La transformación digital no es para todos: ¿por qué la mayoría de las empresas no cambian demasiado?
Incorporar Inteligencia Artificial o sistemas no alcanza: sin procesos de transformación, cultura de cambio y estrategia, la tecnología no genera valor real.
Transformar es rediseñar cómo opera la empresa haciendo uso de tecnología.
Archivo.Vengo trabajando con muchos directivos y dueños de empresas, colaborando en la transformación de sus negocios mediante la incorporación de tecnología de la información y, en forma más frecuente que lo deseable, encuentro un patrón inquietante que me gustaría que tratemos en esta columna, para llevar algo de claridad en las expectativas alrededor de la tecnología.
La mayoría de las empresas empieza por el lugar equivocado, piensa en la Inteligencia Artificial solamente como una herramienta para eficientizar tareas o reducir costos (principalmente gente), o incorpora tecnologías puntuales para resolver problemas aislados, sin construir una estrategia de tecnología de la información que genere verdaderos diferenciales competitivos en el largo plazo.
Nuevos desafíos
En general, las empresas no se detienen a planificar cuál debería ser su roadmap tecnológico de mediano plazo, alineado con la evolución del negocio ni con la capacidad de la organización para adaptarse y adoptar esos cambios. Sin embargo, es posible identificar las problemáticas clave y, a partir de ahí, construir una planificación estratégica que eleve el nivel de ejecución, habilitando información de calidad para una toma de decisiones más distribuida y efectiva.
Esto no se resuelve solo identificando tecnología. El verdadero desafío es cómo los procesos y la cultura organizacional acompañan esa evolución. No significa que transformar el negocio con tecnología sea un camino necesariamente largo o tedioso. Pero tampoco es, y esto es importante, comprar una “solución milagrosa” esperando que todo cambie de un día para el otro.
La cruda realidad
Eso no sucede. Un vendedor con 10 años de antigüedad no deja de despachar pedidos y pasa automáticamente a vender valor, solo porque incorporaste una herramienta. Un área de posventa no mejora su NPS (recomendación) simplemente por sumar un bot de atención.
La tecnología puede habilitar el cambio. Pero no lo ejecuta. El verdadero impacto ocurre cuando los procesos se rediseñan y las personas cambian la forma en la que trabajan. Ahí es donde la tecnología deja de ser una promesa y se convierte en resultado.
Si realmente queremos construir una ventaja competitiva duradera —y no sólo una mejora pasajera y fácilmente replicable— tenemos que hacer las cosas de manera diferente. Y para eso, no hay atajos.
Hoy cualquiera puede implementar un bot, incorporar un agente de IA o sumar un módulo de un ERP. La tecnología se volvió accesible. Lo difícil no es adquirirla. Lo difícil es hacer que genere valor. Pocas empresas logran transformar esa tecnología en resultados medibles, en una ventaja real en el mercado y en una cultura interna que atraiga y potencie al mejor talento. Y eso, que siempre fue importante, hoy se vuelve determinante.
La raíz del problema
¿Por qué el problema no es tecnológico? Distintos estudios coinciden en algo aún más incómodo: más del 80% de los fracasos en transformación digital tienen causas culturales, no tecnológicas. Las empresas no fallan por falta de tecnología, fallan por cómo trabajan.
Van directo a la herramienta sin entender si es la herramienta adecuada para mi organización, sin comprender del todo el problema de fondo ni preparar a la organización para adoptarla. Es como poner una venda sin limpiar la herida… y después culpar a la venda porque empeoró.
Lo vemos muy a menudo en nuestra actividad diaria trabajando con diferentes problemáticas, empresas con:
- ERPs que no reflejan la realidad porque sigue habiendo procesos que van por fuera.
- Datos abundantes pero fragmentados sin que tengan una utilidad clara.
- Procesos que siguen dependiendo de Excel, mails o WhatsApp o del conocimiento de una persona en particular y no de la estructura en general.
- Decisiones que se toman “por experiencia” o jerarquía de manera centralizada sin posibilidad de abrirlas confiando en el criterio apoyado fuertemente por información.
Otro dato lo confirma: solo alrededor del 30% de las empresas afirma tomar decisiones basadas en datos. El resto, prácticamente, decide como siempre decidió.
- Con intuición.
- Con urgencia.
- Con lo que “parece lógico”.
- Con experiencia
- Con la jerarquía
Y acá aparece el gran problema: la tecnología, en lugar de ordenar, termina amplificando la mala dinámica y obtenemos ahora una toma de decisiones y una operación tecnológicamente desordenada que lo único que hace es que la inversión realizada termine, no sólo desaprovechada, sino como la culpable de empeorar las cosas.
Vemos constantemente empresas que invierten millones en sistemas de información o herramientas tecnológicas pero siguen sin saber:
- Cuál es su margen real.
- Qué clientes son rentables.
- Qué productos son los más convenientes.
- Dónde están perdiendo dinero.
- Qué hace su competencia.
- Qué dicen sus clientes.
- Cuál el punto de equilibrio de una producción.
- Cómo puede afectar una decisión mal tomada o ejecutada.
La tecnología puede habilitar el cambio
Por otro parte, incluso cuando la tecnología está, muchas veces no se usa. Se estima que entre el 60% y el 80% de las funcionalidades de un ERP nunca se aprovechan. Es decir, las empresas invierten en capacidades que no transforman en diferenciales de negocios en todo su potencial.
Entonces la pregunta es inevitable, ¿qué está fallando realmente? La respuesta es estructural, las organizaciones intentan “digitalizar” sin transformar:
- Procesos que ya eran ineficientes.
- Culturas que resisten el cambio.
- Modelos de decisión basados en intuición.
- Expresar intenciones de transformación, pero sin conciencia de lo que implica hacerlo o hacerlo a medias.
Y esperando resultados excepcionales. De vuelta, poniendo la venda arriba de la herida infectada. La transformación real empieza con aceptar que el problema no está en las herramientas tecnológicas, sino en cómo funciona la empresa, porque la diferencia entre una empresa que evoluciona y una que no, no está en el software que compra (eso lo puede hacer casi cualquiera).
Está en su capacidad de:
- Ordenar sus procesos.
- Estructurar su información.
- Cambiar su forma de decidir.
- Cambiar la forma de innovar.
- Cambiar la forma de tratar a los clientes.
- Crear diferenciales competitivos duraderos.
La tecnología potencia, no transforma
Transformar es rediseñar cómo opera la empresa haciendo uso de tecnología. Cualquier solución puntual se puede copiar. La ventaja real, no. Al fin y al cabo no se trata de implementar tecnología, se trata de construir una organización que la use mejor que el resto. Ahí es donde se define quién perdura y quién no. Entonces, mi pregunta no es si vas a invertir en tecnología. Es un poco más incómoda.
¿Tu empresa está preparada para dejar de operar como siempre y trascender?
* Fernando Freytes. Ingeniero en Informática, CEO & Co-founder de Qaliqay Business Partners.