Riesgo País, política y la pregunta del mercado: ¿por qué falta tanto para el 2027?
La deuda soberana cerró una semana negativa y volvió a mostrar una sensibilidad mayor que otros activos comparables. El giro de la Reserva Federal, el crudo por encima de los US$ 100 y las dudas domésticas sobre crecimiento, precios y poder abrieron una nueva etapa de cautela entre operadores locales.
Luis Caputo y Javier Milei a la salida de la Asamblea General de la ONU
Captura de videoEl termómetro mayor de los argentinos, el Riesgo País, volvió a escena la semana pasada y con fuerza. Los chats de operadores de la city porteña ardieron el viernes en busca de las explicaciones que el mercado siempre reclama cuando necesita encontrar algún punto de equilibrio.
El indicador cerró el viernes en 609 puntos básicos después de tocar un pico de 628 durante la rueda. Fue el valor más alto desde abril y significó un cambio fuerte frente al clima que existía apenas dos meses atrás, cuando Argentina comenzaba a mirar la posibilidad de quebrar hacia abajo el piso de los 400 puntos.
Esta vez, a los conflictos externos que impactaron sobre toda la deuda de países con mayor riesgo se sumaron las causas propias. “Esta es nuestra”, razonaba con amargura un operador de bonos de deuda argentina el viernes. La frase resume buena parte del problema.
Porque la política entró definitivamente en escena y para el mercado, que suele manejar mal esos códigos, nunca es un escenario sencillo. Los operadores pueden calcular tasas, vencimientos, reservas o flujos financieros. Lo que cuesta mucho más incorporar a una planilla es una interna política. Y cuando esos ruidos aparecen, entra también el peor consejero posible para los precios de los activos: la incertidumbre.
En Argentina, además, cuando llega el momento de buscar el origen de los problemas de la economía, casi siempre hay que mirar primero a la política.
Ni siquiera alcanzaron para calmar ese clima las dos votaciones que consiguió el Gobierno esta semana en el Senado. El oficialismo logró aprobar la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, pero la oposición impuso modificaciones sobre el mecanismo de designación y remoción de autoridades. El proyecto obtuvo 46 votos afirmativos y 22 negativos, pero los cambios obligaron a devolver el texto a Diputados.
Las modificaciones abrieron diferencias dentro del propio oficialismo entre la Casa Rosada y Patricia Bullrich sobre cómo resolver ahora el trámite legislativo. La intención del Gobierno sería convalidar en Diputados los cambios introducidos por el Senado, aunque la definición todavía debe ordenarse internamente.
Para el mercado, la discusión no pasó inadvertida
El otro éxito parlamentario del Gobierno, la modificación del régimen de Zona Fría para reducir el alcance de los subsidios al gas, tuvo mucho menos impacto sobre los activos. El Senado convirtió esa reforma en ley, pero la señal fiscal casi pasó de largo frente a un clima dominado por otros interrogantes.
Así se llegó a los 609 puntos de Riesgo País. Desde abril no se veía ese nivel. En julio, en cambio, el escenario era casi el opuesto. Argentina soñaba con perforar el piso de los 400 puntos básicos y dentro del Gobierno comenzaba a aparecer la posibilidad de pensar una salida al mercado durante 2027 para refinanciar vencimientos de deuda.
Ese horizonte ahora quedó más lejos. Está claro que la suba tuvo también motores externos. La Reserva Federal de Estados Unidos elevó un cuarto de punto su tasa de referencia, hasta un rango de 3,75% a 4%, por la persistencia de los riesgos inflacionarios. La decisión golpeó a los bonos de mayor riesgo y complicó especialmente al universo emergente.
Y Argentina, que ni siquiera integra hoy esa categoría de emergente, recibió otra vez un castigo mayor.
A la tasa estadounidense se agregó el petróleo. El Brent se mantuvo alrededor de los US$ 100 en medio de un escenario atravesado por el conflicto con Irán y por las dudas sobre la evolución de la situación internacional. Donald Trump vinculó además el horizonte de una eventual negociación con Teherán con las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre, otro elemento que incorporó incertidumbre al escenario energético y político.
Los costos de la guerra tampoco ayudan. Agregan presión sobre las cuentas estadounidenses en un momento en el que la inflación volvió a colocar a la Fed frente a decisiones más duras.
Pero después aparece lo nuestro. Es decir, los factores propios de la economía argentina y, sobre todo, la política.
Los bonos locales están bajo un castigo diferente. Hasta hace pocas semanas, una parte del mercado había incorporado a sus precios una expectativa fuerte de continuidad del oficialismo. Algunas paridades habían llegado al 94%. Ahora ese esquema comenzó a revisarse. No porque exista una certeza nueva sino justamente por todo lo contrario.
La política apareció en las pantallas como no lo había hecho hasta ahora. Y por eso en los chats de operadores comenzaron a circular preguntas que hace algunos meses tenían menos espacio: “¿Alguien sabe en que esta Patricia realmente?” o “falta demasiado tiempo para las elecciones”.
Los datos de la economía real aportaron poco alivio.
El EMAE de julio volvió a mostrar una economía que se mueve a dos velocidades. Mientras pesca y minería lideraron el crecimiento interanual, la construcción cayó 3,3% frente a julio de 2025 y la industria y el comercio retrocedieron alrededor de 5%. El nivel general de actividad bajó 1,4% interanual y registró una caída desestacionalizada de 2,9% frente a junio. El acumulado de los primeros siete meses, de acuerdo con el material, todavía conserva una mejora de 1,7% frente al mismo período del año anterior.
A eso se sumaron señales que ya llegaron directamente a los bolsillos.
El precio de la carne registró una suba del orden del 10% y los combustibles comenzaron a aumentar. YPF mantuvo el esquema de buffer y aplicó un ajuste menor, mientras que las compañías privadas realizaron incrementos superiores. La petrolera estatal anunció un aumento promedio del 1%, por debajo de sus principales competidores.
La contracara aparece en otro dato que también sigue con atención el mercado: la imagen de Javier Milei.
Las distintas mediciones de septiembre ubican su valoración positiva alrededor de la franja mencionada en el material. La encuesta de la Universidad de San Andrés registró 33% y otra medición de RDT la ubicó en 35%. Son estudios diferentes y con metodologías propias, por lo que no resultan directamente comparables, pero muestran que el Presidente conserva un núcleo de respaldo en ese rango.
Para La Libertad Avanza, ese número todavía no representa por sí mismo una señal de alarma si se considera el desgaste habitual de una administración a esta altura de la gestión.
La incógnita es otra: cómo evolucionará ese escenario durante el año próximo. Y ahí el mercado vuelve inevitablemente al punto de partida.
La economía puede mostrar equilibrios, el Congreso puede entregar victorias y el escenario internacional puede aflojar o complicarse. Pero cuando empiezan a aparecer dudas sobre quién controla la política, quién ordena al oficialismo y cómo se procesarán las tensiones hacia 2027, los bonos hacen rápidamente su propia lectura.
La semana pasada esa lectura quedó escrita en un número: 609 puntos de Riesgo País. Y detrás de ese número reapareció una vieja regla argentina: al final, otra vez, la política es la que manda.


