La vitivinicultura sigue siendo la peor de las economías regionales argentinas
La cadena acumula 41 meses consecutivos en rojo y registra indicadores críticos en los meses relevados por Coninagro durante los últimos ocho años.
La vitivinicultura argentina acumula más de tres años consecutivos con números en rojo.
Santiago Tagua/MDZ
La crisis de la vitivinicultura argentina lejos está de encontrar un punto de inflexión. El último Semáforo de Economías Regionales de Coninagro, correspondiente a junio de 2026, volvió a ubicar al vino y al mosto en color rojo y confirmó a la actividad como una de las cadenas productivas con mayor persistencia de dificultades dentro del entramado agroindustrial argentino.
El dato más contundente aparece al mirar la evolución histórica. De las 19 economías regionales analizadas por la entidad, la vitivinicultura es la que pasó una mayor proporción del período en situación crítica: registró indicadores en rojo durante más del 72% de los meses relevados en los últimos ocho años. Además, acumula 41 meses consecutivos en rojo, desde enero de 2023 hasta junio de 2026. Son más de tres años continuos sin lograr salir de la zona considerada crítica.

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El problema no se explica por un único factor. El semáforo de Coninagro evalúa tres dimensiones: negocio, producción y mercado. En el caso de la vitivinicultura, los tres componentes muestran señales que dificultan una recuperación sostenida.
Cuál es el principal problema
El deterioro más fuerte aparece en el componente de negocio. En junio, el precio promedio pagado al productor fue de $255 por litro, lo que implicó una caída interanual del 30%. Pero la comparación se vuelve todavía más significativa cuando se analiza el valor a precios constantes: el promedio histórico de los últimos años se ubica alrededor de $763 por litro, por lo que el precio actual permanece muy por debajo de ese nivel.
El escenario refleja una de las principales dificultades que atraviesa actualmente la cadena: mientras los costos productivos continúan presionando sobre las estructuras de las fincas y las bodegas, el productor enfrenta un precio que perdió terreno en términos reales.
La situación tampoco es exclusiva del vino. Coninagro señala que, en la mayoría de las actividades que permanecen en rojo, el problema central está justamente en el componente de negocio: los precios recibidos por los productores se mantienen estancados o crecen por debajo de la inflación y de los costos operativos. Cuando esta situación se prolonga, termina afectando también a los indicadores productivos y de mercado.
Menos hectáreas y menor cosecha
El deterioro económico también comienza a reflejarse en la estructura productiva. El área destinada a la vitivinicultura se ubicó en 196.000 hectáreas, un 2% menos que el período previo, cuando alcanzaba las 200.000 hectáreas.
A esto se suma el resultado de la vendimia 2026. La producción alcanzó 18,4 millones de toneladas, con una caída del 7% respecto de la campaña anterior. De esta manera, la actividad combina menores niveles productivos con una situación de precios que permanece muy alejada de sus valores históricos.
El mercado interno tampoco ayuda
La demanda doméstica completa el cuadro negativo. Para 2026, Coninagro proyectó un consumo interno de 14,8 litros por habitante al año, lo que representa una disminución del 8% respecto de los 16,1 litros registrados el año anterior.
El dato es particularmente relevante para una industria que enfrenta simultáneamente una pérdida de poder de compra del consumidor y dificultades para recomponer los ingresos en el primer eslabón de la cadena.
La participación del productor en el precio final también evidencia el problema. En mayo de 2026, el productor vitivinícola recibió apenas el 13% del precio que paga el consumidor, frente a un promedio histórico del 24%. Es decir, su participación se encuentra 11 puntos porcentuales por debajo de su promedio histórico, la mayor diferencia entre los productos regionales analizados en este indicador junto con la yerba mate, que registra una brecha de nueve puntos.
Exportar más no alcanza
El frente externo tampoco consigue compensar completamente las dificultades internas. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones vitivinícolas alcanzaron US$ 436 millones, cifra que representa el 6% de las exportaciones de las economías regionales cuando se excluye al complejo granario. Sin embargo, el monto quedó 2% por debajo del promedio histórico de los últimos diez años, calculado para el mismo período.
En el relevamiento específico de vino y mosto, Coninagro contabilizó exportaciones por US$ 959 millones en los últimos doce meses, un 5% menos que en el período anterior. Al mismo tiempo, las importaciones llegaron a US$ 40,5 millones, con una suba interanual del 19%.
El resultado es una cadena que continúa siendo relevante para la generación de divisas, pero que no logra transformar esa inserción externa en una mejora suficiente de las condiciones económicas de sus productores.


