Cuál es la religión de Máxima de los Países Bajos y por qué choca con el país
Cuando Máxima de los Países Bajos, en aquel entonces conocida como Máxima Zorreguieta, se casó con el entonces príncipe Guillermo Alejandro, lo hizo bajo la religión que profesa el pueblo holandés: el protestantismo.
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Aunque la argentina aceptó, por razones más que evidentes, casarse bajo la religión del país que la aceptaba como princesa, ella no cambió sus convicciones católicas. Esto no gustó mucho al principio a los holandeses, pero dado el carisma y el cariño que profesa con los neerlandeses; lo terminaron aceptando.
Trece años después de aquel día, el actual rey Guillermo Alejandro, habló al respecto en una de sus visitas oficiales a Dinamarca. El monarca dijo en aquella ocasión:
“La religión de Máxima nunca ha sido un problema para mí y mucho menos para mi familia”, afirmó el rey, haciendo referencia a su tía Irene y a sus primos Borbón Parma, quienes también practican el catolicismo.
El rey continuó diciendo: "Estoy orgulloso porque ella ha seguido con sus convicciones, con lo que verdaderamente piensa y cree. No creo que la fe se pueda cambiar de un día para otro, así que entiendo que Máxima ni pensase en pasarse al protestantismo”.
El rey Guillermo Alejandro, un gran soporte para la reina Máxima
Desde que contrajeron matrimonio, Guillermo Alejandro ha mostrado su total apoyo a las creencias de Máxima de los Países Bajos, tanto es así que incluso la acompañó en la misa de inauguración del Papa Francisco, quien precisamente es argentino igual que ella.
Asimismo, como cuentan algunos allegados a la familia real de los Países Bajos, el soberano está muy conforme con la idea de que las hijas crezcan conociendo tanto el protestantismo como el catolicismo y que una vez que sean mayores, puedan elegir aquella religión que más se adapte a sus creencias. Eso sí, de forma privada, ya que de cara al público, al menos la princesa heredera, Amalia, debe seguir la religión de su país.
Es realmente sorprendente el caso de Máxima, puesto que otras familias reales no han sido tan tolerantes con las nuevas incorporaciones fuera del linaje real y menos en lo que respecta a religión. Un claro ejemplo es el de Mary de Dinamarca, quien tuvo que abrazar la religión oficial del estado y olvidar la suya de origen.
Recordemos que Mary de Dinamarca es australiana y se crió bajo los valores presbiterianos, pero por amor optó por la Iglesia Luterana Evangélica, la que profesa el pueblo danés. Por otro lado, está el caso de la princesa Charlène de Mónaco, quien vive bajo los dogmas católicos desde su matrimonio con el príncipe Alberto, aunque ella provenía de la creencia protestante africana.

