Claves para dejar de comer alimentos hechos con harina blanca

Claves para dejar de comer alimentos hechos con harina blanca

La nutricionista Elzita Borges comparte tips para abandonar la harina de trigo y reemplazarla por otras más saludables.

Esther Cano

El abuso de las harinas refinadas (especialmente la de trigo) y el consumo excesivo de productos ultraprocesados está dando como resultado una dieta pobre en micronutrientes, y termina generando un acostumbramiento en la población que deja de lado alimentos mucho más nutritivos. Pero ¿Cómo empezar a dejar las harinas? Es la pregunta del millón. 

El abuso de harinas refinadas genera un dieta pobre en macronutrientes. 

Si bien en los últimos tiempos hay mucha más información nutricional y conciencia acerca de la importancia de mantener una dieta más saludable, resulta difícil cambiar ciertos hábitos de alimentación que están muy arraigados.  “No es necesario eliminar totalmente las harinas de nuestras vidas. Sí es mejor conocer las opciones que hay a la harina de trigo y poder elegir la que realmente conviene más. Hay un mundo de harinas más nutritivas que las refinadas que podemos incorporar a diario”, asegura la nutricionista Elzita Borges, experta en nutrición de embarazadas, bebés y niños. La especialista comparte con MDZ algunas claves para dejar de comer harina blanca y buscar reemplazos más saludables y nutritivos.

“Lo primero que hay que hacer es comenzar a deconstruir ese paladar súper acostumbrado al sabor de los productos hechos con harina de trigo” afirma la nutricionista. Para que resulte efectivo ella no recomienda un cambio drástico, sino paulatino. Es conveniente empezar dejando los “productos de paquete” para adaptar tu paladar.

Lo segundo, reemplazar la harina blanca por harina integral. Y modificar en pequeños porcentajes la cantidad de una y otra en una receta. “Por ejemplo si una receta dice 2 tazas de harina de trigo, la primera prueba puede ser colocar 1 taza y media de harina de trigo y 1/2 de otra variedad más nutritiva como puede ser harina de avena, frutos secos, legumbres, o de semillas”, advierte la nutricionista.

Se puede modificar las recetas añadiendo otras harinas para disminuir la cantidad de la harina de trigo utilizada.

En el caso de continuar utilizando harina de trigo es importante sumar en esas preparaciones alimentos nutritivos como verduras, legumbres, o frutos secos. “Les recomiendo que se animen a probar harinas bajas en carbohidratos como la de almendras y la de coco. Aunque advierto que no tienen la misma textura y el sabor que la más convencional de trigo”, asegura la experta en nutrición. 

Es importante incorporar harinas alternativas como la de garbanzos, arvejas, lentejas, soja y  algarroba, sin gluten.

Deben recordar que se define a la harina como el producto de molienda de un grano, que puede ser de algún cereal, legumbre, fruto seco o semilla.

Las harinas de legumbres como la de garbanzos, arvejas, lentejas, soja y algarroba son sin gluten, tienen un excelente aporte nutricional por su gran concentración proteica, buena fuente de hidratos y grasas de calidad. 

Las harinas realizadas con frutos secos son las más recomendadas por su alto valor nutricional. 

Otra excelente opción son las harinas realizadas con la molienda de frutos secos y semillas como la de coco, castaña de cajú, almendras, nueces, lino, sésamo, girasol o chía. Tampoco contienen gluten así que son aptas para celíacos. “Son las más recomendadas para el consumo diario por la calidad nutricional que tienen. Bajas en hidratos, altas en grasa de calidad, muy favorables para personas con síndromes metabólicos”,  aclara Borges, creador del IG @nutricion.maternoinfantil.

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