Qué se esconde detrás del boom con el precio del oro
El rally del metal amarillo sigue encandilando al mercado que ahora proyecta precios de 4.000 dólares la onza. ¿Cuál sería el factor determinante?
"La incertidumbre económica o los riesgos geopolíticos han sido un catalizador para el oro".
El aumento del precio del oro es una gran noticia para los inversores en metales preciosos, sin embargo, para los expertos el aumento del metal amarillo hacia los 4.000 dólares por onza también revela un grado de ansiedad económica y geopolítica no visto desde finales de la década de 1970. Por lo pronto, el oro sigue brillando y deslumbrando al mercado tras romper la barrera de los 3.700 dólares por onza.
La incertidumbre económica o los riesgos geopolíticos han sido un catalizador para el metal precioso y le han permitido renovar máximos históricos una y otra vez. Pero los inversores ahora se cuestionan si todavía tiene resto este recorrido alcista para alcanzar los 4.000 dólares.
En el emblemático banco estadounidense y uno de los más grandes de Wall Street, el Bank of America (BofA), los expertos creen que sí y recurren a la experiencia histórica para recordar que, desde 2001, el oro nunca ha caído en un escenario en el que el IPC estadounidense supera el 2% y la Reserva Federal (Fed) esté flexibilizando la política monetaria.
Explican que incluso, si se ignora la crisis financiera mundial, el oro ha tenido una rentabilidad anual de alrededor del 13% durante la llamada flexibilización inflacionaria. Por tal motivo siguen manteniendo su pronóstico de 4.000 dólares por onza para 2026. Para estos analistas, después del tan ansiado recorte de tasas de interés de la Fed, quedó claro que el banco central de EE.UU. prioriza la debilidad del mercado laboral frente a la inflación.
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Por ende, sostienen que, la preocupación por la estanflación, que suele ser alcista para el oro, sigue siendo un foco de atención para los participantes del mercado de metales preciosos.
Sin embargo, el hecho de que el oro haya superado a otros metales como el cobre en los últimos 25 años no significa necesariamente que el metal rojo esté rezagado, sino más bien, refuerza la popularidad del oro, destacan en el BofA. Además, si se mira más allá de la inflación, los expertos del banco ponen el foco en que existen una serie de contracorrientes macroeconómicas, en tal sentido, remarcan, que el metal amarillo también ha reaccionado a la inquietud sobre las difíciles perspectivas fiscales y el aumento de la carga de la deuda en muchos mercados desarrollados y emergentes.
A esto se suma la preocupación por la independencia de la Fed que también ha incentivado las compras de oro. En consecuencia, el metal amarillo ha alcanzado un máximo histórico, incluso cuando las tasas de interés de los bonos del Tesoro a 30 años se han acercado al 5% anual.
De esta forma, y fuertemente influenciados por este contexto macroeconómico, los bancos centrales siguen aumentando su exposición al oro. Un dato no menor: las autoridades monetarias del mundo ahora poseen más oro que bonos del Tesoro de EE.UU., a pesar que su ritmo de compras de oro se ha ralentizado en comparación con el año pasado. Pero no son solo los bancos centrales los que siguen apoyando al metal amarillo porque el monitoreo del BofA sobre los flujos de oro sugiere que las compras agregadas aumentaron un 45% secuencialmente durante a mitad de año.
El impacto de las criptomonedas sobre el precio del oro
Hay otro elemento en juego y son el fenómeno de las criptomonedas. Desde el BofA explican que, del mismo modo, y ante un contexto fiscal incierto, los sistemas de pago globales también están cambiando. Lo señalan en referencia al debate mundial sobre las “stablecoins”, por lo que el oro podría beneficiarse como garantía, aunque el dólar ha sido hasta ahora más popular.
Es más, junto con la disminución de la participación de los activos en dólares en las carteras de reserva de los bancos centrales, las monedas digitales cobran mayor importancia. En relación con esto destacan los esfuerzos por consolidar el papel del dólar como ancla global a través de las “stablecoins”, en contraposición a la sustitución de la moneda estadounidense por el oro, por ejemplo, en los bancos centrales. ¿Qué dicen? Si bien las “stablecoins” ofrecen diversas ventajas, existen interrogantes sobre su impacto en los mercados financieros y la eficiencia de la política monetaria; además el impulso para respaldar las criptomonedas con bonos del Tesoro de EE.UU., desde la perspectiva del mercado del oro es, en última instancia, un factor de apoyo, a menos que disminuyan las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la política económica estadounidense.
Desde esta perspectiva, en BofA inciden en que, a menos que se recupere la confianza en la política económica estadounidense, esto tiene una serie de implicaciones para el mercado del oro. Por un lado, explican, existe el riesgo de que el oro continúe beneficiándose de los flujos que diversifican las tenencias de dólares y, por otro, a menos que mejore el contexto fiscal, estas medidas no resolverán las preocupaciones sobre la falta de sostenibilidad fiscal. Por lo tanto, la demanda de oro podría persistir.
Claro que, para otros expertos del mercado de metales, y en particular del oro, advierten que el metal precioso no solo está subiendo, sino que está abriendo un camino que se siente a la vez histórico y desconcertante. La última suba de los precios deja más clara la barrera de los 4.000 dólares por onza y prolonga una racha que ahora ve al metal subir un 45% este año. Estos analistas, aunque también son alcistas, remarcan que el oro ha superado su antiguo máximo ajustado a la inflación de 1980, superando cualquier resistencia psicológica y adentrándose en territorio desconocido.