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Por qué el "Gurú del oro" anticipa que llegará a US$ 10.000 y qué pronostica para Argentina

El economista español Gustavo Martínez estuvo en Argentina y charló con MDZ Online acerca de la situación de los metales preciosos, entre otros temas.


En un escenario global atravesado por tensiones geopolíticas, inflación persistente y crecientes desequilibrios fiscales, una voz como la de Gustavo Martínez se consolida como una referencia para interpretar el comportamiento del sistema financiero y algunos de los activos que más popularidad han alcanzado: los metales preciosos.

Economista español, asesor de inversiones y especialista en oro, ha construido una tesis que desafía el consenso: el modelo basado en monedas fíat enfrenta tensiones estructurales que podrían redefinir el valor del dinero en los próximos años. Su perfil ganó notoriedad tras anticipar subas significativas en el precio de este activo, lo que le valió el apodo de “gurú del oro” dentro del mundo financiero.

Sus proyecciones -como la posibilidad de que el oro alcance los US$10.000 hacia el final de la década- se apoyan en un diagnóstico que se basa en la deuda global creciente, emisión monetaria sostenida y pérdida de confianza en las monedas tradicionales. De eso habló durante su visita a Argentina en una entrevista con MDZ Online.

El experto explicó por qué considera que el oro puede superar su pronóstico y cuáles son sus motivos para afirmar que estamos atravesando “el tercer gran ciclo”. También puso el foco en el desarrollo minero (durante estos días estuvo recorriendo la Mina Gualcamayo, en San Juan) y el potencial que tiene Argentina para convertirse un referente mundial en la explotación, no solo de oro.

Gustavo MArtinez

-Quisiera comenzar por el escenario bélico y su impacto en los metales. ¿Cómo interpreta este comportamiento del mercado y por qué difiere de otros ciclos?

-Creo que aquí hay un punto clave: no estamos ante un problema de incertidumbre, y eso es lo que mucha gente no ha sabido interpretar. Se ha instalado la idea de que una guerra debería impulsar automáticamente al oro, pero eso no siempre es así.

El oro protege frente a la incertidumbre, pero en este caso el mercado ha tenido bastante claro desde el inicio que el conflicto estaba acotado, fundamentalmente a Irán, Israel y Estados Unidos. En el momento en que ese perímetro queda definido, la incertidumbre desaparece.

Entonces, ¿qué aparece? Aparece el problema del petróleo. Con precios por encima de los 100 dólares por barril, lo que se genera es una necesidad adicional de dólares a nivel global. Todo se paga en dólares, y si las materias primas suben un 30% o 40%, necesitas ese mismo porcentaje adicional de liquidez.

Esa liquidez se obtiene vendiendo activos líquidos que han tenido buen desempeño, como el oro o la plata. Por eso lo que hemos visto es una corrección coyuntural, no un cambio estructural en la tesis.

-En ese sentido, ¿en qué etapa del ciclo ubica hoy a los metales?

-Estamos, en mi opinión, en el tercer gran ciclo del oro. El primero arranca en 1971 y culmina en 1980, con una subida de 35 a 850 dólares. Ahora bien, ese ciclo no fue lineal: tuvo caídas del 30% o más en varias ocasiones.

Esto es importante entenderlo: los grandes ciclos siempre tienen correcciones profundas. La actual es llamativa porque ha sido muy rápida -una caída superior al 12% en una semana-, algo que no veíamos desde principios de los años 80. Pero también venimos de una subida muy intensa. Cuando la tesis del oro se ve cuestionada en el corto plazo, una parte del mercado -especialmente los inversores que llegaron tarde- reacciona vendiendo. Eso es normal dentro de un ciclo alcista de largo plazo.

-Usted ha proyectado precios cercanos a los US$ 10.000 hacia 2030. ¿Cuál es el fundamento de esa estimación?

-Es bastante sencillo si se analiza con perspectiva. El oro ha crecido aproximadamente un 12% anual desde el año 2000. Si ese ritmo se incrementa ligeramente en un contexto mucho más tensionado, los niveles de US$ 10.000 no son en absoluto descabellados.

Estamos en un entorno de deuda global muy elevada, déficits estructurales, inflación persistente, pérdida de confianza en las monedas y tensiones geopolíticas. Además, estamos asistiendo a un cambio de paradigma monetario.

En ese contexto, el oro, que ha demostrado durante milenios ser un activo de preservación de valor, debería seguir revalorizándose. No hace falta hacer supuestos extraordinarios para llegar a esas cifras.

lingotes de oro 8

-¿Sigue recomendando posicionarse en oro en este contexto?

-Absolutamente. Yo diría que estamos aproximadamente en la mitad del ciclo. Vender oro en este punto sería, en términos gráficos, como desprenderse del paracaídas en mitad de la caída. El riesgo no es menor. Creo que en los próximos años vamos a ver una intensificación de mecanismos de transferencia de riqueza desde el sector privado hacia el sector público, fundamentalmente vía inflación. Por tanto, tener activos que protejan frente a ese proceso no es una opción, es una necesidad.

- En Argentina se ha ampliado el acceso a instrumentos de inversión, incluidos activos vinculados a metales. ¿Cómo evalúa este fenómeno?

-Es muy positivo, pero además creo que es imprescindible. La inversión no es algo opcional para quien quiera preservar su poder adquisitivo. El ahorro, por sí solo, no es suficiente. Sin inversión, el ahorro se erosiona inevitablemente por la inflación. Por eso es fundamental canalizarlo hacia activos reales: acciones, real estate, materias primas.

Todo lo que no esté denominado en moneda fiat tiende a comportarse mejor en entornos inflacionarios. La educación financiera, en este sentido, marca una diferencia estructural entre quienes protegen su patrimonio y quienes no.

-Pasando al plano productivo, ¿qué rol le asigna a Argentina como productor de oro?

-Argentina tiene un potencial extraordinario. Yo suelo utilizar una analogía: es como un Ferrari que ha estado muchos años detenido y que ahora vuelve a ponerse en marcha. Cuando existen condiciones de respeto por la propiedad privada y cierta previsibilidad, el capital fluye. Y cuando ese capital se dirige a un país con los recursos naturales de Argentina, el resultado puede ser muy potente. No es un proceso inmediato, pero sí es acumulativo. Si las condiciones se sostienen en el tiempo, el desarrollo puede ser muy significativo.

-¿Y en particular proyectos como Gualcamayo y su segunda etapa de Carbonatos Profundos?

-Son un ejemplo muy claro de ese potencial. Siempre hacen falta dos elementos: el recurso y el empresario que esté dispuesto a asumir el riesgo. Cuando eso se combina, el valor generado puede ser exponencial. Gualcamayo es, en ese sentido, una muestra de lo que puede replicarse en otras regiones del país.

Si el marco regulatorio acompaña, este tipo de desarrollos no van a ser una excepción, sino la norma.

gualcamayo mina mineria

-Para cerrar, ¿cómo analiza el caso de la plata, considerando su doble rol financiero e industrial?

-La plata tiene una dinámica más compleja que el oro. El oro es el activo de referencia; la plata tiende a acompañarlo, pero con mayor volatilidad. Hay un punto clave, aproximadamente el 60% de la demanda de plata es industrial. Eso la hace más sensible al ciclo económico. En un escenario de desaceleración, esa demanda puede resentirse.

Ahora bien, también tiene un componente financiero relevante. En contextos donde el oro lidera, la plata puede amplificar ese movimiento. Por eso digo que tiene un doble perfil: mayor riesgo, pero también mayor potencial. Esa volatilidad juega en ambos sentidos. En un escenario favorable, la plata puede tener un recorrido porcentual incluso superior al del oro.