Cabernets (Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc). El Cabernet Sauvignon es una variedad muy sensible al manejo y tenemos las condiciones de clima y suelo para producir grandes vinos en este sentido. 

- ¿Te gusta esta idea del Cabernet Sauvignon?

- Si, claro. A mí el Cabernet Sauvignon me mueve mucho y es un desafío para Argentina, porque te decía es una variedad que responde mucho al manejo del viñedo. Por mi historia en Napa y estudiar el riego de Cabernet Sauvignon en California, que es un lugar mítico de calidad para esta cepa. Además, es la variedad que atrae el mercado mundial de vinos y tenemos condiciones para producir grandes exponentes en este sentido. Necesitamos focalizarnos en Cabernet Sauvignon y se requieren nuevas plantaciones de esta variedad. 

De hecho hay un clon de Cabernet Sauvignon en la Argentina que se perdió: conocido como el “clon Mendoza” y estamos en camino a repatriarlo. A la misión la llamo: “la vuelta a casa”, porque es un clon de altísima calidad que de alguna forma salió de nuestro país y se perdió. Y hoy da vinos de excelente calidad en Estados Unidos, particularmente en California. Quizá el fruto de ese trabajo no lo vea yo, pero esta es una industria a largo plazo y es muy probable que las nuevas generaciones disfruten de nuevo de ese material.

- Hoy estar al frente de la viticultura de uno de los mayores productores del vino del mundo es un enorme desafío…

- El Grupo Peñaflor, por medio de Bodega Trapiche y las demás bodegas con sus diferentes terruños en el país transmite de manera constante la exploración de todas las regiones vitícolas de la Argentina. A su vez, es un grupo de bodegas que presenta productos de valor en cada segmento de consumo. Y muchas veces, la industria focaliza sus discursos en la punta de la pirámide de consumo (que está bien), pero nuestro desafío es producir valor en esos distintos segmentos del mercado. 

Por lo cual, la capacidad de todos nuestros equipos (producción, agronómicos, distribución, comercialización y demás) están focalizados en dar absoluta calidad en cada uno de esos segmentos. Queremos que el consumidor de todos los días esté con vinos de nuestras bodegas. 

Lo cierto es que hay para todos: aquel explorador de nuevos terruños tiene grandes opciones con todos los terruños extremos que estamos explorando; los consumidores que buscan un producto más joven pueden inclinarse por las grandes opciones que hoy está presentando Finca Las Moras, o Navarro Correas. Tampoco queremos que el vino se transforme en algo tan sofisticado que termine alejando a los consumidores. Es por eso que estamos en todas las regiones de la Argentina, en los distintos segmentos del mercado y nuestro foco es la calidad.

- Y los consumidores a nivel internacional ¿Cómo definís ese escenario?

- Afuera estamos en más de 90 países. Y la compañía ha ido desarrollando muchos mercados en el mundo y nos obliga a entender distintos tipos de consumidor. Estados Unidos sigue siendo ese principal consumidor de nuestros vinos, pero Canadá, Reino Unido, Brasil y Asia son mercados muy atractivos, donde hay mucho para crecer. Y sería de gran ayuda tratados de libre comercio con diferentes países en el mundo para poder dar el salto. Sólo somos el 2,5% del vino importado que se consume en el planeta. Y al ser una industria a largo plazo, la estabilidad macroeconómica es muy importante para empezar a ver resultados. 

- ¿Hoy Argentina produce el mejor vino posible?

- Es una pregunta compleja. Todo puede ser mejorado, hemos llegado a un muy buen nivel, pero creo que en 10 años vamos a estar en otro lugar. El aprendizaje adquirido siempre te va a permitir ir mejorando y si pensamos que estamos en el techo estamos complicados. Pero si puedo decirte que en relación a lo que hemos hecho, no tengo dudas que estamos ante la mejor versión. 

Claramente no hubiéramos llegado a donde estamos sin haber pasado por todo el aprendizaje que hemos transitado estos últimos años. Con grandes maestros como Michel Rolland, Paul Hobbs o Alberto Antonini que ayudaron a desarrollar un pensamiento crítico que Argentina no tenía. 

- ¿Y el mayor desafío, en el corto plazo cual sería?

- Sin dudas, adaptarnos a esta nueva realidad post pandemia que ha ocasionado un fenómeno inflacionario en el mundo, ni que hablar dentro de la Argentina. Y el impacto que tendrá en el costo de vida de los consumidores, que no deja de ser un desafío para la industria toda. 

El desafío es cómo adaptarse para que ese consumidor castigado por esta situación no se vaya del vino y cómo somos más eficientes en un paradigma mucho más competitivo. Es un ambiente más incierto, más volátil, más cambiante y tenemos que ser flexibles y reactivos a esos cambios.