Por qué el talento en las pymes debe ser un asunto público
Las pymes sostienen gran parte del empleo privado y necesitan políticas que conecten formación, jóvenes y desarrollo productivo.
Cada vez que en la Argentina se habla de “atraer talento”, la conversación suele mirar hacia las grandes empresas.
Archivo.Cada vez que en la Argentina se habla de “atraer talento ”, la conversación suele mirar hacia las grandes empresas, las multinacionales o el sector tecnológico más visible. Es entendible: tienen marca, presupuesto, áreas de recursos humanos sofisticadas y capacidad de instalarse en el imaginario aspiracional de los jóvenes. Pero hay una omisión estructural en ese enfoque: la mayor parte del empleo privado no está en las grandes compañías, sino en las pymes.
Entonces, ¿debe el vínculo entre talento y pymes ser tratado como un problema privado de cada empresa o como un asunto público? No es una exageración. Es un dato. En la Argentina, las micro, pequeñas y medianas empresas representan más del 99% del total de las firmas y explican alrededor de seis de cada diez empleos privados formales, según registros oficiales. Es decir: cuando una pyme no logra atraer, formar o fidelizar personas, no estamos frente a una dificultad aislada. Estamos frente a una falla sistémica que afecta el empleo, la productividad, la innovación, la formalidad laboral y el desarrollo territorial.
Las Pymes representan 6 de cada 10 empleos
Dicho de otro modo: si las Pymes concentran una parte tan decisiva del trabajo argentino y el talento sólo mira a las grandes empresas, ¿qué partido quieren jugar las pymes? ¿Y qué rol debe asumir el Estado en favorecer la conexión entre ambos mundos? La primera razón es económica. Una pyme sin talento suficiente vende, innova y exporta menos. Y sobrevive peor. Y en la Argentina, donde la mortalidad empresarial es alta y la macroeconomía castiga con especial dureza a las firmas chicas, esa fragilidad se vuelve crítica. La demografía empresarial oficial muestra, según los años y los sectores, tasas de salida empresaria significativas. En paralelo, la evidencia internacional de OCDE indica que, en promedio, solo alrededor de la mitad de las empresas empleadoras logra sobrevivir cinco años. En contextos inestables, esa fragilidad se potencia. Por eso, cada pyme que no consigue talento no solo pierde competitividad: también aumenta su riesgo de desaparecer.
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La segunda razón es social y territorial. Las pymes no están distribuidas donde está de moda mirar, sino donde vive la gente. Sostienen empleo en ciudades intermedias, en parques industriales, en cadenas de valor regionales, en economías locales que no salen en la tapa de los diarios. Muchas veces son, además, el primer empleo formal de miles de personas. Cuando una pyme no encuentra talento, el problema no termina en esa empresa: impacta sobre la comunidad, sobre los proveedores, sobre las familias y sobre las posibilidades de arraigo.
Sostienen empleo en ciudades intermedias
La tercera razón es que aquí existe una falla de coordinación evidente. Las Pymes necesitan talento; los talentos necesitan oportunidades; pero entre ambos mundos hay desconocimiento mutuo. Las grandes empresas compiten con ventaja porque son visibles y han desarrollado una cultura de atracción del talento, entre otros factores. Las pymes, en cambio, suelen ofrecer aprendizaje real, cercanía con la decisión, polivalencia, velocidad y sentido de impacto, pero no logran comunicarlo. No tienen una marca empleadora consolidada, no llegan con facilidad a escuelas, institutos o universidades, y muchas veces tampoco cuentan con herramientas para profesionalizar sus búsquedas. Esa distancia no se corrige sola. ¿Requieren las pymes de una política pública que aliente esa conexión? Ahí es donde conviene mirar experiencias internacionales, no para copiarlas mecánicamente, sino para aprender una lección institucional: cuando el Estado asume que conectar talento con pymes es una política de desarrollo, los resultados mejoran.
Alemania es un caso clásico. Su tejido del Mittelstand —el universo de pequeñas y medianas empresas que estructura buena parte de su economía— representa más del 99% de las empresas y alrededor del 55% del empleo, de acuerdo con datos del Ministerio Federal de Economía y Protección del Clima y del IfM Bonn. Pero el punto decisivo no es solo ese peso cuantitativo: es la forma en que el sistema público lo acompaña. El modelo de formación dual alemán articula escuelas, empresas, cámaras empresarias y Estado para que miles de jóvenes ingresen al mundo productivo a través de trayectos formativos que combinan aprendizaje teórico y práctica laboral. Las pymes no quedan solas buscando talento en el mercado; existe una arquitectura institucional que reduce costos de búsqueda, mejora la información disponible y alinea formación con demanda real. También, hay que decirlo, hay un factor costumbrista. El ADN de los jóvenes alemanes sugiere trabajar en Pymes es parte de su cultura. Y es lógico que la estabilidad macroeconómica y la proyección de las empresas tenga mucho que explicar en esa vocación.
Sería ingenuo ignorar las diferencias
Alemania opera sobre una macroeconomía mucho más estable, con moneda fuerte, crédito más profundo, menor inflación y mayor previsibilidad regulatoria. La Argentina no dispone hoy de ese entorno. Sus Pymes conviven con presión tributaria compleja, costos financieros altos e incertidumbre crónica. La discusión, entonces, no es si el Estado debe reemplazar a las empresas en la gestión del talento. No. La discusión es si debe o no crear las condiciones para que esa conexión ocurra mejor. Y la respuesta debería ser sí. ¿Cómo? Con políticas concretas: orientación vocacional y productiva en la escuela secundaria con foco pyme; sistemas de prácticas y aprendizajes simplificados y masivos; incentivos a la contratación de jóvenes y perfiles estratégicos; observatorios territoriales de habilidades; plataformas públicas de vinculación entre estudiantes, institutos técnicos, universidades y Pymes; y programas que ayuden a las pequeñas empresas a profesionalizar su propuesta de valor como empleadoras.
Las Pymes conviven con presión tributaria compleja
La Argentina necesita discutir talento con menos glamour y más estructura productiva. Porque cuando una gran empresa no cubre una vacante, se resiente una organización. Pero cuando miles de Pymes no logran atraer personas, se resiente el país. Por eso el talento en las Pymes debe ser un asunto público: no por romanticismo pyme, sino por realismo económico. Allí donde trabajan millones de argentinos, allí donde se juega buena parte de la productividad y del desarrollo federal, allí también debe estar la política pública.
* Pablo Orcinoli, autor de Desconectados.