La economía versión Francella: el plan de Luis Caputo para juntar dólares
Con una estrategia de acumulación gradual, el Gobierno intenta construir un “canuto” de divisas en el mercado local para afrontar los pagos de deuda en dólares del segundo semestre.
Luis Caputo en el último Foro de Inversiones celebrado en Mendoza.
Alf Ponce Mercado / MDZLuis Caputo dio ayer el segundo paso en su estrategia “Guillermo Francella”. Si se recuerda el mensaje que el actor argentino hizo en la serie “El Encargado”, donde mostraba que su personaje Eliseo aplicaba su sistema de ahorro peso por peso, “uno arriba del otro”, el ministro de Economía aplica la misma idea para juntar los U$S 2.100 millones necesarios para completar el pago de los US$4.200 millones el 9 de julio y cerrar así el ejercicio 2026 de pago de deuda en divisas.
Caputo colocó ayer la segunda tanda de los títulos públicos Bonar 2027, por un total de US$150 millones, que, sumados a los 250 millones de dólares conseguidos en la operación de la última semana de febrero, cuando se lanzó la primera tanda de este instrumento financiero, alcanzan ya unos US$400 millones.
Faltarían conseguir, para completar “el canuto”, unos US$1.700 millones para cumplir con el pago de julio; dinero que, a este ritmo de colocaciones mensuales, se cerraría en tiempo y forma. No es poco en un mercado internacional atravesado por incertidumbres, en medio del conflicto en Medio Oriente.
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Todo lo obtenido en las dos licitaciones ya concretadas de Bonar 2027, y las que vengan hacia adelante, irá a una cuenta específica para el pago de los bonos Bonares y Globales emitidos durante el gobierno de Alberto Fernández, en la última reestructuración de deuda ejecutada durante la gestión de Martín Guzmán.
Según las cuentas básicas del mercado financiero, el Tesoro ya dispone de algo más de 2.000 millones de dólares para ese pago, con lo que debería conseguir unos US$2.300 millones más para cubrir el dinero a liquidar el 9 de julio y despejar así las dudas que caen sobre la economía financiera del segundo semestre.
La colocación del pasado jueves podría ser así el primer paso, de varios más, para que Luis Caputo pueda tomar el dinero faltante del propio mercado local de dólares, sin recurrir a la colocación de deuda internacional, algo complejo aún para la Argentina, con un riesgo país que supera los 500 puntos básicos.
Para tener en cuenta el panorama internacional, Paraguay colocó también ayer deuda por unos US$1.000 millones, a una tasa de interés del 8% anual, siendo investment grade. Esto quiere decir que hoy Argentina pagaría tasas de dos dígitos. Un imposible.
Por esto cobra vida la especulación de profundizar y acelerar el camino que abrió Caputo con el lanzamiento exitoso del Bonar 2027, fundamentalmente por las características del bono y la evidente aceptación del mercado al experimento.
¿Cómo funciona este bono?
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Paga un 6% anual en dólares.
Los intereses se cobran todos los meses.
Devuelve todo el capital al final (octubre de 2027).
Tiene una duración aproximada de 20 meses.
Se trata de un papel que genera un ingreso mensual en dólares, liquidado cada 30 días en cuentas comitentes de los particulares tenedores de la deuda, con lo que resulta un instrumento estable en el tiempo y previsible en el cumplimiento.
El vencimiento cae justo en el mes de elecciones presidenciales, cuando se deberá elegir al sucesor de Javier Milei (o su continuidad), por lo que se considera de cobro garantizado. Nadie puede pensar en un impago de esta deuda justo en los días en que el propio mandatario se juega su continuidad.
Se estima que será un bono de mantenimiento en cuenta, por lo que habrá un mercado muy acotado de oferta, lo que probablemente haga que tenga precio de corte alto al cotizar. Con ello se presume que será de ganancia estable y cobro de renta fija mensual.
Esto convierte al título en una opción más conservadora y en una apuesta poco atractiva para la compra y venta de bonos en el mercado de capitales.
Si bien la rentabilidad es inferior al resto de la deuda argentina emitida en los mercados (una ganancia que ronda entre el 7,5% y el 9% anual), se estima que tendrá una alta demanda, al comparar la vida útil del Bonar (20 meses) con el resto de la deuda que tiene vencimientos desde 2030 en adelante.
En definitiva, será un bono más estable, menos volátil, con poca oferta y adecuado para perfiles conservadores. Se trata de un bono con rentabilidad baja, pero de cobro seguro y con rendimiento superior a un alquiler en dólares.
No es apto para inversores especulativos ni para quienes esperan un salto importante en la economía argentina y en los mercados financieros, donde las rentabilidades en dólares podrían dispararse.
¿Para quién puede ser adecuado?
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Inversores que priorizan ingresos mensuales en dólares.
Perfiles conservadores.
Carteras de inversión que buscan estabilidad más que especulación.
No es la mejor alternativa si el objetivo es apostar a una suba fuerte de los bonos argentinos.
A nivel agregado, la colocación y la probable profundización de las colocaciones del Bonar 2027 implican un riesgo. Seguramente el Ministerio de Economía volverá en marzo de 2026 a concretar operaciones similares, con réplicas de este formato de deuda de vencimiento corto, dado que hay un mercado importante de divisas por conquistar.
En estos tiempos, el total de depósitos en dólares en el sistema financiero local llega a los US$42.000 millones, con rendimientos dentro de los bancos de tasas inferiores al 1% anual.
Esto implica que hay potencial demanda de esta deuda, más teniendo en cuenta que se trata de un bono corto, de cobro seguro y rendimiento mensual.
El cuestionamiento puede surgir por el hecho de que el Gobierno tomará dólares del mercado local, una fuente de divisas que estaba destinada a emprendimientos privados con potencial exportador y de crecimiento.
Si el Estado comienza a competir con los privados por estos dólares, las tasas de interés pueden subir y las empresas con alta capacidad de desarrollo perder la mejor fuente de financiamiento con la que cuentan actualmente, dado que la posibilidad de salir a los mercados internacionales también está complicada para las compañías argentinas, incluso para las vinculadas a Vaca Muerta.
Hay una solución para este potencial cuello de botella: que la Ley de Inocencia Fiscal sea un éxito y que los dólares del colchón comiencen a ingresar a los bancos, billeteras virtuales y fondos de inversión.
No es mucho lo que necesita el Gobierno: con US$1.700 millones que entren al mercado formal, alcanzaría.